Con «La reconstrucción» el cineasta argentino Juan Taratuto da un giro total a su carrera
Conocido por sus comedias dialogadas típicamente argentinas, Juan Taratuto sorprende al pasarse a un cine contemplativo y lleno de expresivos silencios, más en la línea representada por Lisandro Alonso.

A Juan Taratuto se le conoce por sus comedias dialogadas «No sos vos, soy yo» (2004), «¿Quién dice que es fácil?» (2007) y «Un novio para mi mujer» (2008). Con su cuarto largometraje, «La reconstrucción», ha querido dar un giro total a su carrera, decantándose por un drama contemplativo lleno de reflexiones paisajística y expresivos silencios, que viene a ser todo lo contrario de lo que hacía.
Ha debido de tratarse de una experiencia aislada, porque en su nueva realización, «Papeles al viento», regresa a su género predilecto. Cierto es que el cine argentino más característico es el discursivo, pero el país posee unos escenarios naturales tan impresionantes que lo contemplativo y paisajístico también está presente. Lisandro Alonso, del que recientemente se ha estrenado de forma reducida «Jauja», es su máximo representante. Pero no cabe duda de que quien mejor ha retratado la inmensidad de la Patagonia es Carlos Sorin. Esta inusual propuesta de Taratuto habría que situarla entre los dos cineastas mencionados.
«La Reconstrucción» recibió el premio Fipresci de la crítica internacional en la Seminci de Valladolid, y en el Festival de La Habana fue Diego Peretti quien se llevó el Premio de Mejor Actor. Además de protagonizar la película, Peretti es el coguionista, por lo que ha querido dejar retazos de sí mismo en el personaje, al menos desde el punto de vista de que se trata de una interiorización. No en vano el viaje descrito es el de una búsqueda interior.
Interpreta a un obsesivo ingeniero que trabaja en prospecciones petrolíferas, un tipo solitario que no se relaciona con nadie y lleva una vida de auténtico ermitaño. Duerme en un camastro sobre el suelo, y no se quita los guantes de trabajo ni para comer. Parece querer purgar alguna pena que le quema por dentro. Todo empieza a cambiar durante las vacaciones reglamentarias, en las que viaja desde Río Grande hasta Ushuaia para visitar a un viejo amigo y su familia. Tal vez logre allí llenar el vacío de la pérdida.

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