Iker Fidalgo
Crítico de arte
PANORAMIKA

Sostener

Obra de la exposición «Garrapata», de la artista Abigail Lazkoz, que se puede ver en la  galería bilbaina Espacio Marzana hasta el próximo 27 de febrero.
Obra de la exposición «Garrapata», de la artista Abigail Lazkoz, que se puede ver en la galería bilbaina Espacio Marzana hasta el próximo 27 de febrero. (Cortesía de Espacio Marzana)

Hace tiempo que las ciudades comenzaron a cambiar la manera en la que se organizan. Desde hace años, aquellos cascos urbanos inundados de nocturnidad, viviendas populares y escenas de barrio, dieron paso a locales hosteleros sin ADN propio, comercios orientados para un público visitante y actividades que cambian el carácter de lo que fueron. Por otro lado, en muchos casos, son escenario y oportunidad para la creación de proyectos culturales o espacios autogestionados. Desde aquí se forma una nueva red de agentes que convive a medio camino entre la búsqueda por sobrevivir a la precariedad del trabajo cultural y una refundación de la relación vecinal en un entorno ahogado por el turismo. Es por eso que esta situación, que se da en las principales ciudades de nuestro territorio, nos enfrenta a una situación delicada.

Encontrar fórmulas para sostener un ecosistema cultural autogestionado, sin sacrificar las formas de vida originarias, no es una tarea fácil. Además de todo lo anterior, esto se acentúa cuando la mayoría de las tendencias de planificación urbana abrazan precisamente la despersonalización de los centros antiguos para convertirlas en galerías comerciales al aire libre. Pero, a su vez, algunos de estos proyectos sirven como cimientos para un tejido artístico condenado a desarrollarse en un páramo, asumiendo sobre sus iniciativas privadas un lugar para la supervivencia de lo pequeño. En esta ocasión, el artículo hace foco sobre dos lugares separados por apenas quinientos metros y que presentan dos proyectos galerísticos en Bilbo, cada uno desde su propia personalidad.

La calle Dos de Mayo es el lugar donde se encuentra Desio Art Space. A mediados del pasado mes de enero, se inauguró el proyecto expositivo firmado por Aitor Rentería bajo el título “Rendijas en el agua”. La muestra, enunciada desde un trabajo pictórico expandido hacia diferentes formatos, propone un mundo abstracto que nos remite a paisajes subacuáticos o imaginarios cercanos al líquido elemento. Una gama cromática dominada por los azules, los malvas, los negros y los destellos rojizos consiguen una línea coherente entre piezas de diferentes facturas. Juegos de contrastes, contornos que parecen iluminados y saltos hacia la tridimensionalidad a través del uso de metacrilatos, se comportan como ventanas o tragaluces hacia un umbral que nos invita a ser cruzado hasta finales de este mes.

Más cerca de la ría, encontramos el Espacio Marzana y, para esta ocasión, con una exposición propuesta por la artista Abigail Lazkoz que podremos disfrutar hasta el último viernes de febrero. “Garrapata” es el título de una serie de piezas de mediano formato que funcionan como una colección dispuesta en sala como una instalación o, mejor dicho, como obras interconectadas. A nivel formal, consiste en una serie de piezas creadas mediante la utilización de texturas a modo de collage. Composiciones de apariencia geométrica son tensionadas con entrecruzamientos dinámicos y torsiones visuales.