Alberto PRADILLA
ATENAS

«No tenemos nada que perder»

Las gravísimas consecuencias sociales de cinco años de austeridad marcan las perspectivas de los griegos ante el referéndum del domingo. A la campaña del miedo se le suma una extendida sensación de que las cosas no pueden ir a peor o la falta de fe en soluciones. Comercios cerrados y exclusión social son las caras de la devastación en Atenas.

«No tenemos nada que perder». Antonis, que lleva tres años en el paro, resiste el calor sentado en una sombra de la zona portuaria de El Pireo. A su alrededor, el barrio parece el «atrezzo» de una ciudad abandonada. En varias calles no hay local sin su correspondiente cartel de «se alquila». Antes, aquí se ubicaban tiendas de souvenirs, talleres de reparación mecánica o comercios de ropa. No queda nada. La crisis, los recortes y el agujero negro de la austeridad se ha tragado todo rastro de actividad económica. Quedan bajeras vacías, con las cristaleras y el interior llenos de polvo. No se puede analizar el decisivo voto de los griegos sin comprender el pozo en el que se encuentran desde hace cinco años. Con cerca de un 30% de paro y unos servicios públicos desmantelados, la ayuda familiar, o directamente la caridad, es el modo de subsistencia de una parte de la población. Obligados a elegir entre peste y cólera –saben que ninguna de las opciones les depara un camino sencillo–, además del miedo, se impone la convicción de que peor no pueden ir las cosas o el escepticismo.

«Si no hay dinero no se pueden mantener las tiendas», dice Antonis, en camiseta de tirantes, observando su entorno con cara de pena. Antes trabajaba junto a su hermano Yannis en una empresa náutica. Cobraban 3.000 euros al mes. La compañía cerró y los dos se fueron a la calle. Hace un año, su hermano encontró trabajo como repartidor. «Paso 15 horas al día para ganar 500 euros mensuales. ¿Qué iba a hacer si no?», lamenta. Antonis tiene claro que votará «No». Yanis, por el contrario, apostará por el «Sí», porque cree que es la única alternativa con la que garantizarse el exiguo salario que mantiene a su familia y a la de su hermano. «Hay mucha gente desesperada y por eso votarán “No”. Creen que no hay nada que perder. Yo pienso que hay que trabajar duro», dice.

No es difícil seguir el rastro de la devastación provocada por la austeridad en Atenas. En El Pireo, junto al estadio del Olimpiakos, varias familias han montado un campamento en una de las medianas entre las diferentes carreteras que se cruzan. Cuelgan la ropa en cuerdas atadas entre los árboles y se cubren con mantas por la noche, aunque estos días de calor asfixiante no son necesarias. No quieren hablar del referéndum. Les trae sin cuidado. Creen que su situación seguirá igual el lunes. No son los únicos sometidos a un nivel extremo de pobreza. En los alrededores, diversos vehículos son utilizados como «apartamento». Es fácil detectarlos: basta con fijarse en las coladas tendidas junto al coche. Los comedores sociales y las clínicas comunitarias son la solución para quienes han quedado excluidos del sistema.

Camisetas bajo un puente

Aristidis Tsepentzelis vende camisetas bajo un puente junto a la Universidad Panteón. Antes tenía una tienda de rock y ahora sobrevive colocando las prendas que le sobraron cuando tuvo que bajar la persiana. «No era solo subsistencia. Me gustaba», explica, mientras lee un libro de astrofísica junto a camisetas de AC/DC, Iron Maiden y los Beatles. Ha convertido el subterráneo en un comercio. En una pared expone las camisetas, de esas en las que el logo del grupo se come toda la tela. En la otra, libros envejecidos a un euro la unidad. «Aquí ha muerto más gente en los últimos cinco años que en tiempos de Theodoros Kolokotronis (héroe de la guerra de la indepenencia griega, en el siglo XVIII) o durante la Junta Militar». Apela a la épica helena, a los buenos tiempos, aquellos en los que Atenas «sirvió para inspirar a la humanidad». Cree que el actual es un momento de mediocres y culpa una minoría –«los ricos, no los cargos políticos, sino los millonarios»– de estar en el pozo. Ya no cree en nada. Tras cerrar su comercio se mantuvo un tiempo con ahorros. Los fondos se agotaron y ahora mantiene su piso gracias a la ayuda familiar. Si la situación social ya es dramática, es difícil pensar dónde estaría ahora Grecia sin los lazos de sangre que mantienen a flote a miles de personas.

Los bancos dicen que no habrá dinero a partir del lunes. No parece casualidad el anuncio. Al margen de su verosimilitud, se enmarca dentro de una intensa campaña en la que todos los poderes presionan. Eso no quiere decir que la situación no sea límite. Si se mantiene el control de capitales, el colapso estará más cerca. La primera semana se ha aguantado porque muchos griegos tienen más fondos en el colchón que en su sucursal. Pero si el «corralito» se alarga las consecuencas son impredecibles. A pie de calle, sin embargo, se escuchan otras ideas. «Cobro 600 euros y mi mujer 700, que es lo que pagamos por el alquiler. No tengo nada en el banco», dice Dimitris, trabajador del aeropuerto. Como él, muchos griegos creen que el «No» es la dura salida a una situación insostenible.

 

Movilizaciones en Euskal Herria contra la «tutela neocolonial de la troika»

EH Bildu y LAB muestran su solidaridad con el pueblo griego y llaman a movilizarse. La coalición soberanista convoca nuevas movilizaciones mañana, jornada en la que la población griega se pronuncia en referéndum, en municipios como Bilbo –a las 12.30 en el Arriaga– y Plentzia –a las 13.00 en Astillero Plaza–, en contra de «la tutela neocolonial impuesta por la troika».

LAB también rechaza «las amenazas y medidas que impone la troika porque han fracasado» y reivindica la soberanía del pueblo griego para decidir su futuro.GARA