Periodista, especializado en información cultural / Kazetaria, kulturan espezializatua

Agur al Quijote de San Cernin

Javier Ibáñez, en su interpretación de Don Quijote.
Javier Ibáñez, en su interpretación de Don Quijote. (NAIZ)

Tronó, brillante en rojo abrigo de plástico, en la gala de los Premios Max del pasado junio en el Teatro Gayarre. Y no faltó a su cita callejera en las sanfermineras ‘sesiones vermú’ a la puerta de la vieja sombrerería, esquina de Zapatería con Pozo Blanco, que ahora regenta su media alma Zuri. Tampoco faltó a ese encuentro el veterano yanqui que cada año animaba el mediodía con el melancólico ‘Take Me Home, Country Roads’, de John Denver. Pero un pulmón herido se ha llevado raudo, en pleno invierno, al amigo Javier Ibáñez Huici, de ascendencia tudelana y nacido en Iruñea en junio de 1953.

La atalaya abuhardillada, bajo el gallico de la torre de San Cernin, ha sido durante largos años el nido del viejo rockero, rodeado de músicas, guitarras y aparatos reproductores. Su detallada colección de grabaciones serviría para un mini museo pop. De joven se había bregado en aventuras como el grupo Odisea. Fue uno de los tres guitarristas de Magdalena, conjunto en clave de rock progresivo bilingüe y primer grupo navarro en grabar un LP: ‘Lanean sartzen’, en 1981, con la casa donostiarra IZ.

Durante años tocó en solitario o con diferentes formatos (Dr. Robert, Javier Ibáñez & Friends), versionando principalmente el pop-rock más notable de los años 60-70 y participando de las sesiones nocturnas del Casco Viejo.

Javer Ibáñez, junto a los integrantes de Magdalena. (I.Z.)

Su delgada y rotunda presencia y su profunda dicción se adaptaron también con naturalidad a la escena teatrera local: Centro Auzotegi de la Txantrea, Taller de Actores del Teatro Estable de Navarra, Atikus Teatro o La Ortiga TDS. Acumuló en aquella activa escena dramatúrgica obras como ‘Peter Pan y Wendy’, ‘El pobre de mi tío Vania’, ‘¿Qué fue de Mr. Lennon?’ o su emblemática ‘¡Bienvenido Don Quijote!’. Y escribió y dirigió además textos propios: ‘El nuevo vecino’, ‘El sueño de Virginia’, ‘Maniatics’...

Como pirueta del destino, hace solamente unos meses bramaba en el Gayarre el poema ‘A los hombres futuros’, de Bertolt Brecht: ‘Verdaderamente, vivo en tiempos sombríos. Es insensata la palabra ingenua. Una frente lisa revela insensibilidad. El que ríe es que no ha oído aún la noticia terrible, aún no le ha llegado’.

Las calles y bares han perdido a nuestro Max Estrella, bohemiante lento, naturalmente austero, eternamente sonriente, a quien le ha sorprendido la muerte con taimada velocidad.