
Unir fiesta y solidaridad es posible. Sin ir más lejos, lo hemos visto en los pasados sanfermines, donde la plataforma Yala Nafarroa con Palestina fue la encargada de lanzar el txupinazo solidario de este año desde el balcón del Ayuntamiento de Iruñea.
Zaporeak volverá a repetir esa fórmula, juntando fiesta, gastronomía y solidaridad de cara al concurso internacional de Paellas de Aixerrota, en Getxo, el próximo viernes, 25 de julio. Desde Zaporeak han lanzado una campaña para que las cuadrillas que participen en el concurso gastronómico depositen y aporten kilos de arroz para mandarlos al campamentos de refugiados en la isla griega de Lesbos. Se han puesto como objetivo llegar a los 1.000 kilos.
Este tradicional concurso empezó con 20 paellas. Ahora se presentan más de 200 paellas gracias a decenas de grupos de amigos que vienen de todo el territorio vizcaino para luchar por el premio y disfrutar de un día con familiares y amigos en la explanada de Aixerrota.
Este año se celebrará la edición número 70, y la cita será el 25 de julio, festivo en en Hego Euskal Herria. Ortzi Pérez, vecino de Getxo y voluntario de Zaporeak, ha confesado que es «una oportunidad inmejorable» para que la gente tome conciencia del trabajo de Zaporeak y aporte su granito de arena.
Junto a Ortzi, otros 19 voluntarios de Zaporeak estarán a la entrada del recinto con una carpa, para que los concursantes o cualquier persona que se acerque a la fiesta durante el día deposite su paquete de arroz. Como afirman desde esta organización solidaria, los kilos recogidos serán enviados al campamento de refugiados de Lesbos.
Experiencia en Lesbos
La función principal de Zaporeak es ofrecer comida digna a las personas refugiadas que llegan a Europa. Para ello, llevan trabajando en el campamento de Moria, en Lesbos, desde el año 2014.
En el boletín final del año 2024 informaron de que en total repartieron 895.297 raciones de comida. Uno de los voluntarios que estuvo 20 días en noviembre de 2024 es Ortzi Pérez.
Este getxoztarra ha podido comprobar en primera persona la cruda realidad que viven los refugiados que llegan a la isla. Es el segundo año que va y, según él, fue «una experiencia muy buena pero, a la vez, vives una «realidad triste».
Anteriormente ya había estado aportando su granito de arena, pero la situación no ha mejorado desde entonces. Tal y como confiesa Pérez, «todos los días, sin excepción vienen en familia, jóvenes y niños a Lesbos».
«Nosotros nos centramos en repartir comida para los refugiados que llegan a tierra. Al día podemos repartir hasta 2.500 raciones de comida. Solemos repartir comida variada: pan de pita, verdura, garbanzos, lentejas, arroz o pasta. Un día a la semana solemos hacer carne, pero normalmente suele ser pollo», añade Pérez.
Zona muy militarizada
Lesbos, a pesar de pertenecer a Grecia, es una isla situada al este del país, en el mar Egeo. Es más, está a seis kilómetros de Turquía y entre los siglos XVI a XIX permaneció bajo dominio turco. En cambio, tras la Segunda Guerra Mundial, Grecia se hizo con el poder de la isla. Hoy en día es la tercera isla más grande de Grecia y la octava del Mediterráneo.
Según cuenta Pérez, la isla está «muy militarizada», ya que es una tierra que Turquía quiere recuperar. «Para ellos, llegar a Europa es poner fin a una agonía, pero después sufren un proceso burocrático largo. El visado te vale solo para el país al que llegas, pero muchos luego tienen el objetivo de viajar a Alemania o a Inglaterra, donde tienen familiares», afirma.
De lo que ha presenciado allí, relata que llegan migrantes de diversos puntos de Asia y África: Siria, Afganistán, Palestina, Etiopía o Somalia. Muchos refugiados llegan porque en sus países no son bien vistos por su orientación sexual y escapan porque la homosexualidad está penada.
Cuando llegan a tierra firme llegan «con cara de satisfacción», cuenta Pérez recordando su etapa en Lesbos. Según indica, hay muchas asociaciones y ONGs ayudando. «Están hasta los mormones», añade.
En vista de que el panorama no ha cambiado con el transcurso de los años, Zaporeak seguirá aportando su granito de arena y, para terminar la campaña de este verano, ha decidido llevar a cabo esta iniciativa en Aixerrota.
A pesar de marcarse el objetivo de recaudar 1.000 kilos de arroz, Pérez afirma que el objetivo final es concienciar a la gente: «Queremos que la gente coja conciencia, sobre todo los más jóvenes, para que sepan lo que está pasando en el mundo».

El actor Sambou Diaby, expulsado de un bar de Bilbo acusado de mantero: «Aquí no puedes vender»

La exposición temprana a pantallas se relaciona con cambios cerebrales en la adolescencia

Preparándose para confirmar en las urnas la anomalía vasca
