13/09/2020

ANDREA OUBIÑA
 
«Esto es un trabajo de equipo, por eso no le veo el mérito personal. Me he movido mucho y he estado en los momentos claves» - Andrea Oubiña
Miren Sáenz, fotografía. Andoni Canellada/FOKU
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Andrea Oubiña posee el mejor palmarés estatal del remo femenino de banco fijo. No en vano, su vida ha transcurrido en paralelo a los inicios de esta disciplina en categoría femenina. Es la única mujer que ha ganado en nueve ocasiones la Bandera de La Concha (2008, 2009, 2010, 2011, 2012, 2015, 2016, 2017, 2018), cinco en la bancada de Rías Baixas y las otras cuatro con la camiseta rosa de San Juan. Una victoria hoy le depararía la décima, esta vez enrolada en las filas de Donostiarra Lacturale, donde está completando su primera temporada. Le sigue con seis la también gallega Victoria Piñeiro, que sumaría la séptima si gana con Orio. Oubiña posee además cinco títulos de la Liga Euskotren y unos cuantos trofeos.

Nacida a orillas de la ría de Arousa, en O'Grove, hace 29 años –cumplirá 30 en noviembre–, lleva 18 años remando. Es una persona muy ocupada a la que sus obligaciones laborales, deportivas y domésticas apenas dejan tiempo para nada más. Comparte un piso que les ha facilitado el club en Errenteria con la también gallega Natalia Tubio, patrona de la Donostiarra, y con la conquense Irene Arbeo, aunque pasó el confinamiento en Ondarroa, junto a su pareja Mikel Azkarate, remero de Santurtzi. A su alrededor, ambiente totalmente arraunlari: «Es normal, es donde te mueves», responde con un precioso acento gallego.

Terminamos quedando para esta entrevista un sábado que llueve a cántaros y ha obligado a cambiar su plan de entrenamiento. Para entonces ya se ha celebrado la presentación de la Bandera de La Concha y se ha dejado claro que el covid-19 ha arruinado la fiesta aunque no la competición: «Pena porque es lo que hay y gracias porque mejor eso que nada», apunta.

Charlamos en el local que el club Kaiarriba tiene en Trintxerpe, detrás de la mascarilla que la pontevedresa solo se quita para la sesión fotográfica mientras posa sonriente junto a ergómetros, bicicletas estáticas, carteles de remo y de la Real, alguna ikurriña, banderas de la Donostiarra y, cómo no, la Torrekua.

No es fácil quedar con usted.

Entre el trabajo en una empresa con jornada partida y los entrenamientos, no me da la vida. Así que salgo de casa a las seis o siete de la mañana con la mochila de entrenar y con el bolso de la comida, llego justo al entrenamiento a las seis y media y no entro en casa antes de la nueve de la noche.

¿Cómo y cuándo empezó a remar?

A los 12 años, en el verano de 2002. Tenía un grupo de amigas que ya llevaban un año en Amegrove, el club de mi pueblo, y querían sacar un batel; les faltaba una y me lo propusieron. Al principio no me llamaba la atención, no quería que me salieran callos en las manos. Por eso, cuando lo comenté en casa, mi madre dijo, “esta no va a durar ni cuatro días”, pero probé y al final me enganché.

Ahora hasta el remo se ha globalizado, pero los inicios de este deporte están ligados a la pesca. ¿En su familia hay remeros o pescadores?

Mi padre fue marinero, pero mi único hermano, que fue campeón de España en el 90 en Getaria con Amegrove, es pianista. Empezó a remar en cadete, infantil, pero luego entró en el Conservatorio y llegaba a las clases y no podía tocar porque le dolían las manos. El profesor le dijo que tenía que escoger entre el remo o el piano y ahora lleva un montón de años tocando en la Orquesta Panorama. Me estuvo enseñando, pero no es lo mío. También tengo un primo de su edad y un tío que remaron y ahora un primo pequeño en cadetes de Amegrove.

Lleva 18 años en este deporte, primero militando en clubes gallegos y luego vascos. Después de un año sabático solo para el remo, ¿por qué se decidió por Donostiarra Lacturale?

Me llamó la atención el proyecto que tenían para esta temporada. Si miras la trayectoria de la trainera femenina, en solo cuatro años en el agua han conseguido un montón. El primer año ya andaban bien, el segundo ganaron la Liga ETE, el tercero ya en Euskotren –ACT, la máxima categoría del remo estatal– también lo hicieron bien y este hemos acabado la Liga segundas. Es un proyecto ambicioso, al que venían compañeras mías con las que ya había remado y creo que hemos aportado experiencia. A siete de ellas ya las conocía, incluida a la entrenadora Maialen Arrazola con la que me llevo muy bien. Así que estoy muy a gusto.

Con varias de ellas coincidió en San Juan, las inolvidables bateleras, un equipo multicampeón cuyas integrantes decidieron abandonar el club cuando estaban arriba por discrepancias con la directiva.

Al principio tomaron la decisión unas cuantas y luego fuimos en bloque. No fue fácil. Hubo gente que lo dejó y otras que se reubicaron en otras traineras.

Es un deporte exigente, si es que alguno no lo es.

Es duro y, a medida que van pasando los años, se nota. Cuando estudiaba, iba a entrenar y desconectaba pero cuando empiezas a trabajar, entre semana no tengo tiempo ni para tomar un café. El año pasado, que no remé, me di cuenta de todas las cosas que dejas de hacer. Y eso que cinco días a la semana o corría o iba al gimnasio, porque después de tanto tiempo haciendo deporte no puedes dejarlo de repente, necesitas esa adrenalina. Pero no tienes un compromiso y estás más a tu aire. Me dijeron que iba a engordar, y qué va.

Los puestos en la trainera se reparten en función de las cualidades físicas y técnicas. Usted va de quinta de estribor.

Es un puesto más complicado porque vas atrás y se mueve más. En Galicia y el primer año de San Juan iba de dos, aunque ya llevaré cuatro temporadas de quinta. Es un poco más técnico. Todo tiene que ver la altura, la fuerza… –mide 1,73 y pesa 61 kilos–.

Y ahora, en esta situación imprevisible, si no ha ocurrido nada después de que esta entrevista llegue a imprenta, tiene opciones de ganar su décima Bandera de La Concha. Esta temporada se han impuesto en tres ocasiones a Orio. ¿Cómo lo ve?

La Concha, aunque tenga que ver con lo que hagas en la Liga, son dos días diferentes. Depende de la calle, de que cojas ola… El favorito siempre va a estar allí pero no hay que descartar las sorpresas.

¿Qué prefiere aguas bravas o mar calmada?

Soy de calma, disfruto más. Nunca había remado con una mar como la que nos tocó en 2017. ¡Fue brutal!

Su récord de victorias, de momento, no peligra. Ha llegado a comentar que no era el objetivo y que cuando alguna la supere no le importará.

Nunca pensé que iba a estar tantos años en el País Vasco. Empiezas por ocio, por pasártelo bien; y después los resultados vienen como consecuencia del trabajo. He estado en equipos muy buenos. Después de Amegrove, estuve en el Náutico de Vigo, luego en Meira, San Juan… Esto es un trabajo de equipo, ya que por mucho que alguien pueda aportar necesita a gente que le ayude. Muchas veces se destaca a alguien a nivel individual pero sin tus compañeras no puedes hacer nada. Por eso no le veo el mérito personal, me he movido mucho y he estado en los momentos claves.

¿Ser la remera más laureada del banco fijo a nivel estatal le da cierto estatus?

No le doy importancia, soy una más. Voy día a día y tampoco miro hacia atrás. No vives del pasado. En remo es fundamental apoyarnos unas a otras; hay que ir todas a una porque separada no vas a ningún lado.

Curiosamente, siempre que ha llegado a la final de La Concha ha ganado. Esta temporada, por estar en Donostiarra-Lacturale, accedía directamente sin pasar por la clasificatoria. ¿Se mantendrá esa suerte?

(Ríe y rememora). Así es, en 2013 no hice trainera, solo batel y trainerilla, y en 2014 no entramos y en 2019 no remé. La suerte muchas veces tampoco te acompaña. En La Concha vamos a partir todas de cero y las últimas semanas hemos mejorado un poco.

¿Qué es para usted esta bandera?

Es la más importante del remo. Para mí y para todos los remeros ganar en La Concha es lo máximo.

Usted ha estado desde el inicio. En 2008 participó en la primera edición femenina, entonces fue por invitación y sin regata clasificatoria. Hacía mal tiempo y logró su primera victoria. ¿Lo recuerda?

Más o menos, aunque no tengo imágenes. Fue un poco a lo loco, a ver qué pasaba porque nunca nos habíamos medido. No es como ahora que competimos unas contra otras durante el verano y sabes el nivel de cada una. No se le daba tanta importancia y tampoco se sabía cómo iba a ser.

Aquella tripulación gallega ganó cinco ediciones consecutivas, la última en 2012. ¿Qué incidencia tuvo en el remo femenino? ¿Les hacían caso?

Todavía estaba empezando. Solo nos juntábamos en verano. No es que no nos hicieran caso, es que no éramos un club. Nos juntábamos remeras de Meira, Chapela, Cabo y otros sitios en Riveira, Moaña, Canga... con el entrenador Benigno Silva.

Evidentemente algo ha cambiado. Por tercer año consecutivo en La Concha, la cuantía de los premios es idéntica para hombres y mujeres.

Ahora hay más equipos femeninos, pero despuntan dos o tres y se tarda más en llegar arriba. Si un equipo masculino tiene cuatro o cinco patrocinadores potentes, puede pagar algo a los remeros. Si las chicas no tienen ese respaldo, ¿de dónde sacan el dinero?

Con muchas deportistas de élite hay que utilizar el término «profesional» solo en uno de los sentidos, el que está relacionado con el esfuerzo porque trabajan como sí lo fueran pero no pueden vivir de ello.

Nosotras entrenamos tanto como ellos, pero no hay ninguna mujer que viva del remo. También la mayoría de los remeros trabajan en otra cosa. El remo masculino ha ido paso a paso y lleva mucho tiempo en el agua, en la Concha más de un siglo, así que estamos bastante lejos. En trece años se ha avanzado, pero todavía queda. Creo que el camino que estamos recorriendo es el correcto, iremos logrando cosas cada vez mayores pero todo lleva tiempo.

Las distancias son más cortas para las mujeres, tanto en La Concha como en la Liga.

La distancia de los chicos es de 5.556 metros, pero eso no lo decidimos nosotras. Yo no tengo ningún problema en remar más metros, en los Campeonatos de España ya se hace. El remo es espectáculo y también influyen las exigencias televisivas y de los medios de comunicación de que no se alargue demasiado.

Vivió los años de triunfos con las bateleras en Pasai Donibane, un pueblo teñido de rosa. ¿Cómo ha notado el cambio a un club de la capital?

No es como en un pueblo, que todos se conocen. Allí es más piña porque en algunos pueblos se vive mucho. Donostia es una ciudad, hay muchos deportes y otros equipos que atraen más. Ahora no se puede celebrar por cuestiones de pandemia, pero es igual para todos los clubes, solo los sponsors han visto las banderas.

Precisamente ante los positivos de Arraun Lagunak, ustedes lamentaron públicamente la mala suerte de sus rivales y les desearon una pronta recuperación. Un bonito gesto entre dos clubes del mismo lugar que han tenido sus diferencias.

Ante todo somos personas y no se le desea el mal a nadie. También nos escribimos con las que tenemos trato. A veces hay que dejar la competición a un lado.

¿Qué planes tiene para el futuro?

Voy sobre la marcha, no soy de predecir. Hasta final de año tengo contrato en el trabajo. Además, algunas vamos a hacer batel así que nos quedan tres semanas más. Cuando termine la temporada pensaré qué voy hacer el año que viene. Estoy asentada aquí porque tengo mi pareja, estoy trabajando y remando en un club. Estoy a gusto, pero no sé lo que va a pasar en el futuro. Voy año tras año, según vengan las cosas. En Galicia acabé INEF, Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, y ahora, a distancia, estoy haciendo un ciclo superior de Laboratorio y Control de Calidad. Este año se han cancelado todos los exámenes, así que seguiré preparándome para el siguiente intentando sacarme el título.

¿Se ve unos años más de remera?

No sé decir cuántos. Pese a tener casi 30 años, físicamente me encuentro muy bien y aunque no tenga los 18, que en algo se nota, estoy en un buen momento y hasta mejorando marcas. Pero no todo es esto, a mí me gusta mucho remar pero también vivir. Y yo cuando me meto en algo voy al cien por cien. El remo te exige una disciplina y unos compromisos que no te permiten hacer vida normal. No puedes comer lo que quieras; en verano no puedes viajar, ni ir a la playa porque entre que no tengo tiempo y no es recomendable porque el sol cansa y luego se nota en el entrenamiento... El año pasado aproveché para estar con la familia, a la que se le echa mucho de menos. En Galicia trabajaba de seis de la mañana a dos de la tarde, después comía y me iba a la playa y luego al chiringuito con las amigas a tomar unas cervezas. Eso remando no lo puedes hacer. Ya vas teniendo una edad y te vas planteando otras cosas.

13 de septiembre, 13ª edición de la Bandera femenina de La Concha… ¿Supersticiosa?

Un poco… ¿Y si ganamos?

«La Concha, aunque tenga que ver con lo que hagas en la Liga, son dos días diferentes. Depende de la calle, de que cojas ola… El favorito siempre va a estar allí pero no hay que descartar las sorpresas»

«En trece años se ha avanzado en el remo femenino, pero todavía queda. Creo que el camino que estamos recorriendo es el correcto, iremos logrando cosas cada vez mayores pero todo lleva tiempo»

«Cuando me meto en algo voy al cien por cien. El remo te exige una disciplina y unos compromisos que no te permiten hacer vida normal. No puedes comer lo que quieras; en verano no puedes viajar, ni ir a la playa...»