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Se agradece el interés del cineasta quebequés Jean-Philippe Duval por avanzar en el tema de las adopciones internacionales, ya que hace no tanto abundaban las películas conformistas que no denunciaban las adopciones de niños y niñas de países pobres por parte de parejas, singles o familias del primer mundo como una forma encubierta de nuevo colonialismo.
Su cuarto largometraje, ‘14 jours, 12 nuits’ (2019), ilustra el encuentro cultural entre una madre adoptiva de Quebec y la madre biológica de Vietnam, estableciendo una conexión vital y emocional entre ambas, en la medida en que las dos han sufrido, cada cual a su manera, los reveses de una maternidad contrariada.
Lo que une a Isabelle (Anne Dorval) y a Thuy (Leanna Chea) es el dolor común, pese a que contenga matices diferenciadores, debido a que el sentimiento de la primera se identifique con la pérdida y el de la segunda, con el de la renuncia forzosa.
Pero el primer paso, y le honra, lo da Isabelle que, cuando muere su hija, rebautizada con el nombre occidental de Clara, decide viajar con sus cenizas a Hanoi, al orfanato donde empezó el proceso de adopción, para devolverla a su tierra natal y a su cultura asiática.
Allí conoce a Thuy, que trabaja como guía turística francófona, y ésta le cuenta su drama personal que se remonta a la guerra.
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