02 MAY. 2015 Athletic Recibimiento al Athletic campeón de Copa de 1915 Hoy hace un siglo que los bilbainos ganaron su séptimo título copero, en Irun, al Espanyol. Borja VALLE SARASKETA Hace justamente hoy un siglo, el Athletic ganaba la Copa cuya fase final se disputó en Irun, donde se impondría por 5-0 al Espanyol, con dos goles, entre otros, de ‘Pichichi’. Pero esta no es la historia de aquel torneo, ni de aquel partido, sino de lo que aconteció los días siguientes. Según se había anunciado, a las 8:40 llegaba procedente de Donostia el equipo del Athletic que había conquistado por segunda vez consecutiva el campeonato de España de Foot-ball. Por acuerdo de la Directiva del Club se habían suprimido músicas y cohetes para el recibimiento. La directiva del Athletic dispuso que el recibimiento no fuera estruendoso ni bullanguero por la desgracia ocurrida la noche anterior en la estación de Deba, cuando regresaba el tren especial que se organizó para presenciar el match, de la que fue víctima el joven Agustín Kortadi, al cual atropelló el tren, muriendo a las tres horas de ocurrido el accidente. El joven era uno de los expedicionarios que habían acudido a presenciar el partido. Al intentar subir al tren, resbaló, cayendo a la vía y el convoy pasó por encima cortándole ambas piernas. A pesar de todo, a recibir al equipo campeón acudió un gentío inmenso, algunos de ellos con antorchas encendidas y con tamboril, que se situaron en la Plaza del Mercado antiguo, plaza de los Santos Juanes y calle de Atxuri, así como en las calles cercanas a la Estación de los Ferrocarriles Vascongados. Desde media hora antes de la llegada del tren era casi imposible el circular por aquellos sitios. Los balcones de las casas de Atxuri estaban atestados de gente. En las inmediaciones de la estación la gente era contenida por guardias de seguridad. El andén de la estación se hallaba lleno de público en el que figuraba la Directiva del Athletic, representantes de las directivas del Arenas Club, Ariñ Sport, Club Deportivo y muchos socios de estas sociedades. También se hallaba en el andén el alcalde de Bilbao, Marco Gardoki. A la hora indicada llegó el tren, desbordándose el entusiasmo entre «goras, aplausos y hurras». Al descender del coche, los bravos equipiers fueron saludados con una estruendosa ovación. El alcalde saludó estrechando la mano del presidente del Club campeón y al capitán del equipo, y, descubriéndose dio un «¡Viva Bilbao!», que fue contestado por la multitud. Entre abrazos y apretones de manos los once jugadores del equipo, con el capitán Izeta, quien llevaba la copa del campeonato donada por el Rey, llegaron hasta el carruaje preparado. Unos entusiastas sacaron a Cabieces, héroe del partido, a hombros. Izeta se colocó en el pescante del coche, llevando la Copa ganada. Al aparecer en la calle los campeones, el gentío que esperaba frente a la estación les tributó una ovación indescriptible y los posteriores ¡hurras! y ¡goras! se sucedieron. Con gran trabajo se pusieron en marcha los carruajes y su comitiva. Delante iban unos cuantos jóvenes con hachas luminosas y unos letreros con las inscripciones “¡Viva al Athletic!’’, “Hurra a los campeones” y “Bilbao saluda al Athletic”. Seguía el coche donde iban los equipiers y otro donde iba el entrenador inglés, William Barnes, y el equipo reserva. Detrás, coches decorados. Nunca se había visto un recibimiento parecido. La única nota discordante fue la presencia de un grupo de jóvenes que irrumpieron entre los manifestantes llevando una bandera española de una entidad política, requetés jaimistas, sin tener en cuenta que la manifestación solo se trataba de dar al Athletic la bienvenida y felicitación por su colosal triunfo de Irun. Parece que fue la causa de algunos incidentes que hubo en el trayecto de la comitiva. Se dieron varios vivas a España. En todo el recorrido por la Ribera al Arenal, puente, calle y plaza de la Estación, hasta el domicilio social del Athletic, en Hurtado de Amézaga, fueron muy aplaudidos. En el Arenal y en el puente de Isabel II el gentío era inmenso. Al llegar al domicilio social fueron nuevamente ovacionados. Se dieron vivas a Bilbao, al Athletic y al mister. En los salones de la Sociedad reinó toda la noche gran animación y mucha alegría por el triunfo. Los equipiers comentaron que en Zarautz, Mendaro, Deba, Elgoibar, Eibar, Durango y otros puntos habían sido obsequiados con banderitas y meriendas por entusiastas deportistas de dichas localidades. Al día siguiente se constituye una Comisión organizadora del homenaje a los campeones formada por críticos de los diarios locales. La base del homenaje sería un banquete, que se celebraría el sábado siguiente, sirviéndolo el acreditado Hotel Arana. El precio del cubierto sería de cinco pesetas. Como el homenaje había de originar muchos gastos, se abrió una suscripción para que las distintas entidades y personas conocidas pudieran contribuir. Para que el homenaje resultara lo más ameno posible, la Comisión dispuso un concurso libre de improvisación de chirenadas por grupos o individuales. Se pedía que nadie se excediera en sus facultades físicas y que cada uno se divirtiera en proporción a su buen humor. La Comisión compadecía a los tristes y lamentaba no contar con medios para aliviar su desgracia. Se concederían premios consistentes en vales para «refrescos de doble intención» a los que realicen alguna hazaña, hagan chistes, etc… Se organizarían carreras de velocidad y se establecerían records con arreglo a las circunstancias. Serían cronometrados por el que entre los presentes tuviera la vista más clara. Para hacer una reposada digestión de la comida se formarán equipos de cinco que se disputarán los vales, tirando de la cuerda, motores, golpes por malos chistes y por descuidos en el cumplimiento de las Ordenanzas municipales. El día señalado, poco antes del banquete entró en el restaurante el célebre boxeador campeón mundial de los pesos pesados Jack Johnson, que había sido invitado al encontrarse casualmente en Bilbao, después de perder su título mundial en La Habana contra Jess Willard (José Villar) un americano con padre vasco, de Tafalla concretamente. Según se supo después, se dejó ganar. El acto fue amenizado por una banda de la Asociación musical y otra de tamborileros. La banda también tocó el ‘‘Alirón’’, siendo coreado por todos los comensales. A los postres se dieron varios «hurras» al equipo, a Johnson, al entrenador y a los representantes donostiarras, terminando todos cantando el Alirón. Finalizó la agradable fiesta haciendo votos, por todos los reunidos, para que en largos años quede entre los vascos la preciada Copa del Campeonato. Al año siguiente, y por tercer año consecutivo, el Athletic volvería a consquistar la Copa, consiguiéndola en su propiedad.