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DE REOJO

Interventor


Los informes de los interventores forman parte de la retórica de la gobernabilidad. Los secretarios de ayuntamiento y los interventores en general, hasta los de los trenes, son fundamentales para dar una medida orgánica del orden, el cumplimiento del reglamento y la estabilidad política. Desde hace décadas se ha intentando boicotear desde los partidos políticos la relevancia de los fiscalizadores de la gestión, primero nombrándolos ellos mismos, es decir, para mantener tu puesto no debes morderle la mano a quien te da la paga y los extras.

Por eso el interventor de la Junta de Andalucía y sus diecinueve informes advirtiendo del mal uso de los fondos públicos son la pieza clave de estos momentos jurídico políticos andaluces. Incluso más allá de la golfería depredadora de Rodrigo Rato, del que se sabía que salió del FMI corriendo minutos antes de que le dieran una patada pública. Pero ahora sus indecencias políticas y trapicheos económicos están minando los cimientos arenosos de la banda del PP. Aunque un interventor particular necesitaría el guapo Ken Sánchez, que ha demostrado invalidarse cada vez que habla, y hasta cuando debe apretar un botón de tres, para votar en el parlamento equivocadamente y alinearse con el voto del PP. Un sintomático. Sus errores se acumulan hasta formar un ser inútil, un muñeco de feria.

Casi tanto como el pobre Alberto, el estudiante de medicina que se ha convertido en estrella en negativo de “Masterchef” con su plato «león come gambas». Un infantilismo gastronómico delirante, parangonable con la tontería de Pablo Iglesias regalándole al cuñado de Urgandarin un paquete con varias temporadas de la serie “Juego de tronos”, que se ha convertido en portada y en imagen de promoción del momento amorfo hacia el que nos dirigimos.