El peso que conlleva un legado histórico
[Crítica]: ‘ARZAK since 1897’
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Considerado como uno de los grandes responsables de la revolución gastronómica, Juan Mari Arzak figura como un icono de los fogones mundiales gracias a un estilo en el que la innovación –mediante la experimentación y el riesgo– siempre estuvo asociada a la tradición que le legó su madre y a su defensa a ultranza de los productos naturales de primera calidad.
Asier Altuna no se anda con miramientos a la hora de abordar semejante figura y coloca la cámara detrás del protagonista para acercar al espectador a un territorio tan privado como pueda ser la cocina de su resturante en el Alto de Miracruz, una especie de laboratorio alquímico en el que se gesta un menú que es constantemente revisado.
En este escenario también topamos con quien, a la postre, figura con todo merecimiento como coprotagonista y que en la recta final de este interesante filme asume todo el peso de la narración, Elena Arzak.

Los diálogo entre padre e hija sustentan buena parte de un documental que, más allá de recordar por enésima vez los logros de Juan Mari Arzak, otorga mayor relevancia al obligado relevo generacional y a las dificultades que supone para Elena, como mujer, perpetuar un legado histórico y en un Olimpo gastronómico en el que el rol protagonista sigue recayendo sobre los hombres.
A todo ello se suman el testimonio y conversaciones que aderezan este interesante retrato en el que, más allá del frenesí de las cocinas, topamos con esos momentos de calma que Arzak comparte con Ferrán Adriá y que derivan, inevitablemente, en su enésimo y divertido episodio de polémicas gastronómicas.