
Segunda entrega de una franquicia de terror adolescente que sigue la estela de las precedentes ‘Saw’ o ‘Destino final’, por citar dos ejemplos que se le asemejan bastante. Y es que todas estas películas lo que tienen en común es la sucesión de trampas mortales supuestamente ingeniosas, ante las cuales los gamers han de sucumbir, o en el mejor de los casos sobrevivir, aunque solo sea para que haya continuidad. En la saga ‘Escape Room’ de momento se mantiene la pareja estelar formada por Taylor Russell y Logan Miller, y que ya protagonizaron ‘Escape Room’ (2019). La secuela vuelve a ser dirigida por Adam Robitel, que ha contado a su servicio con un equipo de cuatro guionistas, más preocupados por el diseño del juego en sí que por el desarrollo de los personajes o la creación de un mínimo suspense de cara a la tensión narrativa, que no la hay.
Tras un prólogo inicial hecho a base de flash-backs, nos encontramos de nuevo con Zoey y Ben, integrando en esta ocasión un equipo de seis finalistas que participan en un campeonato decisivo organizado por la corporación que se oculta detrás de esta trama conspiranoica. Ni qué decir tiene que el desenlace queda abierto.

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