
Qué terminará siendo el metaverso: ¿una revolución inmersiva, una tercera dimensión de internet o un bluf? Esa es la cuestión.
A partir de ‘meta’ (más allá) y de ‘verso’ (en referencia al universo), el metaverso se abre paso en empresas, en instituciones y gobiernos, en sectores como el sanitario, el educativo, el deportivo, el cultural y el del ocio.
De hecho, el Gobierno de Nafarroa cuenta con un espacio en el metaverso para la interacción entre la ciudadanía, las empresas y la Administración.
Todos quieren estar en ese nuevo espacio virtual y tridimensional desde el que se podrá trabajar, asistir a clase, acudir al banco o a la consulta del médico, pero también probarse la ropa que se compra por internet o ir a un concierto.
La voz no está ligada a ninguna marca en concreto, porque cada empresa crea su propio espacio virtual y decide qué se puede hacer en su metaverso, ni es, desde el punto de vista de la innovación y la tecnología, un concepto radicalmente novedoso.
Porque hace ya veinte años que existe, por ejemplo, ‘Second Life’, un mundo paralelo donde los usuarios, a través de su avatar, pueden participar en una comunidad digital y realizar multitud de actividades. Se trata de ‘vivir’ una segunda vida o una vida paralela que nada tiene que ver, si no quieren, con su realidad física.
Un uso limitado al ocio
Antonio Lozano, responsable de ventas de innovación de la multinacional del sector tecnológico Plain Concepts, ha observado que el metaverso no se basa en una sola tecnología, sino que se apoya en varias (el blockchain o cadena de bloques, la inteligencia artificial, la realidad virtual o la realidad mixta) que han evolucionado mucho durante los últimos años.
Pero ¿podría ser también una tecnología que acabe usando solo una parte de la sociedad y que contribuya a agrandar las brechas que ya existen? Antonio Lozano señala que tienen que experimentar todavía un gran avance para que todo el mundo pueda llegar a utilizarla, pero se muestra convencido de que el metaverso se llegará a convertir en algo «democratizado» y de que su uso no se limitará al ocio.
De hecho, augura que se va a generalizar antes en el mundo empresarial y que los ‘gemelos digitales’ van a ayudar a muchas compañías (cita las de logística, los fabricantes de automóviles o las constructoras) a digitalizar sus infraestructuras y muchos procesos para evaluar, por ejemplo, el estado de sus instalaciones, para hacer test o para reorganizar sus cadenas de montaje.
Y aunque apunta al «ruido» y a las «exageraciones» que existen en torno al metaverso y sus posibilidades, sí reconoce que permite hacer cosas que en la vida real serían muy difíciles y costosas, como diseñar un gran espacio comercial y recorrerlo antes de que sea una realidad física. Además de que los límites a la creatividad son mucho menores y permite ‘vivir’ experiencias imposibles en el mundo real.
La línea entre lo que se puede permitir y lo que no en esos universos paralelos es todavía «muy difusa», según Lozano, quien incide en ese sentido en la necesidad de reflexionar sobre cómo puede afectar a las personas el hecho de poder desarrollar de una forma habitual acciones que pueden ser «indeseables».
Y cita un riesgo o desafío añadido: el referido a la seguridad y a la privacidad. Porque será importante que los diferentes metaversos se puedan comunicar entre sí y se identifique la responsabilidad de los datos en cada momento para que los usuarios se muevan de forma fluida y segura en diferentes espacios virtuales, como hoy lo hacen, por ejemplo, entre distintas páginas web. «Habrá una enorme circulación de datos y será imprescindible su protección», insiste.
La diferencia: el hiperrealismo
La divulgadora Silvia Leal, asesora de la Comisión Europea en competencias digitales y experta en innovación y transformación digital, es autora del libro ‘Y de repente... llegó el metaverso’, en el que repasa algunas de las claves de ese universo virtual y cómo está ya determinado en algunos casos el trabajo, el ocio, la moda o el deporte.
Leal ha observado también que no se trata de una tecnología nueva (recuerda también el ejemplo de ‘Second Life’), pero ha subrayado que sí es nuevo el estado en el que se encuentran ya las tecnologías que hacen posibles las experiencias inmersivas, «la sensación de hiperrealismo. Esa es la verdadera diferencia».
A su juicio, el metaverso es un nuevo canal de comunicación que puede revolucionar la forma en la que las marcas se relacionan con sus clientes y arrastra además enormes oportunidades de ocio y de negocio. Pero está convencida de que no tiene por qué ser utilizado solo por una parte de la sociedad.
Y frente a quienes advierten de que esto puede ser «un bluf», ha observado que algunos de los gigantes tecnológicos (la red social Tik Tok o Apple, entre otros) ya se han sumado a esta tendencia. «Si a ellos les interesa, y les interesa mucho, se encargarán de sacarlo adelante», asegura.
De momento, cada metaverso tiene sus propias reglas, aunque hay algunos «que presumen de no tenerlas y de que no las van a tener», señala esta divulgadora, que no duda en subrayar la importancia de que exista una regulación precisa. «Estamos hablando de experiencias inmersivas imposibles de olvidar, que pueden ser maravillosas, pero también traumáticas», indica.
Leal advierte de que las reglamentaciones y legislaciones actuales van a resultar insuficientes frente a estos nuevos mundos y se ha preguntado «qué pasa si roban mi cuerpo digital o si lo asesinan. Vamos a un mundo de ciencia ficción que necesita ser regulado».

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