El escándalo de la plaza no está en el coso, sino en el despiporre del graderío

Vivimos tiempos de cambio, cambian las costumbres, los modos, las conductas y todo se digitaliza y twitea. Sanfermines se vuelven esnobs a pasos agigantados y hasta parece que el gin-tonic puede ser capaz de desbancar al kalimotxo como combinado rey de las fiestas. Frente a tanta innovación, hay lugares que se resisten a toda modernez y permiten que se siga con las tradiciones, como la Plaza de Toros de Iruñea. No nos referimos con esto a eso de acuchillar a un toro hasta que la espiche, que eso es una costumbre bárbara, sino a la conservación otros elementos medulares de la cultura sanferminera.
La plaza de toros de Iruñea es un lugar donde perviven otro tipo de tradiciones: las culinarias, por ejemplo. Que si el rellenico, que si los cangrejos, que si el estofado de toro o el langostino que flota en sorbete derretido. En la grada se mantiene ese recetario de la amona y el aitona a la par que sus modalidadees deportivas: lanzamiento de relleno, campeonato de puntería con langostino o el clásico «qué te juegas a que llego con el cangrejo hasta el torero».
También atesora la plaza algunas de las mejores bandas sonoras que jamás ha tenido una fiesta y que las txarangas repiten hasta la saciedad. Hablamos de temazos como «La chica yeyé», la canción convertida en mantra de «Sigo siendo el rey» y otras joyas, como el tarareo de la sintonía de conexión con Eurovisión alzando las manos y girándolas al compás del nananá. Eso por no hablar de algunos los temas del mejor grupo parido en esta tierra, como fueron los Huajolotes. Y por supuesto, si una tarde faltara la versión de «No hay tregua» sería tan extraño como si no salieran los toros.
En la arena, poco que contar
Por lo que se refiere a lo que sucedió en la arena, tampoco es que haya mucho que contar. Se lidiaron toros de Dolores Aguirre -mansos hasta decir basta- para Uceda Leal (silencio y pitos), Francisco Marco (silencio en ambos) y Paulita (silencio en los dos).
El tercero, Cubatisto, prometía, pero Paulita no pudo aprovecharlo. En el cuarto, Ucede Leal optó por la vía rápida ante la constatación de que Pitillito era brusco en exceso. El resultado fueron los pitos del respetable.
Francisco Marco intentó agradar. El de Lizarra se esforzó mucho con el segundo, Bilbatero, cayendo de rodillas al final de la faena. Le faltó el estoque para conseguir un apéndice.

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