Todd Haynes denuncia el «estado de crisis» mundial en el Festival de Berlín
Los comprometidos discursos del presidente del jurado y el caldeo político generalizado han contrastado con la ligereza de las primeras películas de la 75ª edición de la Berlinale: ‘La luz’, de Tom Tykwer, y ‘Un completo desconocido’, el biopic de James Mangold y Timothée Chalamet sobre Bob Dylan.

Cineasta queer en activo durante los años del SIDA, Todd Haynes (‘Carol’, ‘Secretos de un escándalo’) sabe que películas y política han de ir de la mano. “Todas las películas que no son parte de una franquicia, o sólo contenido, o una de Marvel o de gran estudio, todas están buscando otras formas de financiarse y de expresarse” en un mundo que ha descrito en «estado de crisis». «Creo que es una pregunta que se extiende más allá del mundo del cine», explicaba, «es como mantener tu propia integridad y punto de vista y hablar sobre los problemas que nos rodean con la mayor fuerza y claridad posibles».
Lo concretaba en términos económicos, un gesto valioso en tiempos de alarmismo generalizado y, a la vez, avalado por un director con especial gusto por el riesgo. El regreso de Donald Trump a la presidencia de EEUU, ha insistido, ha llevado «a todos los cineastas estadounidenses» a preguntarse seriamente «cómo afectará a los rodajes». Por lo demás, tanto la directora Maria Schrader (‘Al descubierto’), compañera de jurado, como Tricia Tuttle, directora del festival y moderadora del encuentro, han preferido escurrir el bulto de la muy cuestionada equidistancia institucional: «Quiero celebrar estos espacios, que son espacios para la cultura y el mundo de la imaginación», decía Schrader.
Les acompañaban los otros miembros del jurado: la superestrella china Fan Bingbing, el cineasta marroquí Nabil Ayouch (‘Everybody Loves Touda’), la diseñadora de vestuario Bina Daigeler (‘Tár’), el director Rodrigo Moreno (‘Los delincuentes’) y la crítica de cine Amy Nicholson, quienes han referido al «dolor» como síntoma global y al poder reparador de las imágenes.
El director de «Babylon Berlin» vuelve poco inspirado
En la ceremonia de inauguración, las reivindicaciones de manifestantes e invitados pro-Palestina no han enturbiado una gala marcada por la emotividad. Hasta quince minutos se ha tomado Tilda Swinton para agradecer su Oso de Oro honorífico, en una línea comprometida que resolverá hoy en la rueda de prensa posterior. Una emoción que prometía también la película inaugural, ‘La luz’, regreso pletórico (¡162 minutos!) firmado por el director de ‘Corre Lola corre’ y las cuatro celebradas temporadas de la reciente ‘Babylon Berlin’.
‘La luz’ es, en cambio, la crónica hipertrofiada y con déficit de atención de una familia disfuncional media alemana, apática y quemada como cualquier otra, que descubre una fórmula insólita a sus desavenencias en la figura de su nueva carismática empleada del hogar, una mujer refugiada. Relato episódico supuestamente emocionante, porque no faltan muertes ni lágrimas, la película acaba viviéndose como una acumulación hipermoderna de géneros (musical incluido), tramas a medio cocer y efectos especiales deslumbrantes sólo en teoría. Así, no resulta tan lejana de ‘Emilia Pérez’.
«Un completo desconocido» aterriza en Berlín
Más interesante, aunque mucho más clásico, es el biopic que James Mangold ha dedicado a Bob Dylan, en estrecha colaboración con Timothée Chalamet. La película funciona como una radiografía de los volantazos artísticos y personales que el «Judas del folk» dio durante los cuatro años que marcaron su ascenso musical. A la vez, Mangold confía en la ambivalencia de su protagonista, entre apocado y arrogante (es el mejor papel de Chalamet en años), para no resolver la encrucijada tras la iconoclastia de Dylan, sino engrandecerla y contextualizarla. Todo funciona en parte, gracias a los méritos de un academicismo bien comprendido y a un elenco fenomental: Edward Norton, Elle Fanning, Monica Barbaro. Y a la música, que sí merece la voz de Chalamet.

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