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La apertura del mercado iraní, arma de doble filo para la economía rusa

Tras desempeñar un papel crucial en las negociaciones sobre el acuerdo nuclear con Irán, Rusia espera mejorar su imagen y reforzar sus lazos comerciales con Teherán, pero el regreso del petróleo iraní a los mercados podría perjudicar la economía rusa.


El acuerdo cerrado el martes entre Irán y el grupo 5+1, destinado a garantizar la naturaleza pacífica del programa nuclear de Teherán, a cambio del fin de las sanciones internacionales que ahogan su economía, representa también un medio para mejorar la imagen internacional de Rusia, que ha jugado un papel clave, reconocido incluso por el presidente estadounidense, Barack Obama, quien dio las gracias a su homólogo ruso, Vladimir Putin, por su ayuda.

«La mayor recompensa de Rusia en este acuerdo es su prestigio», estima Serguei Sereguichev, especialista de Oriente Medio en la universidad estatal de Ciencias Humanas de Moscú. «¿Quién cerró este acuerdo con EEUU? ¡Rusia! Sin Rusia, nunca habría habido un entendimiento», asegura.

Y Moscú, cuya economía en recesión se ve muy afectada por las sanciones occidentales vinculadas a la crisis en Ucrania y por la caída de los precios del petróleo, espera ahora partir desde una posición privilegiada en la carrera por los jugosos contratos iraníes, especialmente energéticos y de transporte.

Las empresas rusas, como los Ferrocarriles Rusos (RGD) o el gigante petrolero Lukoil, están dispuestas a participar en la competición por las inversiones en los sectores más golpeados por las sanciones. En el nuclear, Rusia ya acordó con Irán la construcción de dos nuevos reactores para la central de Buchehr, en la costa del golfo Pérsico.

Respecto a la cuestión armamentística, Moscú confirmó a finales de mayo haberse puesto de acuerdo con Irán para la venta de baterías de misiles tierra-aire S-300, un equivalente de los Patriot estadounidenses, capaces de derribar aviones y misiles. El embargo de armas continuará un mínimo de cinco años en vigor, pero según el ministro ruso de Exteriores, Sergei Lavrov, la venta a Irán es todavía posible con la aprobación del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. No obstante, para Rusia, el regreso de Irán es también sinónimo de mayor competencia en el sector del petróleo. Varios analistas prevén una bajada del precio del barril a partir de 2016, cuando el Consejo de Seguridad de la ONU, el Congreso estadounidense y el Parlamento iraní hayan ratificado el acuerdo.

«Irán tiene ganas de exportar de nuevo petróleo hacia Europa», señala Semion Bagdasarov, especialista de Oriente Medio en el Centro de Investigación Analítica, con sede en Moscú. «Un jugador importante regresa al mercado y la competencia se intensificará», añade. Esto representa una mala noticia para Rusia, máxime cuando la caída del precio del petróleo explica en gran parte la recesión en la que se sumió su economía desde principios de año.

Otros analistas estiman, sin embargo, que esta caída de precios no tendrá lugar, visto el interés de Irán, miembro de la OPEP, de no inundar el mercado, sino de buscar un acuerdo. «Irán buscará obtener todo el dinero posible de la supresión de las sanciones», apunta Sereguichev, para quien «un acuerdo sobre los precios es totalmente posible para evitar la caída del mercado».

Netanyahu no se resigna a aceptar el acuerdo

El secretario de Defensa de EEUU, Ashton Carter, se reunió ayer con Benjamin Netanyahu para intentar calmar la preocupación de Israel sobre el acuerdo pactado con Irán. Los dos responsables se saludaron con un largo apretón de manos antes de comenzar las conversaciones, sin hacer ninguna declaración. Más tarde, Netanyahu señaló que «le dije que (el acuerdo) pone a Israel, a Oriente Medio, a Europa y a todo el mundo frente a graves amenazas». Para intentar serenar a su aliado, Carter dijo el lunes que EEUU estaba dispuesto a reforzar su cooperación militar con Israel, citando especialmente la defensa antimisiles o la seguridad informática. Pero Israel no tiene intención de empezar a negociar compensaciones en forma de una mayor ayuda militar: sus esfuerzos siguen concentrándose en hacer fracasar el acuerdo o al menos debilitarlo presionando en el Congreso de EEUU. La viceministra israelí de Exteriores, Tzipi Hotovely, reiteró que Israel no se resigna: «este acuerdo es malo y vamos a seguir luchando para cambiar las cosas». GARA