
Las diferencias con el proceso vasco son claras, dado que en Euskal Herria avanza desde la unilateralidad. Y contra la voluntad del Gobierno español: Good ha recordado que allí ni siquiera fueron posibles imágenes de la puesta fuera de uso de las armas, que tanto ha despreciado Madrid.
Ante la negativa radical del IRA a permitirlas, ha citado que Londres y Dublin pactaron una ley marco, aceptada por el IRA, para canalizar ese proceso. En la fase final se consensuó además que Good y Reid, referenciales para las dos comunidades enfrentadas, ejercieran de testigos.
Contaron con un blindaje jurídico para ello: «Se nos otorgó la inmunidad, no podían llevarnos delante del juez si nos pillaban». Algo que inevitablemente remite a la decisión de Madrid y París de hacer comparecer ante los tribunales a los verificadores.
Con paciencia y confianza, Good se ha mostrado seguro que los inmovilismos terminan cayendo. Lo ha ejemplificado con numerosos ejemplos de un mismo dirigente: el unionista Ian Paisley, que comenzó refugiándose en el «nunca, nunca, nunca», luego exigió fotos del desarme… pero terminó entrando en el proceso y formando gobierno con el Sinn Féin. Difícilmente podía enfrentarse a un Acuerdo de Viernes Santo que había respaldado el 83% de la población irlandesa.

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