Israel: crisis política o crisis de identidad
(...) en ausencia de una constitución propiamente dicha -cuya redacción ha sido evitada por el régimen de Tel Aviv desde 1948, a fin de eludir una definición territorial del país y dar margen, de esa manera, a una expansión a expensas de las naciones árabes que lo rodean-, Israel se rige por una «ley básica», que Netanyahu y sus aliados de ultraderecha pretenden modificar para definirlo como un «Estado nación judío», lo que negaría derechos fundamentales a la cuarta parte de la población, que no es judía (...).
La reforma legal promovida por Netanyahu, que eliminaría el árabe como segunda lengua oficial, choca frontalmente con la idea -promovida por Israel también desde su establecimiento en el antiguo protectorado de Palestina- de una nación democrática, igualitaria y respetuosa de los derechos humanos, y la confirmaría, en cambio, como una entidad confesional, sin diferencia sustancial en este punto con la República Islámica de Irán, y como un Estado segregacionista, como lo fue Sudáfrica hasta 1992.
Aunque en la práctica Israel tiene claros rasgos de teocracia y de régimen de apartheid, la consagración de ellos en el documento legal básico del país sería un acto impresentable que ha ruborizado incluso a los aliados tradicionales de Tel Aviv, empezando por Estados Unidos y la Unión Europea, y ha generado severas críticas entre los sectores democráticos y progresistas del propio Israel. (...)
En el fondo, la crisis política desatada por el empeño del primer ministro en definir legalmente a Israel como Estado excluyente refleja una crisis moral más profunda (...). A la larga, la reiterada negativa de la clase política israelí a aceptar la conformación de un Estado palestino en Gaza, Cisjordania y la Jerusalén oriental -como lo mandan las resoluciones 242 y 338 de la Organización de Naciones Unidas- y de construir un estatuto de convivencia pacífica entre judíos y palestinos ha terminado por exhibir un conflicto de identidad nacional ineludible: o Israel se asume como una democracia moderna, igualitaria y sujeta a un estatuto constitucional, o se decanta por asumir la condición de mero aparato de expansión, opresión y supresión del pueblo palestino. (...)

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