Xabier Bañuelos

La isla de las cascadas heladas

Islandia, vestida de claridad en verano, cambia completamente su fisonomía en invierno. Los paisajes se vuelven blancos por una nieve que suaviza sus perfiles y redondea sus aristas. El agua se retrae y se congela, los glaciares diversifican su azul y el día se torna en una tenue irradiación de luz, tímida y velada, sobre la que amanecer y atardecer fluyen sin discontinuidad. Y la noche, que todo lo puede, se adorna con el titilar de las estrellas y el verde de la aurora boreal.