En menos de dos semanas, las que el que esto firma se ha tomado de vacaciones en julio antes de volver al tajo, Trump ha batido todos los registros. Destituyó primero a su jefe de prensa, el bocazas Sean Spicer, y lo sustituyó por un tiburón de Wall Street, Anthony Scaramucci, quien ha durado ¡diez días en el cargo!. Este último pasará a la (corta) historia no ya por su efímero mandato sino por la entrevista que concedió a la corresponsal –jefa de “The New Yorker”, en la que se reveló como un bocachancla aún mayor.
Scaramucci, cuyo nombramiento provocó la dimisión-destitución del jefe del gabinete del presidente, el hace tiempo en horas bajas Reince Priebus, ha caído fulminado por el sucesor de este último, el general y exsecretario de Seguridad Interior John Kelly.
Por mi parte, prometo no desvelar, para no dar pistas. las fechas de mis próximas, y siempre cortas, vacaciones. Aunque con Trump al mando de la Casa Blanca un día es una eternidad y un tuit es suficiente para provocar un seísmo geopolítico.
A la vuelta, espero seguir asistiendo entre divertido y alucinado a a nuevos giros de ese circo llamado Casa Blanca. Y que Trump siga enfangado en sus líos «domésticos» y no mire afuera. Porque nada hay más peligroso que un clown aburrido y/o enfadado.

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