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Sin Maya, no hay Apocalipsis

Los sanfermines tocaron anoche a su fin con los lamentos del “Pobre de Mí”, aunque la juerga no se paró en seco. Para hoy está prevista la valoración oficial, aunque han sido muchos los detalles que se han notado desde el primer día. Lejos de convertirse el fin del mundo que auguraban los que hoy están en la oposición, muchos de los cambios que se han llevado a cabo este año prometen repetirse en las siguientes ediciones de las fiestas de Iruñea.


A falta de que este mediodía salgan los munícipes a dar la valoración de las fiestas, ya se pueden adelantar muchas cosas. La primera, es que valorar los sanfermines a la 12.00 horas del día 15 de julio, tiene algo de precipitado, puesto que puede que todavía queden gaupaseros citando a villavesas o esquivando al sufrido Induráin. La de hoy será, a buen seguro, una valoración sesuda y llena de datos que lo corroboren, pero estas fiestas no solo se han limitado a números.

La llegada de EH Bildu a la Alcaldía de la mano de la confluencia de fuerzas más diversa que jamás ha habido en la ciudad no ha traído el Apocalipsis que auguraba el derrotado Enrique Maya. Que se izara (otra vez) la ikurriña en la plaza consistorial no convirtió a Iruñea en el Averno, por mucho que pegara un bote en su sillón el Don Tancredo de Mariano Rajoy. El presidente español llamó a su abogado para tratar de retirarla de inmediato, pero el juez de guardia supo mantenerlo todo en sus cabales. En la calle poco cisma se despertó, puesto que la presencia de la ikurriña era algo esperado. Sí sorprendió la presencia de una bandera griega para honrar la valentía de los helenos en su referéndum, pero se la acogió con gran simpatía.

El cambio llegó a Iruñea demasiado tarde como para que la capital navarra se librase de Bertín Osborne, Arévalo, Azúcar Moreno, Mario Vaquerizo y demás morralla que amenaza con convertir San Fermín en un Magaluf de 7 días (sobre todo, si se recuerda que hasta el año pasado Iruñea tenía un jefe de la Policía Municipal que se sacaba fotos en sanfermines con Ana Obregón). Pero las fuerzas del cambio sí que metieron mano, y bien, al apartado simbólico.

Las fiestas arrancaron despertando del olvido a los republicanos que hicieron aportaciones eternas a la fiesta. Ahora la gente sabe quiénes fueron los de La Veleta y que el chupinazo tiene un padre llamado Juanito Etxepare, ejecutado por su librepensar. Y también se ha roto con el elitismo de que sean políticos los que prendan la mecha festiva. Puede que esta sea una de esas aportaciones que se queden para siempre.

Otro de los elementos que se han modificado y que será muy difícil de eliminar es la oficialización del homenaje a Germán Rodríguez. El acto sigue siendo popular, pero el Ayuntamiento se suma a la ceremonia y, de este modo, lo asume como propio.

No se puede olvidar tampoco, en un balance festivo, el cambiazo que ha dado la procesión. Siguió habiendo vítores y pitos, aunque la tensión fue muy otra. UPN vendía que Curia era poco menos que territorio comanche, plagado de violentos. Y ahora resulta que altos cargos de esta formación lanzan improperios a la nueva corporación en esa calle sin que les pase nada. A la postre, lo que se ha evidenciado es que el espíritu protestón que ataño generó el riau-riau se ha trasladado (mutatis mutandis) a la procesión del día del patrón.

Ayer Maya, el augur del Apocalipsis que no llegó, criticó que Asiron no haya estado en la misa en honor a San Fermín ni en la Octava, alegando que es una tradición de siglos. A él, por su parte, se le echó en falta en el otro gran acto de estas fiestas: el espectacular acto de repulsa contra una agresión sexual.

Al igual que ocurrió con el homenaje a Germán, el Ayuntamiento estuvo, pero no se apropió de esta concentración por la agresión sufrida por una joven en la noche del 9 al 10. Nunca antes ha habido una protesta con tal afluencia de gente para un hecho así como el del pasado lunes. Resultó conmovedora. Con todo, hay que destacar también la campaña del departamento de Igualdad, que repartió broches con una mano roja para denunciar esta lacra y que han tenido una enorme visibilidad. Acabar con las agresiones sexistas en sanfermines es algo que hoy, todavía, suena casi imposible. Pero los avances en combatirla son notables.

No se puede dejar de lado el fallecimiento de un joven ahogado en medio del descontrol del día 6 y habrá que tomar medias. Sigue habiendo un sinfín de cosas por mejorar antes de convertir los sanfermines en unas fiestas para todos y sin fallos. No queda otra que trabajar, porque ya falta menos.