
Resulta complicado escapar a la tradición. Esta, de una u otra forma, dice que hay que evitar la primera persona. Que hay que presentar lo quiere decirse con formalismo, sentenciando, mostrando seguridad en lo que se dice. Un pequeño arte, olvidado, en sí mismo. Explicar lo que esconde o enseña o ambas cosas a la vez, un disco o una canción. O las interpretaciones en directo de esos álbumes y composiciones. Tender un puente, un mapa, una explicación que aparentemente nadie pide ni quiere ni tan si quiera lee, pero que se publica. Que está ahí. ¿Lucha contra la herramienta? ¿Y si la herramienta ayuda?
Es complicado abordar la crítica de un disco como ‘Garun ta eztarri’ o el canal comunicativo entre quién ha escuchado y escribe y quien ha escuchado o escuchará y, presuntamente, leerá, sin aferrarse a una idea tan simple y primaria como la de la emoción. La emoción en primer plano y en todos los rincones a los que quien escucha puede alcanzar. Bananas, desde el monicker de la banda hasta su portada, juega con un sentimiento entre posmoderno y naif. Como no queriendo mostrarse. Como queriendo ser algo inclasificable en lo gráfico. Pero una vez pulsado el play en el equipo reproductor, lo que el sonido alumbra es pura emoción. Todo eso que visualmente quiere disimularse queda sepultado al escuchar los primeros compases de ‘Beste behin’: Bananas han nacido para celebrar la vida, para ponerle música a la parte más amarga de la vitalidad humana, esa en la que sentimientos como la frustración, la tristeza, la impotencia, el dolor o la incomunicación se hacen capitales. Capitales para recoger amarras, replegarse, explorarse, entenderse y volver a la carga. Hacia delante. Hacia algún horizonte, por lejano que sea.
‘Beste behin’ arranca con una serie de guitarrazos distorsionados pero limpios, claramente amparados en la melodía. Es esa una de las marcas de la casa. Las guitarras de Ander X. e Itzal son una parte importante del motor melódico y armónico de Bananas. La simbiosis entre ambos da forma a melodías esculpidas en algún placentero y equilibrado lugar imaginario. Tejen, hacen, rehacen… nunca paran. Siempre trabajan para dotar a cada composición de una identidad propia, tierna y esperanzadora. La voz de Gartxot, uno de nuestros hombres orquesta de presente y futuro, no hace más que se tensione la cuerda hasta lograr casi la rotura emocional de nuestras defensas. De acuerdo, para neófitos y puristas, la garganta de Gartxot sonará áspera como una lija. Entrecortada. Dolorosa. Poco habitual. Artificial. Es aquí donde hay que trabajar. Sembrar para recoger. Para ir más allá. Porque la música de Bananas es una especie de ejercicio artístico interdisciplinar. Como si alguien lograse fotografiar una emoción o una sensación, por abstracta que sea, gracias a la combinación y superposición de elementos. Un guitarrazo sucio aquí, un arpegio limpio allá, una línea de bajo adornando esto, un ritmo de batería subrayando lo otro, Gartxot vociferando desde el estómago como si cada frase fuese un lamento, un reproche al paso del tiempo o confusión comunicativa… todo al servicio de una melodía, o decenas de melodías en poco espacio-tiempo. Todo incesante, vital y brillante.
El retratar lo abstracto y convertirlo en melodía y verso es una lección masticada por Bananas que ponen en práctica en forma de canción. Ahí irrumpe ‘Zenbaterainor’. Melodía tras melodía, climax ascendente y explosión de color sobre un texto repleto de dolor y preguntas. Más equilibrio maestro sobre el lamento producido por el paso del tiempo en ‘Zaldi beltz bat’. La cara a se cierra con la luminosa ‘Bideharri’, una nueva combinación de melodías desparramadas contra un acantilado que dejan al oyente al borde de un placentero y amable colapso emocional.
La cara b arranca con ‘Zama’, un tema cambiante que nace en una explosión ocurrida en la laringe de Gartxot. Pronto muta a uno de esos pasajes donde todo encaja: limpieza, suciedad, recuerdos, preocupaciones, melodías y más melodías. Siempre melodía. En esas entra Cándido Gálvez, voz intensa de los imprescindibles cordobeses Viva Belgrado, rompiéndose en euskara, ayudando allí donde lo llaman. Elevando el contraste entre la limpieza de un arpegio puro y una voz acribillada por alfileres. Y el final, con Gartxot y Candi elevando el choque de trenes a su enésima potencia.
Referentes claros, juicios confusos. No cabe quedarse ahí. Son varios los análisis que abordan la cuestión de que Bananas son los Touché Amoré vascos. O los Viva Belgrado en euskara. Siempre hay que ir más allá. En busca de una descripción más fidedigna. Ahorrarse el camino fácil. Tratar de ser más útil. Pese a que no sea sencillo. ‘Ulia’ es una nueva demostración de músculo melódico y combinación de capas, con un break y una vuelta al camino inicial.
‘Lehen Buru Gerra’ es otra de las joyas capitales de ‘Garun ta eztarri’. Una maravillosa descripción de cómo abordar la tristeza y el miedo. Con frases terribles y certeras y juegos de palabra realmente atinados. Y el cierre, otra apuesta por la melodía y la armonía parida desde la rabia contenida en ‘Kontra edo alde’.
‘Garun ta eztarri’ es un álbum exigente para quien explore estos terrenos por primera vez. Alterará el confort del oyente además de sobrexponerle a un ambiente tremendamente dramático. Una vez superado el shock inicial y digeridas las novedades incómodas, llegará el momento de disfrutar de un nuevo universo en el que lo vital llega tras la exploración de sensaciones negativas. Negativas o no, la vida tiene múltiples caras. Sentirse vivo es, a su vez, una conjunción de sentimientos contrapuestos. Hay que abordarlos, todos, irremediablemente. Bananas ayudarán al viaje desde la poética de sus letras y lo abstracto de su propuesta musical a base de capas.
Quien se sienta cómodo con el sonido de los donostiarras porque es ya un experto, no se sentirá defraudado y, con las escuchas, probablemente escape del juicio fácil de compararlos con a y con b. De reducirlos a una simple influencia.
Y este texto acaba aquí. Tratando de seguir una corazonada. Buscando ofrecer un mapa o una guía que ayude a quien lea en la inabarcable aventura de escuchar ‘Garun ta eztarri’. Queriendo combinar algo de ese formalismo clásico con la ordenación de los sentimientos producidos por los ocho cortes del debut de Bananas. En definitiva, tratando de explicar con emociones las emociones que despide la banda.

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