14/07/2019

Reportaje
la reivindicación de un colectivo marginado
El agote que se niega a olvidar

Madera, historia y mito. Los tres elementos confluyen en la escultura, la cabeza de un agote, que recibe a los visitantes en la entrada del parque-museo Santxotena de Bozate. Este barrio de Arizkun de apenas un centenar de habitantes, enclavado en medio de un Baztan de un verde paradisiaco, es donde vivía la última comunidad conocida de este colectivo, objeto de un auténtico apartheid durante siglos. Les marginaron no solo aquí, sino en valles como Ronkal o la zona de Donostialdea, como documenta «El orgullo de ser agote» (Erein), del escultor Xabier Santxotena y el filósofo Josu Legarreta. La palabra agote, por cierto, es un insulto. ¿Y ellos cómo se denominaban a sí mismos? «Auzokoak (del barrio)», responde el escultor, quien a toda costa busca evitar que esta historia quede sepultada por el olvido.

Amaia Ereñaga
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La casa llamada Txine de Bozate (Arizkun, Nafarroa) es minúscula. Escasa en dimensiones, es importante como testimonio porque permite visualizar cómo era la vida diaria en el pasado de aquellos a los que llamaban agotes, un grupo marginado en cuya situación tuvo mucho que ver la intransigencia religiosa y la defensa de la limpieza de sangre frente a los “extranjeros”... aunque estos tuvieron las mismas costumbres, hablasen el mismo idioma y fueran sus vecinos durante generaciones –desde principios del siglo XIII posiblemente–. Situada en una cuesta, como metida en un lateral entre caseríos, al atravesar la puerta principal aparece un estrecho espacio de trabajo utilizado por sus habitantes, artesanos con toda seguridad. Subiendo una escalera de madera se llega a la única habitación y a la cocina, separadas por un somero tabique de madera. No hay más, ni cuadra abajo para los animales, ni un desván arriba donde guardar la hierba o la comida para el invierno.

Es una vivienda humilde por demás, que en nada se parece a los robustos y floridos caseríos que la rodean. Evidentemente, Bozate ha crecido y mejorado mucho con el tiempo. Txine, por su parte, es la última “entrega” del proyecto que busca poner en valor la historia de los agotes, en el que está embarcado desde hace décadas el escultor Xabier Santxotena y que lleva adelante junto con su mujer Teresa Lafragua en su taller-museo en Artziniega y sus dos museos de Bozate: el parque donde están instaladas sus esculturas –35.000 metros cuadrados de naturaleza y mitología– y la casa Gorrienea, la vivienda familiar que remodeló en el 94 para dedicarla a la memoria de su pueblo.

«Los agotes no se han extinguido ni han desaparecido, como a veces se lee. Se han extinguido los estigmas que los mantenían separados del resto de la sociedad. Los agotes son parte de nosotros y nos sentimos orgullosos de pertenecer a este colectivo». La cita es de “El orgullo de ser agote”, el exhaustivo trabajo que Santxotena ha confeccionado con Josu Legarreta, un apasionado de la historia al que expoleó la curiosidad al conocer que algunos agotes del siglo XVI y XVII de Arizkun, Elbetea, Azpilikueta y Lapurdi se apellidaban también Legarreta, al igual que el 12% de su pueblo natal, Fruiz (Bizkaia). Más aún, una de las casas de Bozate es del mismo nombre.

¿Pero quiénes eran y de dónde procedían? La primera referencia a esta comunidad apareció en la abadía benedictina francesa de Lucq-de-Béarn (fundada sobre 950-980), donde se les citaba con el término creestias; es decir, cristianos. A partir de los siglos XVI y XVII se les designaba por muchos nombres, una lista que desgrana Santxotena en una larga letanía: agotes, cagots, gatees, catos, cascaron... «Depende de la zona geográfica, pero siempre es un nombre peyorativo. Cagot, por ejemplo, significa ‘perro godo’ y procede de la batalla de Vouillé, del año 507». Se refiere al enfrentamiento decisivo por el control de la Galia entre visigodos y francos del que salieron victoriosos estos últimos. Los perdedores –miembros de las tribus germánicas orientales que habían arrasado el Imperio romano– y sus descendientes pasaron a ser parias. Lo cierto es que, en esta historia que se pierde en la oscuridad del tiempo, en esta crónica de grandes migraciones medievales y de hostigamiento, se entremezclan las hipótesis que hablan de vikingos, sarracenos, leprosos y hasta de cátaros, aquellos “cristianos puros” que a principios del siglo XIII fueron perseguidos a fuego e hierro, acusados de herejía. De hecho, en el libro se apunta que la llegada de los agotes a Nafarroa se produjo a raíz del gran éxodo del catarismo posterior a la batalla de Muret, registrada en el año 1213 cerca de Toulouse.

Nunca bien vistos por el clero, su ámbito geográfico de residencia parece que se extendía por un largo territorio que iba desde Occitania hasta Huesca. Ejercían oficios artesanos: eran albañiles, carpinteros, canteros ebanistas y músicos. «Tú misma podías ser agote», espeta Santxotena. ¿Por qué no?, ¿pero es que tenían alguna característica física concreta? «Altos, rubios y de ojos azules... aunque (sonríe con picardía) también los hay pequeños morenos y de ojos oscuros. Lo que es cierto es que sí somos distintos, porque los estudios de seroantropología de Pilar Hors, en base a análisis de sangre y demás, afirman que no tenemos el RH negativo, sino que estamos más vinculados a centroeuropa».

Tratados como auténticos parias, la lista de afrentas a las que se vieron sometidos los agotes resulta durísima: sus casas estaban fuera de los núcleos de los pueblos, se les negaba la vecindad –eran residentes pero no vecinos, como en Bozate, donde dependieron durante mucho tiempo de la “protección” de los señores Ursua en régimen de servidumbre casi medieval–, no podían tener tierras en propiedad ni ejercer cargos públicos, no les estaban permitidos los matrimonios “mixtos” y se les aplicó un sistema de segregación que iba desde que tenían que llevar una señal en la vestimenta hasta tener una entrada distinta a misa al resto de los fieles y un espacio diferenciado en el cementerio. Y esto no pasó solo en el Medievo ni en Arizkun.

¿Pero, por qué se les marginó durante siglos y se les aplicó la omerta social y religiosa? En un caso recogido por Florencio de Idoate (1912-2001), director del Archivo General de Navarra, se alegan «ciertos recados y delitos que los de dicha generación de agotes cometieron en tiempo pasado contra la Santa Fé Católica» por lo que recibieron una «maldición». El caso al que hace referencia Idoate corresponde al testimonio ofrecido en 1613 por Jaime de Santa Enfra, de 80 años, quien relata cómo varios agotes de Zuberoa se han instalado en Isaba y el Ronkal y el trato que reciben. A saber: «Los tienen por gente baja, inútil y vil, de manera que ninguna gente honrada quiere comer con ellos en una mesa, ni beber con la taza que ellos beben». En la iglesia se tienen que sentar detrás de las mujeres y no se les permite tener «oficios honrosos». En 1611, al agote Petri de Yriarte se lo llevaron preso porque vistió el traje roncalés –algo que tenía prohibido su colectivo– y con un ribete rojo, en vez de amarillo como le correspondía por su “condición”.

Lo cierto es que durante cuatro siglos, del XVI al XIX, los agotes no dejaron de reclamar contra los malos tratos de los que eran objeto. Por ejemplo, en 1513, año de elección de León X, doscientos agotes del Reino de Navarra pertenecientes a las diócesis de Baiona, Iruñea, Jaca, Oloron y Lescar –la que más peticiones presentó fue Donapaleu, no en vano tiene un barrio llamado Agoteta–, elevaron una queja colectiva ante el nuevo Papa por el trato discriminatorio y reivindicando ser iguales al resto de los cristianos. La comunidad de agotes en el Reino navarro no era nada despreciable en número, sobre todo en la zona pirenaica. El caso es que si bien los tribunales, tras diferentes pleitos, se pusieron de su parte en el siglo XVI, a las leyes les costó lo suyo prevalecer sobre las costumbres.

En una cronología apasionante, el libro de Santxotena y Legarreta aporta datos, a su vez, sobre la legislación más restrictiva y discriminatoria de Gipuzkoa entre los siglos XVI y XVIII, en virtud de la cual que se expulsaba sin ninguna piedad a agotes, gitanos, sarracenos, negros, judíos y conversos. Siempre, para mantener la “limpieza de sangre”. Está el caso del carpintero Pedro de Barrenetxea, natural de Lesaka y agote, a quien en 1628 se le negó el ingreso en la Cofradía de San José que agrupaba a los carpinteros de Donostia, y además se le expulsó no solo a él, sino a sus hijos, su hermana y a los hijos de esta.

Mitología y memoria. Por suerte, el mundo cambió y la vida siguió su curso... ¿o no? Escultor por vocación y por la “bendición” de su amigo Jorge Oteiza, cocinero retirado –conoció precisamente a Oteiza en los 70 en su restaurante Aranzazu, de Ezkio-Itsaso; aunque antes detentó, entre otros, el Portalón de Gasteiz–, desde que dejó los fogones Xabier Santxotena también es un activo “militante” de la recuperación de la memoria de los agotes. Él se declara agote y lo reivindica. Hasta utiliza el «nosotros» cuando relata hechos pretéricos, una realidad que él se niega a que sea borrada por el olvido al que se ha condenado a este colectivo.

«Yo desde niño tenía intención de hacer algo por Bozate, por los agotes, porque veía que se hacían diferencias. Mi padre era de aquí y mi madre era nacida en Arizkun, aunque su abuela era de Bozate, Santxotena de apellido. Tengo dos Santxotena por ese motivo. La de mis padres fue una boda mal vista. Fue muy criticado que un tallista de Bozate se casara con una cocinera de Arizkun, que un agote, guapísimo que era mi padre, se casara con una moza guapísima de Arizkun». ¿Pero en casa se hablaba de ello? «No. ‘Cuéntame algo de los agotes’, le decía yo a mi padre. Él me contestaba: ‘Esas son tonterías’. El complejo de la gente es debido a que quieren olvidar, y yo me niego a eso».

No es de extrañar, a la vista del morbo que han provocado y de cómo les ha tratado la historia oficial durante mucho tiempo, que cuando comenzó con su proyecto se encontrara con pintadas de “Auzoa utzi bakean” (deja en paz al barrio) y cosas parecidas. Algo que ha cambiado en la actualidad, «con la juventud, por supuesto», añade.

El parque-museo Santxotena ha empezado a hacer visitas guiadas por Bozate con reserva previa. Información en el 605 71 78 57 y www.santxotena.org.

 

Seis datos para recordar: gigantes, puertas...

1.- Tadeo Amorena: creador de los Gigantes de Iruñea.

Eleuterio Tadeo Amorena, un pintor y artesano de Iruñea nacido a principios del XIX, fue el autor de los emblemáticos Gigantes de la comparsa de Iruñea, esos que se han paseado por Sanfermines. No se sabe mucho sobre la vida de Tadeo, aunque sí que su padre era de la casa Amonea de Bozate, de origen agote, y que tuvo que marcharse a Iruñea buscando mejores oportunidades y una mejor vida. Allí se casó y allí nació, en la actual calle San Nicolás, Tadeo. Él es el autor de los ocho gigantes, dos kilis y dos zaldikos.

2.- La danza del oso. Lo que Xabier Santxotena toca en la fotografía es una especie de arpa confeccionada con un palo, una lata de pimentón, una sirga y dos platos convexos, que hacen de platillos. Con ella, en carnaval, se hacía bailar al «hartza» (un joven del pueblo disfrazado de oso). «Este baile es de Bozate –reivindica el escultor–. Esto lo hacen ahora en Arizkun, pero no tiene ni color con lo que se hacía antaño. Hasta hace muy poco no querían que viniera nadie a sacar fotos o a filmar. Incluso filmaban desde dentro de los coches y había ‘leña’. Tenían una bolsa con excrementos de oveja y ceniza y se les echaba a los que sacaban fotos».

3.- Un Nuevo Baztan en Madrid.

El parque-museo Santxotena se inauguró en 2003, sobre una superficie de 35.000 metros cuadrados. Lo que pocos saben es estos son terrenos que eran propiedad de la familia Goyeneche. En 1715, el ilustrado Juan de Goyeneche y Gastón encabezó la construcción en las afueras de Madrid, en Cuenca del Henares, de lo que bautizó Nuevo Baztán en honor a su valle natal. Diseñado según los modelos urbanísticos de moda, se pretendía que fuera un pueblo organizado en torno a un complejo fabril fabricante de vidrios, sombreros, paños y papel. Los agotes eran la mano de obra principal, pero ninguno se quedó. Nuevo Baztan sigue existiendo.

4.- A la iglesia, por otra puerta. En algunas iglesias, como la de Baigorri, se pueden apreciar las puertas laterales por las que los agotes tenían que ingresar al templo. En Arizkun, en unas obras de remodelación, se tapió finalmente. En iglesias como la de Saint-Girons, en Monein (al oeste de Pau), hay en el exterior un aguabenditera junto a su puerta, con un rostro que representa a un miembro de ese colectivo. En su interior, el techo es de estilo naval, como la quilla de un barco invertido, un estilo que también se aprecia en las iglesias de Donibane Lohizune, Ainhoa, Ziburu, Sara, Zumarraga iglesia de Antigua) y en la del barrio Olarte, de Orozco. No es descabellado pensar que podrían haber sido construidas por artesanos agotes.

5.- Martin Gilbeau Doyarzabal, médico de Urruña y euskaltzale del XIX. Autor de “Les Agoths du Pays Basque”, en este interesante estudio habla del vínculo entre las familias de Bozate y las del barrio Chiutua (actualmente Chubitoa), de Anhauze (Nafarroa Beherea). Dice que el euskara de los agotes de Bozate es más puro que el de los «perlutak» o «pelutak» (así llaman a los «otros») y que tenían que pagar un canon («acura», le llamaban en Bozate) a la casa de Ursua. Narra también que «para que se les conociera debían llevar en la izquierda una pieza de trapo rojo en forma de pata de pie de pato. Tenían prohibido ir descalzos, porque creían que donde un agote ponía un pie no volvía a crecer la hierba».

6.- Resurrección María de Azkue (1864-1951). El sacerdote y folklorista recogió de boca de Eusebio Santxotena, abuelo del escultor, varias canciones populares. Una de ellas es la famosa “Binbilin Bonbolon”, otra “Astea luze”, una historia báquica en forma de diálogo entre un marido muy sufrido y una mujer devota de Baco. Aquí una estrofa: «Astea luze gan dun Maria,/ non dun asteko matazaria?/ Matazaño bat in diat eta tabernarako erdia. / Gainerakoa non dun Maria, zertaz izain naiz nerau yantzia?/ Sukalondoan nengoelarik, / ere zitakan bertzea» (La semana ha sido larga, María, ¿dónde tienes el hilo de la semana? He hilado una madejita y la mitad [será] para la taberna. El resto, ¿dónde lo tienes, María? ¿de qué podré vestirme yo? Estando yo junto al hogar se me quemó el resto).