
A algunas vanguardias creativas les fascina el misticismo hispano de personajes como Teresa de Ávila o San Juan de la Cruz. No en vano se define aquel notable tiempo de espiritualismo lírico como mística experimental. Y esa lógica parece confluir en la última obra del neoyorquino John Zorn, que en esta edición del Festival dirige seis formaciones distintas, en tres días consecutivos, con diez músicos participantes.
Tras ‘Nove Cantici per Francesco d’Assisi’ y ‘Virtue (for Julian of Norwich)’, ‘Teresa de Avila’ es el final de una trilogía que el creador neoyorquino creó, junto a varios colaboradores, sobre el misticismo cristiano. Es lo que sonó ayer, en el Kursaal, en la sesión inaugural de su propuesta global para esta edición, a cargo del dúo a la guitarra de Gyan Riley y Julian Lage.
El propio Zorn presentó cada una de las partes de la doble sesión. Con el cubo mayor por primer día a media entrada, la influyente fundadora de las Carmelitas Descalzas fue recordada en un impoluto mano a mano guitarrero, limpio de artificios, con títulos como ‘El Camino’, ‘Danza estática, locura’, ‘Marrano’, ‘El Castillo Interior’ o ‘Devotion of Ecstacy’. Un pulcro juego instrumental que remitió a la rica tradición guitarrística hispana, sin aportar mayor novedad creativa y cuyo nervio festivo dejó la duda de su supuesta conexión con las levitaciones de la santa monja Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada.
‘Suite for Piano’ fue la segunda obra de esta primera sesión ideada por el vanguardista neoyorquino, a cargo del pianista Brian Marsella más Jorge Roeder al bajo y Ches Smith en la batería. Parcialmente inspirada en las Variaciones Goldberg y la música para piano solo de Schoenberg, la versión personal de Zorn resultó un rotundo experimento jazzístico.
La velada a bocajarro con un excepcional Marsella y la enorme labor de la sección rítmica recorrió todo el álbum: de ‘Praeludium’, ‘Allemande’ o ‘Sarabande’ a ‘Pavane’, ‘Intermezzo’ y ‘Air’. En este caso el «zornismo» pareció muy presente en la intensidad y desenfreno del notable recital, aunque la habilidad del trío supo intercalar el caos con capítulos de fino recogimiento.
Tornados de complicidad
A pesar de que el trabajo que el pianista menorquín Marco Mezquida presentaba ayer al aire libre se llama ‘Tornado’, el firmamento siguió sosamente tristón en la nuevamente repleta Plaza Trinidad, pero sin dar batalla. El ya consumado instrumentista y compositor vino secundado por sus fieles colaboradores, el contrabajista Masa Kamaguchi y Ramon Prats a la batería y explicó que el título es un homenaje a su colega bajista, japonés, y los tornados de su país.
Fue precisamente la composición tormentosa la que abrió sesión y entre la espesura sónica fue sonando levemente, cual visión mágica, la hermosa melodía ‘Xalbadoren heriotzean’. Mezquida liberó con delicadeza y entre la bruma sonora el hondo lirismo de Xabier Lete tan torpemente tratado por muchas versiones, la última llegada incluso de ultramar.
Un arranque tan particular iba a tener larga continuación en un extraordinario vuelo libre del trío que subió a alturas y fugas de intensidad y descendió a tiernos momentos de sosiego. La emotiva y final ‘Taifü-Adiós abuela’ dejó en el aire un temblor de belleza.
Muchas de las almas fieles del Jazzaldia, que andarían por allí, recordarán la tarde del Jazzaldia 2013 en la que un curioso cantante bramó imponente, tocándose con un gordo gorro negro muy impropio para el solazo que caía sobre las terrazas del Kursaal. Era Gregory Porter, ahora un fiel (también su gorro) del certamen.
Anoche,en su sexta visita, cerró fiesta en el recinto de Alde Zaharra, con la ayuda de Chip Crawford (piano), Emanuel Harrold (batería), Tivon Pennicott (saxo), Jahmal Nichols (bajo) y Ondrej Pivec (Hammond). De elegante blanco y con un macizo vozarrón, el barítono de la californiana Sacramento bordó un recital en clave de soul concienciado y positivo. Con un eficaz quinteto de apoyo, Porter cantó romántico en títulos como ‘Hey Laura’. Reivindicó el poder de la música en el largo ejercicio con cita a The Temptations, ‘My Girl / Papa Was a Rollin’ Stone / Musical Genocide’. Y se vació en largos lamentos solidarios y redentores como ‘On My Way to Harlem’, ‘Take Me to the Alley’ o ‘Mister Holland’. El empático ‘You Can Join My Band’ cerró con cálida complicidad el brillante encuentro.
Ríos de música
La máquina sónica funcionó a pleno rendimiento en el resto del programa de la jornada bisagra del Festival. Con el hermanamiento de jazz y fado en San Telmo. La doble cita del Victoria Eugenia con el teclista multigéneros David Sancho y el vanguardista saxo cántabro Juan Saiz. En ls terrazas de la Zurriola, la big band local, los pianistas Iñar Sastre, Nacho Soto, y Martin Mesecki, el trompetista Óscar Garrido y los pulcros rockeros North Mississippi Allstars.
Las animosas Les Amazones d’Afrique hicieron bailar a la masa playera. Y después, los iruindarras El Columpio Asesino congregaron una notable masa y prometían de madrugada «te voy a hacer bailar toda la noche» en su despedida como grupo de la audiencia guipuzcoana.
Hoy vuelve de mañana el pianista portugués Júlio Resende a San Telmo. Los cuartetos de los contrabajistas Marcelo Escrich y Martín Leiton están en el Victoria Eugenia. La amplia troupe vanguardista que comanda John Zorn vuelve al Kursaal con ‘Incerto’ y ‘Simulacrum’.
En las terrazas del Kursaal actuarán FEMMM & Band, los navarros Gregario de Luxe, Nhil, Les Saxes & Co y Pere Bujosa Trío. La Plaza Trinidad se viste de lujo para recibir a la crema del jazz veterano. En la primera mitad, encuentro entre el guitarrista John Scofield y el contrabajo de Dave Holland. Y en la segunda sesión intervendrá el influyente contrabajista William Parker, premio Jazzaldia 2024, en formato de cuarteto con Rob Brown (saxo alto), Ikuo Takeuchi (batería) y Eri Yamamoto al piano.
La traca final sabatina de la playa estará primero a cargo de los finos rockeros yanquis North Mississippi Allstars, que repiten jornada, y la gamberra banda iruindarra Chill Mafia, en la segunda noche navarra de la Zurriola.

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