Maite Ubiria

Una carrera electoral en la que es igual de difícil creer que soñar

Benoît Hamon trata de dar forma al sueño de una alianza que resucite a la izquierda. Fillon pide un acto de fe, acosado por las revelaciones. Ni soñar ni creer es tarea fácil a 80 días de la primera vuelta.

Las primarias francesas se han saldado con la elección de dos candidatos improbables y la expulsión de los máximos exponentes de dos experiencias de Gobierno fallidas. Ahí es nada. Con la elección de François Fillon, los votantes conservadores devolvieron al retiro a Nicolas Sarkozy. Con el apoyo a Benoît Hamon, los electores socialdemócratas daban la espalda a Manuel Valls y, de paso, hacían renuncia expresa de la herencia de Hollande.

La derecha cerraba su proceso hace dos meses con un líder investido para la tarea –aparentemente asequible de retornar al Elíseo, tras imponerse a Marine Le Pen en segunda vuelta. Sin embargo, las revelaciones sobre retribuciones millonarias al entorno familiar y a otros colaboradores cercanos del candidato tradicionalista han provocado un auténtico cataclismo en las filas conservadoras y han puesto patas arriba el contador electoral.

El universo mediático hexagonal ha desplegado todos sus efectivos tras las publicaciones de “Le Canard Enchaîné”, que elevan a un millón de euros las cantidades compartidas por el ex primer ministro con su esposa Pénélope y dos de sus hijos.

La investigación preliminar abierta por la Fiscalía Nacional Financiera ha dado una dimensión superior al escándalo y las maniobras de contención a cargo de Fillon se han demostrado ineficaces. Cada vez que el ex primer ministro derechista ha acudido a los medios para defender su honor y el de su esposa no ha hecho sino extender la mancha de aceite.

Tres afirmaciones, tres mentiras. Primer gazapo, fuentes de la investigación citadas por “Mediapart” dicen que el aún candidato no ha aportado las pruebas fehacientes que prometió en relación a la presunta actividad profesional de Pénélope Fillon.

Segundo, los «encargos puntuales» a dos de sus hijos «como abogados» no se sostienen, ya que en las fechas aportadas esos jóvenes no habían ni siquiera concluido sus estudios.

Y, en tercer lugar, la mentira más absurda, pronunciada ante los 10.000 asistentes al mitin del domingo pasado en La Villette. Fillon aseguró que él y Pénélope solo disponen de una cuenta corriente, domiciliada en su Sarthe natal. Ello cuando el reglamento parlamentario obliga al electo a disponer de una cuenta ad hoc para recibir sus remuneraciones.

 

«Me negarás tres veces antes de que cante el gallo». La advertencia bíblica se queda corta para el muy católico candidato, que acumula errores de comunicación que le hacen perder credibilidad a raudales. La penúltima estocada ha venido de la emisión de una entrevista realizada a Pénélope Fillon en 2007 –cuando ya figuraba como contratada– en la que ésta aseguraba a la corresponsal de un medio británico no haber desarrollado nunca labores de asistencia o comunicación para su marido. No es de extrañar que el 75% de los encuestados por Elabe se declaren no convencidos por los argumentos de Fillon. En noviembre pasado, ese mismo porcentaje daba por segura la victoria del aspirante conservador. Todo un abismo. O, si se prefiere, el símbolo de una bancarrota política. Las alusiones al complot de la izquierda, al ensañamiento de los medios y, sobre todo, al golpe de Estado para arrebatar la victoria de la derecha, a los que recurre insistentemente Fillon, no compensan el efecto devastador que tienen para una ciudadanía exhausta por los efectos de la crisis y las políticas de austeridad las cifras exorbitantes que envuelven al candidato.

A las partidas millonarias vertidas a los suyos con cargo al erario público hay que sumar los beneficios reportados por la sociedad de asesoría 2F Conséil, registrada por Fillon a unos días de las elecciones de 2012, por las que recuperó su escaño en la Asamblea Nacional. Con esa argucia habría eludido la prohibición expresa a los parlamentarios de ejercer actividades que colisionen con su cargo.

Según la contabilidad consultada por “Le Monde”, en tres años esa sociedad le reportó al «candidato de la honestidad» un total de 757.526 euros, entre salarios y beneficios. Es de esperar que en próximas entregas se conozcan otros datos reveladores, quizás sobre la clientela de esa compañía. A cada nueva embestida mediática, la cuenta de crédito político de Fillon se vacía más rápido y la tabla de salvación a la que se aferra el vencedor de las primarias conser- vadoras no parece demasiado firme. Por más que en su visita a las Ardenas evocara en su discurso a la Resistencia.

En una reunión con el grupo parlamentario conservador el pasado miércoles, Fillon pedía a los suyos «aguantar 15 días». Con la esperanza de que la investigación se cierre rápido y sin imputaciones. O que en ese tiempo otros temas vengan a distraer la atención del electorado. Ya sea por una cuestión securitaria o por un affaire que señale a otro candidato. O, simple- mente, porque lleguen las vacaciones escolares y con ellas se rebaje la atención informativa.

Ciertamente, no hay antecedentes de un dictamen exprés a cargo del órgano judicial encargado de dilucidar si hay evidencias claras de que Fillon hizo un uso ilícito o abusivo de fondos públicos. Pero nadie se atreve a descartar tal eventualidad, visto que el actual naufragio del aspirante de la derecha plantea interrogantes inéditos sobre la propia elección presidencial.

Hay quien se cuestiona incluso sobre la opción de proceder a un aplazamiento electoral para dar tiempo a la derecha a solventar el eventual abandono de un candidato investido, no lo olvidemos, en unas primarias en las que votaron cuatro millones de personas. Todo un galimatías político e institucional sin precedentes en la V República.

La sede de Los Republicanos (LR) trabaja, con mayor o menor ruido, en la tarea de encontrar un relevo siquiera preventivo a ese aspirante noqueado que es Fillon. Pocos confían en que la consigna de esperar a que escampe sea el mejor consejo a seguir, máxime cuando esta semana las encuestas dejaban, por primera vez, fuera de la segunda manga presidencial al elegido del centro-derecha. LR trata de recobrar el rumbo de la campaña y de no postergar inútilmente decisiones tan básicas como la de establecer la fórmula de la elección de un sustituto. En cas où.

Las reglas de las primarias no contemplaban la situación que hoy se plantea, por lo que los conservadores deberán acordar –entre ellos y sobre todo con el aliado centrista que, en esta disyuntiva, no descarta dotarse de candidato propio– cómo abordar, si fuera necesaria, la tarea de investir en tiempo récord y con mínimas garantías de credibilidad a un nuevo aspirante.

Mientras, quienes guardan alguna esperanza sobre el futuro de Fillon y los que, por el contrario, no creen que el abanderado conservador salga vivo cruzan mensajes públicamente, afloran las primeras quinielas a las que siguen desmentidos, más o menos convincentes, de los aludidos. Los Juppé, Baroin, Bertrand, Wauquiez… suenan como rescatadores de una derecha cuya base social siente que, entre propios y ajenos, le pueden robar el sueño de hacer doblete en 2017.

 

Entre la casa del terror y la factoría de las ilusiones, Macron otea El Elíseo

Al igual que en la casa del terror en que se ha convertido la derecha, en esa factoría de las ilusiones a la que se asemeja la izquierda la urgencia aprieta. Las primarias del PS han dejado abierta la herida y Hamon no dispone de mucho tiempo para ejercer de bálsamo. Las encuestas reconfortan tímidamente la posición del candidato de la renta universal. Un buen augurio de cara a su investidura, este domingo, pero que no hace olvidar el hecho de que en la parte superior de la tabla Emmanuel Macron afianza posiciones, sin hacer ni decir nada.

Macron apura plazos antes de presentar su «contrato con la nación», coherente con sus antecedentes como banquero que le evitará desgranar un programa electoral, eludiendo así los riesgos de una excesiva definición. La estrategia del «Ni-Ni» da, hoy por hoy, buen resultado al «outsider» socio-liberal, al que unas encuestas confían ya la misión de cerrar el paso a Le Pen.

Jean-Luc Mélenchon reitera su decisión de ir hasta el final. Para el candidato de la «Francia insumisa» no es posible abogar por una «mayoría parlamentaria coherente» como la que preconiza Hamon cuando el PS ha ultimado ya 400 investiduras de candidatos al Parlamento, entre las que destacan la del propio Valls. Tampoco al candidato oficial ecologista, Yannick Jadot, le apetece, de partida, un «arreglo entre aparatos de partido». Hamon ha recibido un trato gélido en sus visitas a Matignon y el Elíseo, desde donde se le ha trasladado el recado de que para acordar hay que «asumir los logros del quinquenio».

La izquierda, insumisa, y el PS, abierto en canal. Agua y aceite. Pero hay un componente distinto, que puede servir de catalizador de ambiciones. Y es que el enorme embrollo en que se ha convertido la elección presidencial puede volver a colocar en la carrera a la izquierda. De asentarse tal expectativa, es sobre ese inesperado escenario sobre el que se tomarán las decisiones, una vez agotado el tiempo para el debate de valores.M.U.