Amalur ARTOLA DONOSTIA

«Intemperies» lleva a Lourdes Oñederra a «mirarse desde fuera»

Lourdes Oñederra ha optado por traducir ella misma su segunda novela, «Babes bila», que ahora presenta en castellano bajo el título de «Intemperies». Asegura que la tarea no ha resultado fácil, pero asevera que la ha llevado a poder «mirarse desde fuera».

«En `Annie Hall', de Woody Allen, hay una escena en la que ella sale de sí misma y se mira desde fuera. Creo que he hecho eso con mi novela: mirarme desde fuera». Así describe Lourdes Oñederra la sensación que la invade tras traducir al castellano «Babes bila», su segunda novela, que ahora presenta en castellano y con Erein bajo el título de «Intemperies». El relato gira en torno a tres personajes, una niña que no pronuncia palabra tras la muerte de sus padres, un médico aturdido por la rutina que acaba de perder a su pareja y Lucía, una lingüísta que, según la autora, «trata de buscarse a sí misma».

«Me veo muy repartida en estos personajes. Me fascina el ser humano y me gusta la idea de ser la única que puedo mirarme por dentro. Creo que el éxito de mis novelas va un poco por ahí», opina esta autora que, con su primera novela, «Eta emakumeari sugeak esan zion» (1999, Erein), obtuvo el premio Euskadi de Literatura en el año 2000. «En esta novela también se recoge el universo de la primera», detalla al respecto.

Reconoce que el haber traducido ella misma el libro le ha valido para distanciarse del trama de la novela y centrarse en los personajes. «Ha sido una sorpresa -admite-, creo que no me había dado cuenta de todos los rasgos de los personajes hasta volver a leer la novela para su traducción. La manera de funcionar de Lucía es muy mía, no para de dar vueltas a todo. Al releer el libro también me ha llamado la atención lo poco que me han preguntado sobre la relación entre Lucía y la niña... Creo que hay un acercamiento importante entre ellas».

Experiencia positiva

Oñederra cuenta que no le ha resultado nada fácil traducir la novela. «Ha sido complicado, porque estaba trabajando sobre mi propio texto y, además, estaba escribiendo algo que ya había dado por finalizado. Cuando dije que haría yo la traducción sabía que me arrepentiría», admite riendo, aunque reconoce que al final la experiencia ha resultado «positiva y gratificante». Recuerda que cuando tradujeron su primera novela trabajo con las traductoras, pero reconoce que al traducir ella misma su obra ha llevado el proceso «de una manera más consciente. Es difícil elegir la manera de mantenerte fiel a ti misma, porque al traducir siempre cambias algo. También cambia el ritmo lingüístico, el euskara y el castellano son polos en ese aspecto, y todo eso te condiciona mucho a la hora de traducir y decidir si una frase te convence o no».

A ese respecto, admite que ha tenido «un comienzo de tentación» por cambiar algún que otro detalle de la novela. Asegura que no ha caído: «Las propias frases te llevan y, sí, he llegado al escaparate pero sin llegar a hincarle el diente al pastel. He evitado la tentación. Esa ha sido una de las partes más desagradables».

Otro de los temas que la han incomodado a la hora de traducir ha sido el género: «Me he tenido que enfrentar al género, que en euskara tenemos la suerte de no tener... La verdad es que traduciendo lo he pasado mejor como lingüísta que como escritora, porque como escritora lo he pasado mal. Si antes me peleaba con una lengua, ahora me he peleado con dos», reconoce entre risas.

No obstante, asevera que ha intentado «traducirlo en mi castellano», siendo fiel a su estilo y ritmo narrativo. «La traducción no es solo gramática y léxico», asegura. Preguntada por su estilo narrativo, Oñederra recuerda las palabras de Rosa Montero: «En una entrevista, decía que escribía las novelas que le gustaría leer. Yo no creo que sea mi caso; yo escribo lo que puedo. No sé si hay alguna novela que quiero leer, porque las que más te marcan son los que te dejan revuelta y no te apetece releer. No sé cuál sería la novela que quisiera leer», concluye.