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El Vaticano, cara a cara con las víctimas de abusos sexuales

El Vaticano acogerá a partir de mañana, jueves, una histórica cumbre sobre la pederastia en el seno de la Iglesia católica. Son miles los testimonios de abusos a menores a lo largo del mundo. Muchas de estas víctimas tendrán voz propia en Roma. Una de ellas es la jamaicana Denise Buchanan, violada por un cura y obligada a abortar hasta en dos ocasiones de forma clandestina. Su calvario lo recogió en el libro “Sins of the Father” -Pecados del padre-.

El portavoz de la iniciativa Ending Clergy Abuse, Peter Isely, junto a la jamaicana Denise Buchanan, víctima de abusos (Tiziana Faba/AFP)

Según estimaciones de las asociaciones de víctimas, con datos de comisiones de investigación estatales y eclesiales, podrían ser entre 50.000 y 100.000 los menores que han sufrido maltrato físico y sexual en instituciones católicas en el mundo. En el Estado español, no hay datos recopilados al respecto por parte de la Conferencia Episcopal ni del Gobierno.

Las sesiones de trabajo arrancarán hoy y en todas ellas estará presente el papa Francisco. También estarán presentes diez mujeres en representación de las órdenes religiosas femeninas, además de dos funcionarias del Vaticano. En total habrá 160 participantes. Además, participarán algunas víctimas en primera persona su historia.

El sacerdote Hans Zellner, uno de los principales organizadores de la cumbre, adelantó la semana pasada que los ejes centrales de la cumbre serán la responsabilidad de los obispos, la rendición de cuentas, la mejora de procedimientos y la transparencia.

Son miles los testimonios que están aflorando con aún mayor intensidad en los últimos días. Uno de ellos es del de Denise Buchanan, jamaicana de origen, violada y obligada a abortar en dos ocasiones en clínicas clandestinas.

Tenía 17 años cuando un cura de la Congregación de la Pasión, también denominados pasionistas,la violó por primera vez. Cuarenta años después, la herida sigue sangrando. Pese al dolor, sigue su lucha para que la Iglesia católica le reconozca su estatuto de víctima.

«Ese día fue como si algo muriera dentro de mí», afirma en declaraciones a AFP. Unas semanas después descubrió que estaba embarazada. «Tenía 17 años y estaba embarazada (…) estaba destrozada», añade. El sacerdote organizó un aborto clandestino. Denise no dijo nada a sus padres por «vergüenza» y por miedo.

Los abusos siguieron. El cura le dijo que la «amaba» y le pidió que tomara anticonceptivos. «Obedecí como un robot; venía a mi habitación en la universidad para tener relaciones sexuales o me hacía ir al presbiterio de la iglesia». «Ya nada me importaba», subraya.

A los 21 años volvió a quedarse embarazada. «Me dijo que lo que más quería en el mundo era seguir siendo cura». Denise se sometió entonces a un segundo aborto en una clínica clandestina. Después de eso nunca pudo tener hijos.

A los 25 años obtuvo una visa para estudiar en Canadá. En 2013, relató su calvario en el libro “Sins of the Father” -Pecados del padre-. Cada mes, durante un año y medio, envió al Vaticano una carta, acompañada de su libro.

En 2016 recibió una carta de la arquidiócesis de Los Ángeles, que afirmaba estar «profundamente entristecida» por su historia. «El Santo Padre ora regularmente por las víctimas de abusos y lo mantendrá en sus oraciones», señalaba la misiva.

Pero en cuanto a su petición de que el sacerdote fuera cesado de su cargo, la única respuesta que obtuvo es que era ella quien debía «recabar las pruebas» para iniciar el proceso.

«Furiosa» de que le propusieran «oraciones en lugar de una verdadera ayuda», Denise presentó una demanda contra el sacerdote. En noviembre de 2017, durante una reunión en Jamaica entre Denise, el actual arzobispo de Jamaica, abogados y el cura, éste «admitió que tuvo relaciones sexuales conmigo y que me dejó embarazada, pero negó haberme violado y organizado un aborto», cuenta Denise.

Debido a la legislación en vigor en Jamaica, si demanda al sacerdote por haberla obligado a abortar, es ella y el médico quienes corren el riesgo de ser arrestados.

Continúa su lucha junto a la organización Ending Clerical Abuse (ECA), una iniciativa pionera a nivel mundial que reúne a víctimas de 21 países diferentes. Fue impulsada por Marek, que, a los 13 años, fue agredido sexualmente por un cura en Polonia. Después de una larga batalla judicial, su agresor fue «suspendido» durante tres años y condenado a «presentarle disculpas», algo que nunca hizo.

El chileno José Andrés Murillo ayudó a denunciar a un influyente sacerdote que abusó de él, un escándalo que hizo temblar a toda la Iglesia chilena.

«Es un movimiento histórico (…) para hablar con una sola voz», subraya a AFP Peter Saunders, de 61 años, también agredido sexualmente a los 12 años por dos curas jesuitas y que se ha convertido en una figura de la causa en Gran Bretaña.

«Durante años, la Iglesia católica se ha resistido a cualquier cambio, pero ha comenzado a ceder frente a la presión de las víctimas, los medios y la opinión pública», remarca Saunders, cofundador de ECA, cuyo hermano, quien murió a los 55 años tras caer en las drogas y el alcohol, fue víctima también de estos mismos curas.