Iñaki Sansebastian
GUTUNAK

El ascua y la sardina

En la reciente macro-encuesta participativa catalana una minoría activa, 2,5 millones de ciudadanos, se pronunció con contundencia. Lamentablemente, una amplia mayoría pasiva, unos cuatro millones de ciudadanos, al quedarse en casa nos privó de conocer sus auténticos deseos. En ese punto empieza la ceremonia de la confusión. Es curioso observar cómo cada cual se carga de razones, arrimando el ascua de la abstención a su sardina ideológico-política.

Es normal que el 40% de la población que lo está pasando más o menos mal, para salir adelante en su día a día, no se haya movilizado en una fiesta de este tipo. Desconfían demasiado de la posibilidad de cambio. Por otra parte, tampoco habrán tenido demasiado interés en participar, el 20% situado en el otro extremo. Son los que tienen la mayoría del dinero y no necesitan de los votos para poder seguir haciendo lo que les da la gana. ¿Qué nos queda? El 40% de clases medias que conforman el núcleo más activo de la población. En este conjunto hay de todo. Desde quienes se mueven en la frustración de no poder dar el salto hacia arriba, hasta quienes bordean el peligro de caer en el agujero de las angustias. Todos ellos forman un potente grupo de gente animosa e hiperactiva, que trabaja duro buscando una salida a la situación. Estos son, en mi opinión, la mayoría de los 2,5 millones que no han faltado a la cita para dar su opinión en forma de voto. ¿Cómo es posible que el Gobierno español esté tratando con tanta frivolidad esta cifra? ¿Hasta cuándo van a seguir enrocados en su juego del avestruz?

Cataluña, con su nivel cultural y su equilibrada economía es lo más europeo de la península Ibérica y siempre acabará saliendo adelante. Es España la que, sin Cataluña, es muy poquita cosa. ¿A que está jugando Madrid, siendo como es consciente de no poder destruirla, blandiendo unas leyes con las que jamás podrá seducirla?