Pablo CABEZA BILBO
Udate

John Newman se apodera de la tarde entre sol y nubes  

El primer día y las horas más ajustadas al inicio del BBK Live suelen ser las más complicadas. Y por media hora nos tocó el lado más agitado: miles de jóvenes en dirección al cámping, la cola eterna para tomar los autobuses e interrumpiendo el paso de vehículos. La policía municipal con órdenes estrictas a veces sin miramientos. Pero ya estamos en el recinto, compartiendo la ilusión de miles de aficionados que tras pasar al entrada dejan atrás los malos rollos.

Primera hora de la tarde, 17.00 horas. Predominan las nubes sobre el cielo despejado. Veinte grados de temperatura. El viento un poco fresco. Apostaríamos por un chaparrón al final de tarde. La actividad es frenética entre gente, coches, autobuses, microbuses... Todos buscando un destino.

Nada más cruzar la entrada nos recibe la planta de una zapatilla con una cara humana en lo alto. A doscientos metros un puesto cuenta con una larga cola. ¿Para qué es?, preguntamos. Una pareja nos responde que regalan unas zapatillas. Como no sean de esas de esparto, imposible. Aún más cuando la marca es de las de «pijería», que se dice.

Entrar en el recinto supera las penurias y la mayoría amplían su sonrisa al máximo, se abrazan, corren sin saber ni a dónde ni por qué... Se combina la rompa de abrigo con las prendas ligeras de verano. La tarde no promete sudores, aunque en la carpa de Sony, y mientras tocas los vascos Eskean Kristö, el calor es agobiante. Poquita gente aún, pero la presente volcados con ellos y su aguerrido sentido rockero. Buen set en el tiempo que pudimos verles y mucha actitud. Hay camisetas con su nombre y gran ambiente.

En una esquina del recinto hay una pista de skate, tres aficionados, el nivel no da para más, prueban piruetas con el fracaso como constante.

17.30. Es la hora de los que esperan que la gente vaya entrando. Vale con estar y buscar proyección. Más de uno a lo largo del BBK Live ha regresado con hora mejorada. Future of the Left suenan bien, pero, de momento, son lo que son: una buena banda con escasas posibilidades de mejorar.

A las 18.00 pasadas está en escena Parquet Courts, formación de Nueva York con un concepto musical variado: indie rock con rock alternativo y retoques garageros. Las guitarras excitadas y una banda que no recordaré el año que viene.

Media tarde, 19.00 horas. En la carpa Sony actúa Allen Stone, un rubio muy simpático de Chewelah, Washington. Viene con banda a pesar de poder ser considerado un songwriter. Soul y ritmo y blues, entra bien.

A la misma hora en el escenario 2 es el turno para White Lies. Es el primer nombre de la tarde que cuenta con una relativa popularidad. Sin embargo su propuesta nos deja en estado invernal. No les cogemos el punto.

Las previsiones pesimistas respecto al tiempo no se cumplen. El sol sale con fuerza de vez en cuando y parece que el azul surca mares con más fuerza que las nubes. El ambiente general va en aumento: más gente, más pasiones, más mesas ocupadas de bocas hambrientas, Largas charlas y música de fondo desde alguno de los numeroso focos con altavoces.

Hay cola en Skunk..., otra de las marcas del recinto. También regalan algo, pero en la cola no saben qué. Quizá se lo imaginan.

Camino del atardecer, 20.00 horas. En el escenario principal se encuentra John Newman. Viste de negro, lleva una amplia banda y dos coristas. Es el rubio de «Love me again», un éxito en su país, Gran Bretaña y buena parte de Europa, no tanto en EEUU. Newman demuestra que no es artista de una canción. Su show es una maravilla de soul y ritmo y blues. Cuenta, además, con una maravillosa voz. Un completo escenario uno, o casi, se despereza con sus ritmos. A la batería un chiquillo que no sobrepasa los veinte años. Y cómo le pega. Aquí todo el mundo mueve sus posaderas. Desde alguna perspectiva, bien se puede apuntar que fue la hora del comienzo del festival y uno de los mejores momentos de la jornada en previsión.

Continúa la luz. Se ve la noche. Han salido Vetusta Morla. Es una banda competente y gusta, pero su vocalista nos puede. Con todo, el espacio está petado y son miles quienes les siguen con entusiasmo. Entra la noche. La mayoría esperan bailar con Franz Ferdinand. Hará falta, el fresco ha entrado.