24 MAR. 2015 GAURKOA Garoña y el síndrome Chernobyl Los intentos de la UE de romper su dependencia energética no han dado los frutos deseados, y los Veintisiete dudan entre la rusodependencia y una alternativa argelina lastrada por la posible intensificación de acciones de grupos yihadistas contra sus gasoductos. Germán Gorraiz López ATTAC Nafarroa Uno de los factores que más repercute en la dependencia energética de un país es la cantidad de petróleo y gas que debe importar para la industria y el transporte, estando la media europea en el 52%, y al ser Rusia el principal abastecedor de gas, petróleo y carbón de la Unión Europea, se deduce que la UE sufre de rusodependencia energética severa que le hace extremadamente vulnerable al chantaje energético de Putin. Así, acuciada por la elevada dependencia energética, la alta volatilidad de los precios del gas y petróleo debido a factores geopolíticos desestabilizadores y la imperiosa necesidad de la garantía de un aprovisionamiento seguro de energía, la UE implementó una estrategia basada en los acuerdos preferenciales con Rusia y Argelia para el suministro de gas, en la utilización de obsoletas centrales nucleares en lugar de reactores atómicos de nueva generación EPR (European Pressurized Water Reactor) y en el extraordinario impulso de las energías renovables (primer productor mundial), con el objetivo inequívoco de lograr el autoabastecimiento energético y de recursos hídricos en el horizonte de 2020. Asimismo, se aprobó el ambicioso Programa Europeo sobre el Cambio Climático en el horizonte de 2020, con el compromiso de recortar las emisiones de dióxido de carbono en un 20%, mejorar la eficiencia energética en otro 20% y lograr que el 20% de la energía consumida proceda de fuentes renovables aunado con la reordenación del transporte de mercancías terrestres por las nuevas autopistas del mar y vías férreas de Alta Velocidad mediante la imposición de tasas ecológicas al transporte por carretera y a los vehículos sin etiqueta ECO. Sin embargo, según Marie-Helene Fandel, analista del European Policy Centre, «la política energética de la Unión Europea adolece de una elevada dependencia del exterior debido a su escasez de recursos y su limitada capacidad de almacenamiento», lo que, aunado con la incapacidad de los Veintisiete para desarrollar una verdadera política energética común, ralentizará todo el proceso y hará inviable la utopía de la autodependencia energética europea en el horizonte de 2020. El proyecto del gasoducto conocido como Nabucco West, proyectado por EEUU para transportar el gas azerí a Europa a través de Turquía, Bulgaria, Rumania y Hungría, y así evitar el chantaje energético ruso, fracasó al haberse inclinado Turkmenistán, Uzbekistán y Kazajistán por el proyecto ruso del gasoducto South Stream y tras retirarse finalmente Azerbaiyán del proyecto en junio de 2013, siendo elegida la vía alternativa del gasoducto transadriático (TAP), mediante el cual Azerbaiyán exportará su gas hacia Europa a través de Grecia, Albania e Italia, pero que solo puede transportar un tercio del proyecto Nabucco, por lo que no supone ninguna amenaza para los intereses de Rusia. Por parte rusa, en 2007 presentó el proyecto del gasoducto South Stream de 39.000 millones de dólares que recorrería Rusia, Bulgaria, Serbia, Hungría, Eslovenia e Italia, que debería haber comenzado a construirse en junio de 2014, garantizaba el suministro de gas ruso a la UE evitando el paso por la inestable Ucrania tras la crisis del gas del invierno de 2006 y los recortes de suministro producidos en incontables países de la UE (el 80% del gas que la UE importa de Rusia pasa por Ucrania y abastece en más de un 70% a países como los bálticos, Finlandia, Eslovaquia, Bulgaria, Grecia, Austria, Hungría y República Checa). Sin embargo, dicho proyecto dormirá en el limbo de los sueños tras la negativa de Bulgaria a participar debido a las presiones recibidas de EEUU, cuyo objetivo inequívoco es sustituir la rusodependencia energética europea por la frackingdependencia, inundando el mercado europeo con el GNL (gas natural frackeado en EEUU) para hundir los precios del gas ruso, así como impulsar la utilización de la técnica del fracking en todos los países de Europa Oriental, el llamado «arco del fracking europeo» que se extendería desde los Países Bálticos hasta la Ucrania europea, pasando por Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Rumania y Bulgaria y que dependería de la tecnología de empresas estadounidenses como Chevron o Shell. Por último, la coalición de intereses ruso-alemanes ideó el proyecto Nord Stream que conectará Rusia con Alemania por el mar Báltico, con una capacidad máxima de transporte de 55.000 millones de metros cúbicos (bcm) de gas al año y con una vigencia de 50 años. Dicha ruta se estima vital para Alemania y los Países Nórdicos, por lo que ha sido declarada de «interés europeo» por el Parlamento Europeo, nefasta para la geopolítica de EEUU y crucial para la geoestrategia energética rusa, pues con dicha ruta se cerraría la pinza energética rusa al descartar las Repúblicas Bálticas y Polonia como territorio de tránsito, descartado asimismo el oleoducto BTC de filiación clintoniana. Rusia conseguirá así su doble objetivo geoestratégico de asegurar un flujo ininterrumpido de gas hacia Europa por dos vías alternativas y convertir de paso en «islas energéticas» tanto a Ucrania como a las Repúblicas Bálticas, por lo que no sería descartable un posterior intento ruso de fagocitar a dichas exrepúblicas soviéticas utilizando el chantaje energético para resquebrajar la unidad comunitaria. Argelia como alternativa? Según onemagazine.es, el gas argelino podría ser la alternativa a la rusodependencia energética. En la actualidad, Argelia exporta su gas a través de tres gasoductos: dos Argelia-España que no están conectados a la red europea, y un tercero, Argelia-Túnez-Italia. Tras la crisis de Ucrania, los dirigentes de la UE habrían establecido como prioridad la necesidad de mejorar la conexión gasista con la Península Ibérica mediante un gasoducto que conecte a España con Francia a través de Catalunya (gasoducto Midcat) por el que España haría llegar a la red energética europea el gas de Argelia (equivalente a la mitad del que llega desde Rusia a través de Ucrania), no siendo descartable la intensificación de las acciones armadas de los grupos yihadistas en Argelia (teledirigidos por EEUU) con el objetivo inequívoco de sabotear los citados gasoductos que abastecen a la Unión Europea. Ello tendrá como efectos colaterales una psicosis de desabastecimiento, lo que, aunado con la actual situación anémica del euro respecto al dólar, imposibilitará a los países periféricos europeos asumir el coste añadido y les obligará a la explotación de obsoletas minas de carbón, a la utilización de la controvertida técnica del fracking y a la reapertura de fosilizadas centrales nucleares para satisfacer una minimalista demanda energética tras el retorno a escenarios ya olvidados de economía autárquica, no siendo descartable la reedición de un nuevo Chernobyl en España tras la reapertura de la polémica central nuclear de Garoña, aquejada según Greenpeace de una grave menopausia funcional tras 43 años de vida útil. Ukrainako krisiaren ondoren, EBko buruzagiek lehentasun gisa ezarri zuten Iberiar Penintsularekiko gas konexioa hobetzeko beharra, Espainiak Aljeriako gasa Europako energia sarera helaraziko zuen gasbide baten bidez