Koldo Amatria Zudaire
Sin título académico

Al señor Majuelo, por alusiones

Días pasados, el historiador Emilio Majuelo escribió un artículo bajo el título "El espectro de Emilio Mola". En el mismo se hacen una serie de consideraciones sobre las asociaciones memorialistas, sus portavoces y su actividad en defensa del derribo del Monumento a los Caídos en los últimos meses que considero inexactas por no decir ofensivas en alguno de los casos. Como habitual coportavoz de la Agrupación de Asociaciones Memorialistas, y por alusiones, me he tomado la libertad de copiar y comentar algunas de ellas, haciéndolo, en este caso, en mi propio nombre (las frases originales del señor Majuelo las entrecomillo)

Empieza el señor Majuelo: «Cuando se vierten descalificaciones personales que pretenden reforzar las posiciones propias no solo no hay posibilidad de un debate».

¿Descalificaciones personales?... Se ha procurado en todo momento no personalizar las críticas y, como prueba, ahí están todos los comunicados emitidos por la Agrupación de Asociaciones.

¿Debate?... ¿Qué debate hay o ha habido sobre el destino del Monumento? ¿El debate que se ha negado a la ciudadanía firmando un acuerdo de resignificación por tres partidos políticos que no han hecho ni consultar a sus bases? ¿El debate que se ha negado a la ciudadanía firmando un acuerdo de resignificación, ahora hace un año, pasando por alto un concurso de ideas abandonado por la anterior corporación y echando a la basura los 200.000 euros que costó? ¿El debate que el comité de expertos evitó, invitando a las Asociaciones Memorialistas a una reunión una vez presentado el informe?

Continúa el señor Majuelo: «(...) surgimiento de toda una legión de expertos en jurisprudencia y derecho internacional, en expertos en genocidios (ahí es nada) incluso de expertos en expertos; incluso hay quien muestra una nueva versión de la ley mosaica recibiendo de dios la verdad de lo que sea la Memoria Histórica».

¿Y habla el señor Majuelo de descalificaciones personales? Pretende ironizar tergiversando los términos y atribuyendo a las Asociaciones Memorialistas autoproclamarse ser «expertos». Nunca ha habido tal «autoproclamación». Que cite las fuentes en las que se basa el señor Majuelo para hacer esas afirmaciones. Sabe, como historiador que es, que cualquier afirmación debe de tener una base documentada... Y esta es totalmente falsa.

Y esta perla no tiene pérdida, señor Majuelo: «Desde esa fe sagrada, la Memoria Histórica deja de ser asunto de toda la sociedad... para llegar a ser competencia única de las Asociaciones de la Memoria Histórica... de los portavoces de las mismas que hablan por el conjunto de las asociaciones y de toda la sociedad».

Seguimos con desprecio («fe sagrada») a las asociaciones y sus representantes, y afirmar que han hablado por toda la sociedad. Siempre se ha hablado en nombre de la agrupación en la cual están representadas 33 asociaciones memorialistas. Nunca en nombre de toda la sociedad. Porque, usted, señor Majuelo, como historiador, conocerá bien la historia y la historia reciente nos dice que, desgraciadamente, hay neofranquistas que abogan por el mantenimiento, tal y como está, de ese mamotreto de monumento, y que en el fondo habrá quien se alegre de que se cambie algo del monumento para que nada cambie. Que ya habrá tiempo de descambiar. Y hay tibios demócratas que admiten la resignificación como mal menor de un cambio de cromos en aras de no sé sabe qué beneficios... Y por supuesto, ambos grupos forman parte de esta sociedad. Y a ambos grupos las Asociaciones Memorialistas ni las representan ni pretenden representarlas. Sí representan a los miles de ciudadanos que se han movilizado a lo largo de este último año en demanda de un ¡derribo ya! del Monumento

Afirma que «Opiniones en contra y dudosas de las ventajas del derribo han sido escasas en la prensa, dejando campo libre a voceros y escritores defensores de la piqueta, algunos de los cuales, armados de audacia, han traspasado la línea de un mínimo respeto en el debate».

Bonita forma de despreciar de un plumazo las decenas de artículos que se han publicado con su diferente argumentario, y al mismo tiempo hacer amigos. Y con respecto al «debate» me remito a lo dicho más arriba.

Y afirma «cuando se echó pestes contra el contenido del argumentado documento entregado a la corporación, y todo ello ¡antes de haberlo leído! (...) ¿Lectura y acotaciones críticas al mismo, para qué? Si no se defiende el derribo, ni el documento, ni sus autores, ni nada que lo rodee queda al margen de la descalificación profesional e incluso personal».

Sigue mintiendo. Y lo sabe. Se presentó un análisis muy fundamentado sobre el informe, haciendo como el señor Majuelo dice: lectura y acotaciones críticas al mismo. Si pretende hacer como que no existe es pretender ignorar una parte de esta historia, y esto en un historiador experto es un detalle muy chungo... Y vuelve a insistir en una inexistente «descalificación profesional e incluso personal»

Y tras haber leído lo anterior, expresado como se puede comprobar, todo en tono tan amable y de querer limar asperezas, nos encontramos esta perla, que no necesita comentario: «Espero no caer en trampas descalificatorias. En ese fango no entro». El problema que tiene ahora el señor Majuelo, es como salir de ese fango que él mismo ha creado con tanta descalificación acumulada en su escrito.

Y ahora toca el análisis político: «el apoyo político al derribo resulta mínimo en el consistorio desde el momento que las derechas han declarado su amor a la no transformación radical del edificio».

Ignoramos cuál es el apoyo político favorable al derribo, pues en ningún momento se ha planteado directamente esa cuestión. Se ha dado un acuerdo a espaldas de un debate público, ignorando en este momento, qué fuerzas estarían por el derribo y cuáles por mantenerlo en pie.

Y las derechas no han declarado su amor a la no transformación radical del edificio. Han declarado su amor a un Monumento tal y como está. Para homenajear al franquismo, que fue el fin por el que se levantó. Son las izquierdas, o más bien les llamaremos «las fuerzas progresistas» con la honrosa excepción de Contigo-Zurekin, las que han demostrado un amor interesado al mantenimiento del mamotreto con alguna modificación, o como dice el señor Majuelo, a la no transformación radical del edificio.

Y ahora, una contundente afirmación del señor Majuelo: «a la vista de las decisiones tomadas, resulta obvio que la opción del derribo de Caídos está cerrada».

Los deseos los convierte en imaginarias realidades. La última palabra no está dicha. De momento, al menos hay un par de recursos presentados en el TAN, que tiene la siguiente palabra. Y todavía queda mucho camino por recorrer.

«A nadie se le escapa que el asunto del derribo como opción estuvo ausente durante muchos lustros en la vida política pamplonesa».

Esa opción no estuvo ausente nunca de la vida política pamplonesa, ni navarra. Yo diría que ha estado en «hibernación». Y estuvo en «hibernación» pues las fuerzas dominantes en la transición y años del «Régimen del 78», las derechas más recalcitrantes y un tibio Partido Socialista, no estaban por la labor de «remover» la memoria y mucho menos continuar con las exhumaciones.

Y el señor Majuelo se contradice: «Por decirlo de manera suave, la opción del derribo era una más entre las que se barajaban y no tenía la fuerza ni la virulencia con la que ahora se presenta».

Tres apuntes a esta frase del señor Majuelo. Uno, se contradice porque afirma primero «la opción del derribo estuvo ausente» para a continuación confirmar que la «opción del derribo era una más». ¿En qué quedamos?; Dos: reconoce que la opción por el derribo de los Caídos tiene fuerza, aunque la desprecie y no la tenga en cuenta; y Tres, que utiliza un calificativo, «virulencia» fácilmente asimilable a «violencia». La RAE dice de esta palabra: «[en el daño] agresividad, violencia, aspereza, furia. [en la crítica] mordacidad, causticidad, acritud, saña». Admitamos que se refiere a la segunda interpretación (en la crítica)..., que no quiere meter un elemento, la violencia, ausente en todo este proceso, aunque esté la violencia del fascismo en el origen del mismo.

Para ir terminando, afirma que «Sabemos cuándo se gestó, por qué se configuró y lo que significó ese edificio durante mucho tiempo. Ahora no es lo que fue. Está en desuso, carece de la función para lo que se erigió»

Si, en opinión del señor Majuelo, no tiene el mismo significado, si está en desuso y carece de la función que el que tenía cuando se gestó... ¿nos puede explicar qué significado tiene ahora? ¿Si tiene «nuevo significado» qué necesidad hay de «resignificarlo»? Y, entonces, ¿por qué la ley de memoria democrática de Navarra lo declara «monumento franquista»?

Y el broche final del señor Emilio Majuelo: «sí podemos mostrar a las generaciones futuras quiénes fueron todos los Mola de turno en un edificio habilitado adecuadamente para ello».

¿No se puede utilizar otro edificio para este fin? ¿Qué necesidad de mantener en pie el Monumento fascista/franquista a los Muertos en la Cruzada, por muy resignificado que esté?

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