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Carlos Gurpegi, el ejemplo del Athletic

 

Por internet circula una de esas frases que llenan los muros de las redes sociales en las que se asegura que «el mundo cambia con tu ejemplo no con tu opinión». Lema que encaja como anillo al dedo a Carlos Gurpegi, uno de los jugadores más emblemáticos que ha tenido el Athletic en su etapa moderna. Futbolista qué tras 14 años en el primer equipo, 392 partidos oficiales con la elástica rojiblanca y 22 goles anotados ha anunciado hoy su retirada. Lo ha hecho rodeado de todos sus compañeros, técnicos, directivos, el presidente Josu Urrutia, Joxe Anjel Iribar, familiares, Pablo Orbaiz, Mari Lacruz y periodistas de todos los medios de comunicación.

 

 

No es para menos, ya que Carlos Gurpegi ha sido capaz de generar una enorme empatía colectiva. Lo ha hecho mediante su sencillez, trato amable y honestidad. Elementos que no son fáciles de encontrar en un mundo en ocasiones tan alejado de la realidad como el fútbol profesional. Sin embargo, el de Andosilla lo ha conseguido. Y es que se agradece que, por ejemplo, antes de una entrevista sea él quien te pregunte por la vida, la familia u otras cuestiones. O, mejor aún, te pida disculpas por no ser capaz de responder en euskara una entrevista preparada en castellano. Son esos pequeños detalles, la sonrisa con la que siempre ha atendido a todas las niñas y niños que acuden a Lezama los que marcan la diferencia. Algo que se trasladaba al campo, un espacio en el que Gurpe sabía que no era el más dotado técnicamente, pero en el que siempre ha tratado de darlo todo. Vaciarse y ser solidario. Lo ha hecho hasta el último partido cumpliendo así uno de sus principales deseos: Dejarlo siendo útil.

 

De Andosilla a Lizarra

Nacido el 19 de agosto de 1980 en Andosilla, una pequeña localidad de la Ribera Alta que cuenta con menos de 3000 habitantes. Separada por el Ebro de La Rioja, limita con Sartaguda, Lerín, San Adrián, Falces y Peralta. Al igual que en toda la comarca, Andosilla sufrió una gran represión tras el golpe de estado Franquista de 1936. Un total de 39 vecinos de la localidad fueron asesinados. En los últimos años, gracias a la inmigración, la población ha aumentado en un pueblo que basa su economía en la industria conservera. A nivel deportivo, el equipo local es el River Ega de Tercera y anteriormente otro vecino como Aitor Aldeondo había logrado jugar en Primera con la Real Sociedad a finales de los noventa.

 

 

La carrera de Gurpegi no ha estado exenta de obstáculos desde que logró fichar por el Athletic en 1998 tras haber crecido en el Izarra. Con el equipo de Lizarra llegó a debutar en Segunda B de forma testimonial contra el Beasain. En el equipo navarro coincidió con dos ilustres veteranos como Eugenio Bustingorri y el exrojiblanco Pizo Gómez. Una progresión que llamó la atención de los técnicos de Lezama.

Con 18 años a Lezama y primera lesión grave

Instalado en la residencia de Derio junto a otros futbolistas procedentes de otros herrialdes, pasó a formar parte de la plantilla del Juvenil A. Con Patxi Ripodas como técnicos compartió vestuario con Ander Alaña, Borja Basagoiti, Asier del Horno o Aritz López Garai entre otros. No fue un inicio fácil, ya que se rompió el ligamento cruzado. Las lesiones han sido una de las claves negativas de su carrera.

Finalmente, dio el salto al Baskonia, conjunto en el que coincidió por primera vez con Gorka Iraizoz, un compañero importante en su carrera. Alguien con quién tal y como ha destacado Ander Herrera su particular homenaje de Twitter, «nos partíamos de ir risa con ellos al ir a la sala de los fisios».

 

 

Eran cursos en los que jugaba en posiciones adelantadas, haciendo valer su llegada y remate de cabeza. Al tiempo, su hermano Pedro se fogueaba en las categorías inferiores de Osasuna. El curso en el Baskonia no pudo ser más fructífero ya que Gurpegi anotó un total de 15 tantos en 33 partidos. Cifras que le valieron el pasaporte para el Bilbao Athletic. Era la temporada 2000-2001 y Edorta Murua era el entrenador de los cachorros. Bajo su dirección volvió a coincidir con Iraizoz o Alaña pero conoció a nuevos compañeros como Egoitz Jaio, Jonan García, David Asensio, Galder Zubizarreta o Endika Bordas. Sin embargo, una persona destacó por encima del resto: Aritz Aduriz. El delantero donostiarra cumplía su primera temporada en Lezama después de haber jugado cedido en el Aurrera de Vitoria. Congeniaron pronto, convirtiéndose mutuamente en referentes indiscutibles de sus respectivas carreras deportivas. Y no solo eso, sus vidas se cruzaron de tal manera hasta compartir piso en Mungia. Junto a Andoni Iraola y el propio Iraizoz, han formado un póker de futbolistas difícilmente repetible y de evidente impacto dentro del club.

 

 

Estreno en El Madrigal

Gurpegi se ganó un sitio en el centro del campo del Bilbao Athletic, especialmente bajo la dirección de Carlos Terrazas, hasta que en la Semana Santa de 2002 le llegó su primera gran oportunidad. Después de la dolorosísima derrota por 1 a 6 en casa ante el Celta, Jupp Heynckes decidió reactivar el equipo de cara a la visita a El Madrigal. El preparador germano decidió llevarse al de Andosilla en la lista para el partido contra el Villarreal. La cosa no salió bien, ya que al descanso el submarino amarillo goleaba por 5 a 0 a los leones. Los tantos de Carlos García y Urzaiz únicamente sirvieron para maquillar el resultado. Sin embargo, el encuentro ha quedado para la historia siendo el primero de los 392 partidos disputados por Gurpegi con la elástica rojiblanca.

El navarro disputó 7 encuentros en la recta final de una temporada cerrada de manera nefasta. Los rojiblancos perdieron todas las opciones de entrar en Europa, algo por lo que pelearon hasta el final, con una única victoria en los últimos ocho choques ligueros. A Gurpegi la experiencia le valió para hacerse un sitio en la primera plantilla. Hecho que cimentó en la siguiente pretemporada, en la que volvió a juntarse con Aritz Aduriz, un futbolista del gusto de Jupp Heynckes.

Una plaga de lesiones permitió al de Andosilla ser titular en el primer encuentro de la temporada 2002-2003, un derbi en Anoeta en el que la Real comenzó su triunfal trayectoria que estuvo a punto de darle el título de Liga. En la jornada inaugural en Anoeta, los de Denoueix vencieron al Athletic por cuatro a dos. Carlos Gurpegi fue el autor de los dos tantos tantos de los leones. A la conclusión del partido, pasó el preceptivo control antidopaje. Era el 1 de septiembre de 2002, una fecha que quedará marcada para siempre en la vida y la carrera de Gurpegi. No precisamente para bien.

 

 

El mazazo del positivo

Poco a poco, se fue haciendo con minutos, anotando otros dos goles en los partidos ante el Recre y el Espanyol. Se iba cumpliendo el sueño de un joven jugador que destacaba por su trabajo y despliegue físico. En medio de una gran temporada en lo personal, llegó la noticia que nadie esperaba. El 10 de diciembre de 2002 el Athletic anunció que la Federación española le había comunicado que Carlos Gurpegi había dado positivo por encontrarse en su cuerpo una cantidad mayor de la permitida de 19-norandrosterona en la muestra tomada tras el partido contra la Real Sociedad el 1 de septiembre.

La 19-norandrosterona es un metabolito de la nandrolona, de tipo esteroide anabolizante con las mismas propiedades que la testosterona. Su objetivo es incrementar la síntesis de proteínas y potenciar la masa muscular, lo que permite acortar los plazos naturales de recuperación de un deportista.

El impacto fue tremendo, ante lo que el club decidió cerrar filas en torno al jugador y el entonces jefe de los servicios médicos Sabino Padilla. El de Otxandio era un reputado galeno que se había encargado de la preparación de Miguel Indurain y Martín Fiz, fichado en 1996 por Jose Mari Arrate y que durante su estancia en el conjunto rojiblanco había recibido una importante oferta del Barcelona. Era el comienzo de una importante batalla médica, judicial y mediática que marcó para siempre la carrera de Gurpegi.

 

 

Pagó el peaje de una guerra que no era la suya

La tardanza en la notificación o las condiciones de refrigeración a las que fue sometida la muestra durante su traslado a Madrid rozaban como mínimo el defecto de forma, pero el problema estaba en el fondo de la cuestión.

Algo a lo que no ayudaba el contexto. En los años anteriores, el fútbol había pasado de puntillas por diferentes casos de dopaje ocurridos en Italia y Holanda. Frank de Boer, Davids, Stam o Fernando Couto fueron algunos de los jugadores que dieron positivo por Nandrolona y que recibieron pequeñas sanciones. Guardiola también dio positivo estando en el Brescia aunque en 2007 fue absuelto por la justicia. Tiempo antes, el entrenador checo Zdenek Zeman acusó a la Juventus de haber utilizado substancias prohibidas durante los años noventa.

 

 

La temporada 2000-2001, un empleado del estadio de Rayo denunció en varios radios haber encontrado un buen número de capsulas y ampollas para inyecciones en el vestuario visitante. Ocupado aquel día por el Las Palmas, equipo que entonces contaba con Eufemiano Fuentes -antiguo médico del equipo olímpico español en 1992 o del equipo ciclista ONCE- y posteriormente célebre por la Operación Puerto.

En ese contexto se produjo el positivo de Gurpegi, con la intención de Madrid de presentarse como ciudad candidata a albergar los Juegos de 2012. Sobre el Estado español pesaba la sombra de ser uno de los lugares más benevolentes con el doping. Y en esas que emergió la figura del periodista José Ramón de la Morena como presunto defensor de la limpieza en el deporte. El mismo que durante el Tour de Francia de 1998 animó a los equipos españoles, presionando de forma notable a un Kelme que contaba con Escartín cerca de las plazas de podio, a abandonar la carrera debido al cerco policial que se estableció contra el uso de productos y prácticas dopantes.

Cada noche De la Morena lanzaba un ataque frontal contra el Athletic, especialmente focalizado en la figura de Padilla y el director deportivo Andoni Zubizarreta. «No le han metido la Nandrolona en el bocadillo» o «hacen ruedas de prensa que parecen de la mesa nacional de HB» eran algunas de las perlas nocturnas. La presión en torno al club era notable y el entonces capitán del equipo Bittor Alkiza tampoco se libró de las andanadas radiofónicas. Los jugadores del Athletic decidieron no responder a las preguntas de la emisora, siendo los compañeros de Bilbao los principales paganos de la actitud de José Ramón De la Morena.

 

 

Maynar, la Operación Puerto y la sanción más dura

Comenzaba la batalla judicial y científica. En la primera se daban los primeros pasos para sancionar a Gurpegi con dos años. Un castigo certificado el 6 de mayo de 2003. La sucesión de recursos y suspensiones cautelares permitió al futbolista seguir compitiendo mientras recibía el apoyo de sus compañeros y la afición del Athletic. El caso acabaría en la Audiencia Nacional. Todo en un año negro para el Athletic, cerrado con el triste fallecimiento del entonces presidente Javi Uria debido a un cáncer.

El conjunto rojiblanco, por su parte, recurrió al laboratorio del Bioquímica dirigido por Marcos Maynar en la Universidad de Extremadura. Un informe elaborado por los hermanos Maynar aseguraba que Gurpegi producía la 19-norandrosterona de forma natural descartando que el dopaje. Existía un precedente en ese sentido, ya que el mismo laboratorio había conseguido elaborar sobre el baloncestista del Estudiantes Asier García que permitió su exculpación. En 2006, en cambio, no logró que la AMA dejase sin efecto la sanción contra el ciclista del Euskatel Aitor González alegando que había tomado un compuesto legal en mal estado.

Aquel documento de la Universidad de Extremadura no fue tomado en cuenta y el procedimiento contra Gurpegi siguió adelante. En los años siguientes, el nombre de Maynar salió vinculado a numerosos casos de dopaje pero lo cierto es que ha acabado siendo absuelto en todos. En 2004, Maynar fue uno de los 126 detenidos por la Policía española durante la Operación Gamma II, por un posible delito contra la salud pública. En el registro de su domicilio se incautaron esteroides y anabolizantes. Tras asegurar que los productos eran para ser usados en su laboratorio, quedó en libertad.

 

 

El 11 de mayo de 2008 siendo el doctor de dicho equipo, el ciclista portugués del LA-MSS Bruno Neves fallecía en carrera tras sufrir un paro cardiaco. Una semana después, la Policía Judicial lusa registró la sede del equipo LA-MSS, incautándose hormonas de crecimiento, EPO y aparatos para autotransfusiones. En los registros de las casas de los corredores del equipo se incautaron asimismo bolsas de sangre para autotransfusiones. Desde un primer momento Maynar negó todas las acusaciones aunque la Federación de Portugal le impuso una sanción de 10 años.

Apenas dos meses después, la televisión pública alemana ARD ofreció un reportaje en el que se informaba de que Maynar había enviado a cerca de 10 equipos ciclistas un email, entre ellos el Milram, High Road, CSC y Gerolsteiner, mostrando su interés para realizar un seguimiento de sus respectivos ciclistas. Un servicio cimentado en que los ciclistas de dichas escuadras fuesen sometidos a varias pruebas bajo los mismos parámetros que utilizaba la Unión Ciclista Internacional. Según el documental, la meta era que los ciclistas no diesen positivo. Maynar confirmó haber enviado los correos electrónicos pero aseguró que su objetivo era detectar a los corredores que rompían las normas.

En 2009, tras un proceso judicial, el extremeño fue absuelto en la trama contra el dopaje en el LA-MSS. Durante el juicio, Maynar acusó al doctor Jesús Losa, anterior galeno del conjunto luso y que anteriormente había despedido del Euskaltel después de que el escocés David Millar -que entonces residía en Biarritz- le acusase de haberle suministrado ampollas de EPO. En octubre de 2015, Maynar también fue absuelto junto a otras seis personas por el Juzgado de lo Penal número 1 de Bilbao en la causa de un presunto dopaje en el seno del club Urdabai de remo en 2010.

Poco antes de que la sanción a Gurpegi se aplicase de forma definitiva, el 23 de mayo de 2006, se produjeron las detenciones vinculadas con lo que se llamó la Operación Puerto. El origen de la misma parecía estar en la denuncia pública efectuada por el ciclista Jesús Manzano en el diario As en 2004. El corredor se había hecho tristemente famoso por sufrir un desfallecimiento mientras marchaba escapado junto a Richard Virenque en el Tour de Francia de un año antes. Según Manzano, la razón de su colapso se debía una transfusión con sangre en mal estado.

Tras los arrestos y diversas filtraciones a los medios, se anunció que entre los clientes de la red desarticulada, dirigida por Eufemiano Fuentes, habría jugadores de fútbol, tenistas, ciclistas y otros atletas de élite. Sin embargo, en el sumario del casoúnicamente se identificó a 58 ciclistas. La actitud del juez Serrano, que evitó que se investigase toda la documentación incautada y se negó a remitir las pruebas recabadas a organismos internacionales como la UCI o la AMA, dificultó que se profundizará. En 2013 el caso fue juzgado en la Audiencia Provincial de Madrid un presunto delito la salud pública. Fuentes y su colaborador José Ignacio Labarta fueron condenados a penas menores.

La llegada de Fernando García Macua a la presidencia del Athletic en julio de 2007 derivó en el despido de Sabino Padilla, que tuvo que ser indemnizado con cerca de un millón de euros. El médico de Otxandio rompió su silencio en 2008 mediante una entrevista realizada en el programa Hiru Erregeen Mahaia de Euskadi Irratia. En la que aseguraba que «el Caso Gurpegi es un montaje del Consejo Superior de Deportes. La razón de todo esto es la cruzada contra el dopaje que querían hacer, inhabilitando a algunos médicos pensando que los Juegos Olímpicos de 2012 iban a ser en Madrid». Las acusaciones del galeno se centraban en el entonces Secretario de Estado para el Deporte Jaime Lissavetzky. Desde 2010, Sabino Padilla trabaja en Canadá en asuntos realizados con la biología y los animales.

 

 

Lo sucedido tras aquel partido en Anoeta es un calvario que ha acompañado a Gurpegi durante su toda carrera. Así, en algunos sectores de determinados campos, especialmente notables en el Vicente Calderón o el Santiago Bernabéu, se han cebado con su persona. Teniendo que escuchar insultos como «yonki», «drogadicto» o vejaciones como la «pásame un gramo» ante la pasividad arbitral. Dentro del campo, algunos rivales también han utilizado el tema para insultar o provocar al navarro. Afortunadamente en San Mamés, sus compañeros y muchos futbolistas que han vestido otras camisetas siempre le han mostrado un profundo respeto y apoyo.

Lo cierto es que Carlos Gurpegi fue el protagonista involuntario de una historia en la que no tuvo culpa alguna pero que pagó con creces en primera persona. En lo deportivo y lo emocional. El comportamiento de algunos de los actores secundarios con peso principal queda para sus respectivas conciencias. Pasado el tiempo, la película podría haber tenido un guión muy distinto. Pero como ha dicho el propio Gurpegi en su comparecencia de hoy, «después de vistos los huevos… toro». Todavía el navarro no sabe cómo y por qué apareció la 19-norandrosterona en su cuerpo.

 

 

Sufriendo en los años que vivimos peligrosamente

Mientras duró todo el proceso judicial, Gurpegi vivió las dos primeras temporadas de Valverde al mando del primer equipo. Titular habitual, se convirtió en una de las principales referencias del equipo, cada vez más querido por la afición. La clasificación del equipo para Europa la primera campaña y la semifinal de Copa ante el Betis marcaron dicha etapa. Valverde, carente de sintonía con Lamikiz, acabó saliendo por la puerta de atrás y José Luis Mendilibar acabó pagando el pato. El de Zaldibar no congenió con alguno de los pesos pesados del vestuario, lo que unido a los malos resultados provocó su destitución. Un hecho que marcó al de Andosilla, ya que era la primera vez que cesaban a su entrenador.

Con Javier Clemente en el banquillo, el club decidió repescar a Aritz Aduriz y el donostiarra fue clave en la salvación del equipo con una gran segunda vuelta. El club pensó en fichar a Lotina pero acabó renovando al técnico de Barakaldo. Que no empezaría la siguiente temporada tras mostrarse crítico con los fichajes realizados por el club y chocar con algunos futbolistas del plantel rojiblanco.

El 31 de julio de 2006, durante una pretemporada en Alemania, el entonces entrenador rojiblanco Felix Sarriugarte y el delegado Txato Núñez fueron los encargados de confirmar a Carlos Gurpegi que había sancionado durante dos años por la Sala de los Contencioso-Administrativo de la Audiencia Nacional española. No cabía recurso. El de Andosilla no volvería a competir hasta finales de abril de 2008. La pesadilla alcanzaba a su punto más oscuro. Llegaban los días en los que la tristeza e incertidumbre daban paso a la rabia y la frustración. Gurpegi se marchaba con lágrimas en los ojos de Lezama, mientras el club, afición y sus compañeros trataban de ayudarle.

 

 

El castigo coincidió con la peor temporada de la historia del club. El conjunto rojiblanco estuvo a punto de bajar a Segunda, algo que evitó en la última jornada ante el Levante. La sanción al de Andosilla y las gravísimas lesiones de Tiko y Orbaiz mermaron aún más la capacidad competitiva del equipo. Fue en un curso turbulento, en el que Clemente fue cesado en pretemporada, Lamikiz dimitió tras el tercer partido de Liga y el escándalo por el caso Zubiaurre en los juzgados. Con Iraola y Murillo en el doble pivote, Yeste y Josu Sarriegi jugaron infiltrados y un joven Javi Martínez jugando en la banda derecha, Mané y Ondarru lograron salvar al equipo. Con Aduriz y Urzaiz como goleadores, el agua nunca bajó de la parte inferior del labio.

Sin fichajes en el mercado invernal, más allá del de Unai Alba. Ibaigane trato de contratar a los veteranos Gaizka Mendieta e Iván Campo, que entonaban el canto del cisne en Inglaterra. Fue imposible, había que aguantar con lo que había. Asimismo, los técnicos tampoco se atrevieron a tirar de Lezama, a pesar de que unos entonces veinteañeros Beñat Etxebarria, Markel Susaeta y Anaitz Arbilla podrían haber contado con su oportunidad. Fue lo que se conoció como el bienio negro, los años en los que vivimos peligrosamente. Los tiempos en los que el Athletic siguió llenando el viejo San Mamés. Las malas noticias y la mediocridad se adueñaron del club, pero la serenidad mostrada por la entonces presidenta Ana Urquijo también ayudó a evitar la catastrofe.

 

 

 

«Un Ferrari en el garaje»

En ese contexto llegaron las elecciones que ganó Macua, de su mano aterrizaron en Bilbao Joaquín Caparrós y un buen número de fichajes. El mejor, el de Carlos Gurpegi, que podría retornar a finales de abril poniendo punto final a un mal sueño. Pese a no completar una buena temporada y mostrar un juego excesivamente rudimentario y agresivo, lo que se vio superaba con creces lo de los años precedentes.

Caparrós aseguró que la situación de Gurpegi era «como tener un Ferrari en el garaje». Y lo sacó a pasear en el Bernabéu, apenas unos días después de expirar la sanción. Faltó de rodaje, el navarro dio la cara, como siempre. Sin embargo, fue contra el Mallorca en San Mamés donde recibió el calor de toda la afición en un homenaje preparado por el club y en el improvisado por la hinchada.

 

 

De vuelta, Gurpegi tenía como objetivo regresar a su nivel competitivo anterior, el mismo que ofreció con Heynckes y durante la primera etapa de Valverde. Dos temporadas en las que el preparador gasteiztarra lo recicló al centro del campo primero y al eje de la zaga después. Tiko, Orbaiz y Luis Prieto eran sus acompañantes habituales, especialmente en los partidos importantes. Su trabajo, inteligencia táctica, lucha y juego aéreo eran sus principales virtudes. No le resulto fácil volver a adquirir ese nivel.

Instalado ya en los puestos de contención, la temporada 2008-2009 no le sonrió en lo personal. Pese a que el equipo retorno a una final tras 24 años de ausencia, Gurpegi contó con menos minutos de lo esperado, no jugó en la gran cita de Mestalla e incluso fue alineado como lateral derecho. Un puesto poco acorde para sus características. Una situación que le llevó a pensar que podía cambiar de aires. El Valladolid de Mendilibar, un técnico por el que tiene un enorme respeto, estaba dispuesto a hacerle un hueco. En pocos meses, Caparrós había consentido sin rechistar la venta de Aduriz y metía su particular «Ferrari» en el garaje por decisión propia.

 

 

La fortaleza ante las adversidades, castigado por las lesiones

El trabajo diario y su capacidad para metabolizar, procesar y dar la vuelta a situaciones complicadas fueron la clave para que Gurpegi volviese a tener un papel fundamental en los esquemas de Caparrós. Su fortaleza mental y no bajar nunca los brazos, le volvieron a sacar a flote. Entre 2009 y 2011 jugó un total de 79 partidos bajo la dirección del entrenador utrerano, al que había logrado convencer definitivamente.

Al igual que lo hizo con Marcelo Bielsa, Luis Bonini y todo su equipo técnico, mostrando una especial predilección por la actitud del de Andosilla. Y eso qué pese a no poder contar con él durante la primera temporada, fue un futbolista fundamental para mantener el equilibrio de la caseta en los malos momentos y dar ejemplo en cualquier instante.

En el curso de las dos finales Gurpegi apenas pudo jugar siete partidos al romperse el ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda en Mestalla. Aquel era uno de los primeros partidos en los que se atisbaba la capacidad del Athletic de Bielsa, aquel maravilló entre octubre de 2011 y mayo de 2012. Tras las derrotas de Bucarest y el Vivente Calderón, Gurpe fue uno de los encargados de animar a sus compañeros, desolados. El navarro hacía de tripas corazón, estaba igual o más tocado que el resto.

Y es que las lesiones han sido el otro elemento perturbador de la carrera del navarro. Dos roturas del cruzado, la primera con 18 años y la segunda con 31, varias lesiones musculares, se ha fracturado la nariz en dos ocasiones y también la mandíbula. Choques que dentro del campo le han llevado al hospital. Se puede decir, sin ningún riesgo de equivocarse, que Gurpegi se ha partido la cara por el Athletic. En más de una ocasión.

 

 

Siempre se ha repuesto, hasta conseguir su objetivo, ser fiel y de ayuda para el Athletic hasta el último momento. Tranquilo, sus hechos han resonado más fuerte que sus palabras. Tanto él como Iraola vivieron en primera persona las turbulencias derivadas de la resaca posterior a las dos finales. Ninguno de los dos era una estrella fugaz, ni el protagonista de ninguna gran producción, pero sí dos futbolistas plenamente conscientes de su papel e importancia. Ambos eran piezas imprescindibles debido a su empatía y conocimiento de lo que representa el club tanto a nivel deportivo como social.

En palabras de Luis Bonini, el preparador físico de Bielsa, a El Mundo en una entrevista realizada hoy por el periodista Jon Rivas, «cuando llegamos al Athletic vimos enseguida que representaba al jugador profesional que además tiene muy dentro el sentimiento de lo que es jugar en un club así, una persona de valores muy altos que hacen que se convierta en un espejo para los compañeros más jóvenes sobre lo que debe ser un integrante del plantel del Athletic. Gurpegi es el Athletic».

 

 

Ser útil hasta el último momento

Los regresos de Aduriz primero y Valverde después completaron el círculo. El ecosistema se tornaba perfecto para el capitán del equipo. Titular durante la temporada del retorno de Txingurri, curso en el estuvo acompañado por un chaval llamado Aymeric Laporte. Hoy, uno de los mejores centrales de Europa y que ha enviado un emotivo mensaje de agradecimiento al de Andosilla tras anunciar su retirada.

Otra lesión de rodilla, más leve, fue limitando su presencia en el equipo, aunque siempre ha sido un hombre de plena confianza para Valverde. La irrupción de Xabi Etxeita como titular han convertido a Gurpe en jugador de la rotación, dispuesto a echar una mano en lo que haga falta. La temporada pasada, en la que debutó en Champions, disputó un total de 35 partidos. Aunque no tuvo minutos en la final de Copa disputada en el Camp Nou.

 

 

En palabras a GARA poco antes de la cita de la capital catalana, el navarro aseguraba que «poder ganar una final para nosotros es impresionante. Creo que por mucho que lo pensemos no sabemos lo que supone ganar el partido contra el Barcelona y todo lo que va a significar para el club. Hay gente a la que le están quitando las casas, es una situación durísima, y estoy seguro de que esa gente también se alegrará si ganamos. ¡Y la tenemos ahí!». Era consciente de que estaba ante «el partido de nuestras vidas». Reconocía también que «no sabes cuantas veces me he visto corriendo con el trofeo por el campo! Si se pudiera plasmar lo que me pasa por la cabeza». No pudo ser, el Barcelona se impuso por tres a uno al Athletic y los leones perdían su quinta final, tercera de Copa, en seis años.

 

Con la Supercopa debajo del brazo

La revancha, no obstante, apareció muy pronto, en el momento más insospechado. La final de la Supercopa permitió al Athletic arrollar el Barcelona en San Mamés. Cuatro a cero en un partido perfecto, el título estaba al alcance de la mano. Esta vez sí.

 

 

En el Camp Nou, con Gurpegi de titular, Iraizoz bajo los palos, Aduriz como goleador y Valverde en el banquillo, el Athletic era de nuevo campeón después de 31 años de sequía. La explosión de alegría fue total, Gurpegi relevaba a Dani como el último león en levantar un título.

Hubo quién quiso quitar relevancia al trofeo, igual de oficial del resto y que solo pudo ganar el Athletic ante el Barcelona de Messi, pero la hinchada rojiblanca fue plenamente consciente del éxito. La posibilidad de celebrarlo con la afición es otro de los momentos que quedará grabado para siempre en la trayectoria de Gurpegi.

Una carrera deportiva al más alto nivel en la que ha compartido caseta con futbolistas como Josu Urrutia, Rafa Alkorta, Bittor Alkiza, Julen Guerrero, Roberto Ríos, Aitor Larrazabal, Iñigo Larrainzar, Carlos García, Aitor Karanka, Joseba Etxeberria, Isma Urzaiz, Santi Ezquerro, Fran Yeste, Asier del Horno, Mari Lacruz, Tiko, Orbaiz, Luis Prieto, Andoni Iraola, Dani Aranzubia, Iñaki Lafuente, Josu Sarriegi, Fernando Llorente, Javi Martínez, Aritz Aduriz, Igor Gabilondo, Gorka Iraizoz, Koi, Aitor Ocio, Fernando Amorebieta, Toquero, Iker Muniain, Mikel San José, De Marcos, Ibai, Susaeta, Iturraspe, Eneko Bóveda, Ander Herrera, Aymeric Laporte, Xabi Etxeita, Mikel Rico, Beñat, Balenziaga, Williams, Iago o Raúl García. Diferentes épocas y generaciones, temporadas de todo tipo, pero con un nexo de unión, la camiseta rojiblanca, el escudo del Athletic y la presencia de Gurpegi en el equipo. Heynckes, Valverde, Mendilibar, Clemente, Sarriugarte, Mané y Ondarru, Caparrós, Bielsa y, de nuevo, Txingurri han sido los técnicos del de Andosilla en el Athletic. De todos a aprendido algo y todos guardan un gran recuerdo del navarro.

 

 

La conquista de la Supercopa y la capacidad competitiva de un equipo que cuenta con el vestuario más sano de la Liga han sido factores determinantes para que Gurpe ponga punto final a su trayectoria con tranquilidad. Cercano a los 36 años y 393 partidoss después, se despedirá el próximo sábado ante el Sevilla en San Mamés.

Será una cita muy especial para un jugador trascendente. La gente espera poder despedirse de un futbolista al que guarda un enorme cariño, una leyenda del club. Desde la Iñigo Cabacas Herri Harmaila llevan ya un tiempo preparando un tributo sumamente particular. Todo el entorno rojiblanco se dispone a vivir una jornada de grandes emociones, el sábado a las 19:30 en San Mamés.

 

 

Será un homenaje más que merecido para un gran futbolista que ha ejemplificado en primera persona los valores del Athletic. Que ha sabido sufrir y levantarse para acabar disfrutando. Siempre con una sonrisa, amabilidad y cercanía. Las buenas palabras hacia Gurpegi no son fruto de su adiós, suponen la recompensa y el hilo conductor de toda su trayectoria. Se lo ha ganado.

 

#EskerrikAskoGurpe

 

Beñat Zarrabeitia

 

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