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Un laboratorio vasco a -30 grados estudia el cambio climático en el aire atrapado en hielo

El laboratorio Izotzlab, ubicado en el parque científico de la UPV/EHU de Leioa, opera a temperaturas de entre 5 y 30 grados bajo cero para estudiar muestras de hielo para analizar los efectos del cambio climático y la composición de la atmósfera de hace miles de años.

Glaciar de Pine Island, en la Antártida.
Glaciar de Pine Island, en la Antártida. (UNIVERSITY OF NORTHUMBRIA | EUROPA PRESS)

En un «laboratorio del hielo» que opera a bajas temperaturas de entre 5 a 30 grados bajo cero se analiza el aire atrapado en el hielo de los Pirineos, Groenlandia o Himalaya para estudiar el cambio climático. Se trata de Izotzalab, del centro BC3 de investigación sobre el cambio climático, ubicado en el parque científico de la UPV/EHU en Leioa.

Su responsable es el científico Sergio Henrique Faria, quien ha hablado del trabajo que hace el laboratorio con muestras de hielo de distintas partes del mundo, algunas de ellas procedentes del Himalaya, recogidas por un equipo investigador que acompañó al alpinista Álex Txikon en una de sus expediciones.

Con ellas, los investigadores analizan la evolución del cambio climático, un fenómeno que, a su juicio, representa un desafío de «proporciones gigantescas» al exigir su tratamiento una coordinación, comprensión y solidaridad internacional a largo plazo.

Para su estudio, según el experto, «el hielo es el material más interesante», entre otras razones por la manera en la que se forma en las zonas polares y en los glaciares a través del depósito de la nieve.

Registro de la composición atmosférica

«Esta nieve viene con un registro perfecto de la composición atmosférica del momento», ha explicado Sergio Henrique Faria, que en su momento formó parte del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, IPCC.

Según ha señalado, el hielo que se forma a partir de la nieve contiene burbujas de aire, «aire atrapado», con la composición atmosférica «precisa del momento», que «se queda ahí perfecto» por miles de años.

En el laboratorio, según ha dicho, «tenemos hielo de la Antártida que llega a 800.000 años y estamos ahora buscando el hielo con más de un millón de años».

Además del aire atrapado en las burbujas, el hielo también contiene partículas de polvo y sustancias como hollín procedentes de épocas más recientes con actividad industrial, lo que permite analizar la evolución de la polución.

Para el investigador, se trata de un registro climático «incomparable» a cualquier otro, que «no tiene la precisión que tiene el hielo para darnos información tan directa».

Los trabajos de los científicos del laboratorio vasco y de otros grupos de investigación internacionales, con los que Izotzalab colabora, alertan de realidades ya inevitables por efecto del calentamiento global.

Pirineos sin glaciares

En los Pirineos, por ejemplo, las conclusiones de la comunidad científica señalan que sus glaciares, que «han resistido otros períodos cálidos de la historia, no van a resistir en este período».

«Los glaciares de los Pirineos se van a seguir derritiendo y descomponiendo», ha sostenido el experto.

Según conclusión general de los investigadores, es «inevitable» la pérdida del hielo en los Pirineos, lo que «no significa que en un futuro, desafortunadamente distante, con la estabilización de la temperatura, se puedan empezar a reconstruir nuevos glaciares», pero ello podrá ocurrir en «un período muy largo», ha advertido.

Los científicos del laboratorio vasco, interesados en estudiar las actividades humanas de la región de los Pirineos de los últimos 2.000 años, tienen prisa en obtener muestras porque queda poco hielo y a medida que se va derritiendo se pierde «la historia registrada».

Groenlandia y la Antártida

También se está perdiendo mucha masa de hielo en los glaciares de Groenlandia y la Antártida, lo cual «desafortunadamente» va a continuar ocurriendo «por inercia» hasta que se consiga estabilizar la temperatura. «Hablamos de cientos de años», ha avisado.

Groenlandia es uno de los puntos de los que proceden las muestras que se analizan en Izotzalab, que también trabaja con muestras del Himalaya.

Estas últimas fueron obtenidas por un equipo del BC3 que viajó con Álex Txikon en la expedición que el montañero vasco realizó en 2019 al monte K2, en la cordillera del Karakórum, en el norte de Pakistán.

«Mientras los alpinistas estaban subiendo el K2, nosotros investigábamos los depósitos de nieve al pie» de la montaña con el fin de analizar los impactos climáticos de la actividad de los montañeros y los turistas, así como de la actividad industrial reciente en la región, ha explicado el experto.

En aquel viaje, los científicos entrenaron a los montañeros para obtener muestras, lo que ha permitido a Izotzalab disponer de hielo recogido en «altitudes impresionantes», a más de 6.000 metros de altitud, algo muy raro de lograr.

Por falta de espacio, el laboratorio vasco que analiza estos trozos de hielo es de tamaño reducido, a diferencia de instalaciones similares de Suiza, Alemania, Francia, Dinamarca, EEUU o Japón, donde este tipo de laboratorios son «inmensos», con espacios diferenciados para el desarrollo de distintas aplicaciones.

Laboratorio compacto

«Aquí –ha explicado– tenemos todo compacto en 25 metros cuadrados» y tener una sola cámara «para todo» obliga a tener «un ajuste de temperatura muy preciso de 5 a 30 bajo cero» y un control exacto de la humedad y la calidad del aire dentro del habitáculo.

El laboratorio vasco, por «esta flexiblidad, que nos permite cambiar en pocas horas de una condición a otra, a nivel mundial es muy único», ha afirmado

Debido a las bajas temperaturas, los científicos tienen que acceder a la cámara protegidos por una ropa especial y deben aclimatarse en una pequeña antecámara, cuya función es también procurar que la temperatura y la humedad de la cámara principal permanezcan estables, sin afecciones del exterior.

«Eso es muy importante porque, tratándose de hielo, cualquier variación de temperatura o humedad causa la formación de escarcha y en la muestra ya no se puede ver nada más», ha señalado.

El «laboratorio del hielo» ha cumplido en febrero dos años desde que se puso en marcha tras su construcción en plena pandemia.

La construcción, en colaboración entre ingenieros y científicos, fue compleja porque «no hablamos de un frigorífico de pescadería», sino de una instalación con «una estabilidad perfecta» en cuanto a humedad y temperatura, ha indicado el investigador.

La equipación posterior del laboratorio tampoco estuvo exenta de dificultades ya que, según ha expuesto, a menos de 30 grados «nada funciona» y hay que modificar hasta «el mínimo tornillo».