Jon Garmendia
un volcán en erupción

«No hacemos algo pensando en si es death metal, post-hardcore, rock o jazz. Creamos lo que verdaderamente nos da placer»

gara-2016-06-14-Reportaje

A orillas de ese inmenso mar que es la música reposa también el metal, un género muchas veces olvidado –incluso defenestrado– que día a día sigue ingresando adeptos a sus ya largas y nutridas filas. Y en esa orilla, reflexionando cómo surcar nuevos mares, se encuentra Gojira, probablemente el grupo vasco de mayor proyección internacional. Con una trayectoria discográfica impecable, en la que con cada trabajo ha ido dando un nuevo paso en su crecimiento, en los últimos años la banda se ha dado a conocer prácticamente en todos los rincones del planeta, hasta el punto de que no hay festival metalero que se precie que no cuente con Gojira en su cartel.

Quizás aprovechando esa buena ola, los hermanos Mario y Joseph Duplantier han decidido afincarse en New York, la ciudad del comercio y las finanzas, y han creado su propio estudio allí, Silver Cord Studio, construido cuidando hasta el más mínimo detalle. Fueron ellos mismos quienes diseñaron el proyecto, encofraron la madera y repartieron la pintura. Está claro que sus manos no solo son hábiles para tocar instrumentos musicales. En Silver Cord Studio grabaron los temas de su nuevo disco, llamado “Magma” y que ha visto la luz este pasado viernes, 17 de junio.

El sexto trabajo de estudio de Gojira había levantado enormes expectativas entre los seguidores del metal meses antes de su publicación, y aún más después de que la banda de Baiona adelantara dos temas que venían a ofrecer algo que no se les había escuchado hasta ahora. Tanto “Stranded” como “Silvera“ suenan más directos, con esos riff potentes sonando de entrada, más cortos de duración y que sin rodeos entran al trapo, dejando claro que están abiertos a experimentar nuevos sonidos. Aunque, quizás, sea solamente un espejismo, porque los propios Gojira nos cuentan que el resto del disco no tiene nada que ver con esas dos canciones de adelanto.

Nos reunimos con ellos a orillas del mar Kantauri, en la costa de Lapurdi, en la sala Atabal de Biarritz, donde a puerta cerrada preparan su próxima gira mundial y aprovechan el tiempo restante para relajarse, revisitar sus lugares predilectos, recibir a los amigos... y también para conversar con 7K, en su primera entrevista para un medio de comunicación vasco. Ultiman los detalles de su nuevo show y tenemos la oportunidad de escuchar algunas de las nuevas canciones en el largo e intenso ensayo que precede a esta charla. Es difícil explicar a qué suena “Magma” en un local vacío, pero la primera impresión es brutal; suena a metal, suena a decibelios, suena a Gojira.

Fichaje estrella de Warner Music. Después de posar para las fotografías exteriores, nos reciben en un pequeño salón donde aprovechan para comer y recuperar fuerzas, ya que después de atendernos proseguirán su labor de preparar minuciosamente la puesta en escena de este potente disco. Es el vocalista y guitarrista Joseph –o Joe, como también se le conoce– Duplantier (Baiona, 1976) quien nos da la bienvenida amablemente junto con su hermano Mario (Baiona, 1981), batería de la banda. El tercer componente que participará en la entrevista es el bajista Jean-Michel Labadie (Kanbo, 1974). Enseguida nos damos cuenta de que la entrevista va a resultar sencilla. Irradian simpatía, humildad, y muestran un humor fuera de lo común. Quizás sea un falso mito, pero a la mayoría de las estrellas del rock se les presupone la condición de divos. No es el caso de un cuarteto baionarra que, aunque se haya convertido en el fichaje estrella de Warner Music, no olvida sus orígenes ni los lugares en los que tocaba cuando daba sus primeros pasos en el mundo musical, entre ellos varios gaztetxes y locales de la zona.

La primera pregunta es casi obligada, ya que en ocasiones se les sitúa en Ondres y en muchos lugares se habla de ellos como grupo de las Landas francesas. Sin perder la sonrisa, se ponen a la tarea. Es Mario quien rompe el hielo: «Nacimos en Baiona, porque no había un hospital en Ondres, que es donde nuestros padres vivían». Le sigue su hermano mayor en la explicación: «Nuestra madre era americana, por eso cantamos en inglés, que es una de las preguntas que nos repiten mucho, y para nosotros hablarlo es una cosa natural, tanto como el francés. Nuestro padre era de Burdeos, un artista, un poco loco, y fuimos a parar a Ondres. Pero nuestra vida cotidiana no transcurría allí, ya que apenas nos relacionábamos con nadie. Nosotros hemos crecido en Baiona, estudiamos en el Liceo, hicimos amigos del interior del País Vasco Norte y del otro lado, del Sur, que venían a estudiar aquí».

Es entonces cuando conocen la escena vasca. «Había grupos que nos gustaban, Su Ta Gar por ejemplo, que era al que íbamos a ver tocar en directo, y también actuamos con ellos en Hazparne», explica Joe. En ese momento toma la palabra Jean-Michel y comienza a nombrar grupos vascos que conocieron en aquella época: «Sí, Anestesia también nos gustaba...». Y se le suma Mario: «Etsaiak, Kaptain Egurrak, Mister Saguak, Koma… Vimos actuar a muchos grupos por los gaztetxes, y nos gustaba el ambiente, había mucha vida». Jean-Michel ahonda en el tema revelando que «antes de que me uniera al grupo yo tocaba el bajo en Oihuka, la banda de mi hermano, y allí hacíamos algunos cover de Su Ta Gar, Etsaiak o EH Sukarra». El mayor de los Duplantier interviene para apuntar que «es verdad que no hablamos euskara, salvo unas cuantas palabras; es decir, yo no sé ni decir ‘no sé euskara’ en este idioma, solo palabras sueltas como bai, ez, milesker, lasai... Aunque tuvimos una maestra que nos enseñó muchísimas canciones en euskara, Laurence Etchemendy de Donibane Garazi». Y Mario, mostrándonos su particular buen humor, comienza a cantar: «Haurrak ikas zazue eskuaraz mintzatzen, ongi pilotan eta, oneski dantzatzen», la canción de Luis Mariano, el rey de la opereta. Jean-Michel ríe por la manera en que canta Mario, e intercambian una serie de palabras y letras de canciones que conocen.

Se respira buen rollo en Gojira, se ve que es un grupo de sólidos lazos, con una enorme complicidad entre ellos. Quizás sea eso lo que ha hecho que la formación original se haya mantenido hasta el día de hoy y defienda el nombre de la banda donde quiera que vaya. «Nuestras raíces están aquí, pero no es solamente eso lo que nos une a esta tierra. Diríamos que Euskal Herria es más nuestra vida, es más nuestra energía rock, y esa es la característica que, por ejemplo, Francia no tiene, el rock», apostilla Joe.

Cuando aún eran unos adolescentes, los hermanos Duplantier comenzaron a ensayar con Christian Andreu, un virtuoso de la guitarra (quien aprovechando que entrevistamos a los otros tres miembros del grupo se dispone a dar una masterclass a los jóvenes estudiantes de música que se reúnen en el Atabal con el sueño de llegar a ser lo que hoy son Gojira). Era 1996, otra era, otro milenio. Por aquel entonces se hacían llamar Godzilla y el bajo lo tocaba Alexandre Cornillon. Sacaron cuatro EPs hasta el año 2000 –“Victim”, “Possessed”, “Saturate” y “Wisdom Comes”– y a partir de ahí cambiaron de nombre: nació Gojira y el cuarteto lanzó su primer LP: “Terra Incognita”. «Había un problema de marca –nos aclara Joe–. Godzilla estaba registrada y las recomendaciones de los abogados y demás hicieron que cambiáramos el nombre a Gojira, que viene a decir lo mismo pero en japonés, ya que es así como se pronuncia».

Evolución armoniosa. Aprovechamos esta mirada al pasado para preguntarles por las diferencias que han percibido desde sus comienzos hasta el día de hoy. Joe nos hace reír: «La mayor, que ya no tenemos granos en la cara». Mario toma el relevo ya en serio: «Yo creo que hemos tenido una evolución armoniosa, aunque éramos metal antes y seguimos siendo metal ahora, pero claro, estamos hablando de... ¡hace veinte años! Somos nosotros quienes hemos cambiado; aunque seamos las mismas personas, ha habido una evolución, ya que hemos madurado, y quizás eso ha hecho que nuestra música haya madurado también. Puede ser que nuestros temas tengan menos sombras ahora, que seamos menos death metal, o también que no tengamos la misma luminosidad y quizás lo hagamos más simple, pero el grupo tiene la misma entidad». En opinión de Joe, «nadie puede decir que hace las mismas cosas que cuando tenía 15 o 16 años, como tampoco serán iguales sus creaciones. Cuando eres un adolescente dices: ‘Qué aburrido es esto de estudiar, ¡el profesor es un pesado!’. Y mira, después con 40 te preguntas: ‘¿Por qué no habré estudiado más?’».

Cuando les preguntamos por el secreto de la solidez de la banda, de la sensación de buen rollo que desprenden, el vocalista y guitarrista destaca que «debatimos, comentamos, hablamos mucho entre nosotros, nos comunicamos continuamente. Gojira es una plataforma de confianza, de creatividad, trabajamos juntos para crear una música potente, pero en ese camino hay mucha fragilidad, muchos momentos de duda, e intentamos dar solución a esos pequeños problemas entre todos. Quizás es lo que nos hace más fuertes. Tampoco dejamos que el estrés se apodere de nosotros, ni siquiera nos adentramos en el camino de la bebida o en el de las drogas, y mantenemos la confianza e invertimos energía en lo que realmente nos gusta, nuestra música».

Pero a medida que pasaron los años, los discos y los conciertos, llegó un momento en que dejaron de ser un grupo que tocaba para divertirse y empezaron a darse a conocer en todo el mundo. ¿Dónde sitúan ellos ese punto de inflexión? Mario respira profundamente y responde que «éramos un grupo local, que tocaba por el País Vasco y las Landas, pero de pronto dimos el salto al plano nacional, y al internacional después; llevábamos cuatro demos y ‘Terra Incognita’, que era un viaje a nuestro interior, nos dio la oportunidad de darnos a conocer en el exterior. Pero cada álbum nos ha llevado más y más lejos, al mundo, lugar al que pertenecemos ya que nos sentimos ciudadanos suyos. ‘From Mars to Sirius’, nuestro tercer álbum, nos sitúa en el plano internacional, y después vino lo de Metallica, grupo que admirábamos y por el que estábamos muy influenciados, como por otros grupos anglosajones».

Cuando Mario, un auténtico monstruo a las baquetas, se refiere a «lo de Metallica», está hablando de la gira mundial a la que les invitó el grupo californiano en 2009 para que actuaran como teloneros. Entonces se cumplía un año de la publicación del álbum (hasta entonces) más exitoso de los baionarras: “The Way Of All Flesh”. Joe nos lleva hasta aquel momento y lugar: «Aquello fue la materialización del sueño de la infancia. Todo era hermoso, y sin embargo era real. Habíamos teloneado a muchos grupos que ni se dignaron a devolvernos el saludo, y ellos, nuestros mitos, se interesaban por nosotros, vinieron a proponernos lo de la gira, nos llevaron a restaurantes para interesarse por nuestras creaciones, se mostraron amables, incluso conocían nuestros nombres... Podríamos estar horas y horas hablando de lo que aquello supuso para nosotros». De alguna forma, todo aquello suponía «la reafirmación de que lo estábamos haciendo bien. Era una muestra de credibilidad de cara al exterior; nos acercaba al público y era una especie de reconocimiento al trabajo realizado». Ahora ellos también juegan en la liga de los grandes nombres y muchos grupos desearían ser sus teloneros; es lo que tiene cuidar y mimar aquello que ha sido creado de la nada.

Ganas de experimentar. Toca ya hablar de “Magma”. Les comentamos que los dos temas que han usado como adelanto del álbum –los únicos que hemos podido escuchar antes de realizar la entrevista– suenan muy diferentes a lo que han hecho hasta ahora. «Es verdad que esas dos canciones son más cortas de lo habitual, más claras, más directas, y menos épicas y progresivas en comparación con las que hemos hecho anteriormente, pero eso no quiere decir que todo el disco sea así. Queríamos experimentar y explorar un poco, teníamos ganas de hacerlo de esa manera, pero en nuestro primer álbum también hicimos canciones que rondaban los cuatro minutos. Aunque en estas dos, y en otro par de canciones de ‘Magma’, hay ciertos matices que llevan a pensar que son más sencillas o simples que las que hemos ido mostrando por el camino. Invitamos a escuchar el álbum, ya que creemos que hay más riqueza, más diversidad», advierte Joe.

Es precisamente él quien escribe las letras y queremos saber de qué tratan las nuevas canciones. Se antoja una pregunta un tanto delicada. Hasta este último disco siempre se han caracterizado por hablar del medio ambiente, de la ecología y, sobre todo, de la espiritualidad, pero en el proceso de grabación de este álbum los Duplantier han perdido a su madre e, inevitablemente, su muerte les ha tenido que influir a la hora de abordar las nuevas canciones. «Los temas no hablan particularmente de un sujeto único, van más allá. Es verdad que la muerte de nuestra madre ha influido mucho, sí, ha sido decisivo. Hemos tenido que afrontar una situación que nos ha marcado profundamente, desde su enfermedad hasta su muerte, y puede ser que el punto de vista sobre la vida haya cambiado, y eso haya orientado también mis textos», reconoce Joe. Su hermano, por su parte, considera que «en los textos de Joe hay mucha poesía, hay metáforas, imágenes creadas con palabras; es su manera de explicar las cosas. Por ejemplo, después de leer varias frases se me ocurrió preguntarle qué es lo que quería decir y él me respondió que la interpretación es libre. Por eso yo veo esas imágenes, y quizás otros vayan a ver otras». Joe vuelve a intervenir para puntualizar que «el álbum no viene a dar un mensaje particular. Canción a canción se va transformando, es la alquimia, la auto-transformación, la acción de partir desde las sombras para ir hacia la luz, la apertura. Por ejemplo, ‘Only Pain’ es la que habla del dolor. El hecho de nacer ya es doloroso, y más sabiendo que nacemos predestinados a morir. Esta canción reflexiona sobre ello, no de una manera triste, ya que si te pones a pensar todo puede ser doloroso; hasta el hecho de sentarte en una silla para estar mirando alrededor... ¡si pasas muchas horas así te dolerán las posaderas!».

El vocalista se refiere a un segundo tema, llamado “Pray”, para ofrecernos nuevos trazos acerca de las letras: «Habla de la necesidad de orar, pero no en el sentido religioso. Es una especie de mantra para que las almas de este mundo vayan a tener su propia voz, ya que reflexionar es lo que cada uno de nosotros puede hacer y no se pierde tiempo, se gana. Es una oración para que el viento sople a favor, para que los jóvenes encuentren su propia luz, no es una opinión sobre el mundo, sino algo que nosotros creemos. Hay un poco de todo en el álbum».

En cuanto al plano musical, ¿qué es lo que el oyente se va a encontrar cuando escuche “Magma” al completo? «Es menos metal extremo, es más melódico, más simple, es como un viraje dulce, como mirar a la luz a la salida del túnel, pero pensando que la luz viene por el aire que traen las canciones», afirma Labadie, a quien le sigue el menor de los Duplantier: «Hemos pasado un año y medio componiendo estas canciones, entre lo que nos han permitido los conciertos y demás. Creo que no hemos invertido tanto tiempo jamás, y teníamos muchísimos riffs e ideas acumuladas. Hemos guardado todo el material para después seleccionar lo que más nos gustaba, así que cada nota que hemos compuesto ha sido pensando, reflexionando y seleccionando al detalle. Es por eso que estamos muy satisfechos de este trabajo». Su compañero en la sección rítmica vuelve a tomar la palabra para resaltar que «nosotros no hacemos algo pensando en si es death metal, post-hardcore, rock o jazz. Exteriorizamos nuestras inquietudes, nos unimos en lo que nos gusta y creamos lo que en ese momento nos produce verdadero placer». Y nada más acabar la frase, intercambian miradas cómplices y sonríen al unísono.

«Nuestro estudio es nuestro bebé». ¿Habrá influido el hecho de vivir en New York en el devenir de Gojira? Se lo planteamos directamente a Joe. «Como antes decíamos, la mayor parte de nuestras raíces están aquí; está el mar, la playa, el bosque... ¡sentimos nuestro hasta el patxaran que nos gusta disfrutar! Pero Mario y yo también tenemos una parte en aquel lado, y es esa necesidad de ir allí como la de volver aquí la que vive en nosotros y nos hace vivir», replica. Su hermano añade que «hemos construido allí el estudio, desde la A a la Z, y allí hemos creado el disco que ahora presentamos. La grabación, las mezclas… hemos empleado nuestro backline, los amplificadores que utilizamos en el escenario… Lo hemos hecho todo allí, salvo la masterización, que requiere una especialización concreta». «¡Es nuestro bebé!», afirma Joe respecto a Silver Cord Studio, un proyecto que les enorgullece y en el que «hemos invertido lo que tenemos. Mucha gente puede pensar que somos ricos, pero mira, no nos queda nada para invertir, pero tenemos algo que hemos conseguido crear y construir con nuestras propias manos. Ese es su valor real, y estamos haciendo lo que verdaderamente nos gusta».

Y si atendemos a su trayectoria, mientras sigan haciendo lo que les gusta, cada vez más gente seguirá disfrutando de ellos.