16 DIC. 2015 Entrevista HOU HSIAO HSIEN DIRECTOR DE CINE «Determinar el aspecto visual de una película es la base de mi trabajo» Nacido en Guandong en 1947, debutó como director en 1980 con «Cute Girls». Desde entonces su prestigio internacional fue en aumento. En 1989 consiguió el León de Oro en Venecia con «Tierra de desdicha»; en 1993 se hizo con el Premio del Jurado en Cannes con «El maestro de marionetas». Tras ocho años sin apenas rodar, en mayo regresó a Cannes con «The Assassin», que acaba de ser estrenada. Jaime IGLESIAS MADRID A sus 68 años, pese a tener tras de sí una vasta filmografía que inauguró en 1980 y permanecer fiel a unos rasgos de estilo que hacen de sus películas obras perfectamente identificables, Hou Hsiao Hsien sigue siendo un realizador desconcertante. Su anterior largometraje “El vuelo del globo rojo” (fechado en 2007) proponía una revisión de un clásico del cine francés de los 50, algo que generó estupor en muchos espectadores pues nada hay más alejado de la singularidad que se le presupone al cine de autor que la perpetración de un remake. Si aquello produjo pasmo, no menos extraño fue el silencio que siguió a dicha realización: ocho años se mantuvo el cineasta taiwanés sin rodar. En todo este tiempo su firma solo apareció en dos filmes colectivos. «Que haya estado alejado de los rodajes no significa que haya estado alejado del cine. En este tiempo asumí la dirección del Festival de Taipei y después de otra Muestra de Cine en mi país», explica el director con la naturalidad de quien no es capaz de asumir toda la expectación que rodea su figura. Expectació n que se vio incrementada durante el pasado Festival de Cannes cuando se anunció el regreso de Hsiao Hsien tras las cámaras con “The Assassin” (película que a la postre le valió el premio al Mejor Director). No obstante, la atención de la que fue objeto esta obra, no obedeció tan solo al hecho de constituir el ansiado regreso de uno de los cineastas más reputados y premiados de los últimos tiempos, sino a su adscripción al género wuxia (el típico relato de caballería y artes marciales que ha nutrido durante siglos la creación artística china en sus manifestaciones más populares): «Sé que a algunos les puede parecer algo insólito, pero mi interés por este tipo de narraciones no es nuevo. Antes de debutar como director, ya escribí un par de guiones adaptando sendos relatos de la dinastía Tang», reconoce el cineasta. De este modo, la aproximación al wuxia que lleva a cabo Hou Hsiao Hsien bebe más de fuentes literarias que cinematográficas, algo que no debería extrañar en alguien cuyas películas se caracterizan por una mirada contemplativa en torno a los personajes y su relación con el medio: «Lo que me interesa del wuxia como género literario, sobre todo en el que se escribió durante la dinastía Tang y del que fui un lector compulsivo durante mi adolescencia, es que se trata de relatos muy breves, en algunos casos de apenas mil palabras. Sin embargo en su concisión se trata de narraciones que sintetizan muy bien las emociones que tienen lugar en el alma humana. Eso trasciende el simple relato de aventuras». De ahí que, lejos de plegarse a la fastuosidad y al dinamismo que le son propios a un género como el wuxia y ante los que han venido sucumbiendo otros ilustres autores como Zhang Yimou, Chen Kaige o Ang Lee, Hou Hsiao Hsien haya resuelto apropiarse de su simbolog ía para incidir en aquellos escenarios de introspección que han venido caracterizando su cine, lo que ha generado un desconcierto añadido en algunos espectadores: «Asumo que tengo un estilo peculiar pero no sabría cómo definirlo. Algunos lo califican de pictórico, otros de excesivamente contemplativo. Para mí, determinar el aspecto visual de una película es la base de mi trabajo, a partir de él desarrollo todo lo demás. Para eso me veo beneficiado de mi colaboración con un equipo con el que llevo trabajando muchas películas. Por ejemplo, el director de fotografía conoce lo que quiero y sabe cómo capturar la mejor luz en cada secuencia». Esa complicidad también se manifiesta con los actores a los que el cineasta reconoce no dar excesivas indicaciones: «En el set no me gusta decirles a los actores lo que tienen que hacer, confío en ellos y me gusta que improvisen sobre lo que está escrito en el guion, es algo que favorece la naturalidad y hace más creíbles las reacciones de sus personajes. Si hay algo que no me gusta en sus actuaciones no les corrijo en el momento porque siento que eso les bloquearía, prefiero comentárselo algunos días más tarde y volver a rodar con ellos». Esa metodología a la hora de encarar su trabajo depara un filme atípico, indiscutiblemente plástico, sí, pero según muchos también vagamente inerte. Hou Hsiao Hsien se defiende alegando que «una escena puede ser ágil y bella sin necesidad de recurrir a varias cámaras. A mí personalmente no me gusta mover la cámara por moverla, ni experimentar demasiado en este sentido, pues siento que eso desconcertaría a los actores y al resto del equipo y mis dudas se las trasladaría a ellos. Puede que haya quien piense que mi estilo es excesivamente austero o anquilosado y lo respeto, pero lo cierto es que me siento a gusto rodando a la manera tradicional». Puede que, en el fondo, Hou Hsiao Hsien se sienta cómodo proyectando el sosiego de su mirada sobre un escenario de agitación como el que se evoca en “The assassin”, en lo que tiene de gesto airado frente al artificio que sostiene buena parte del cine de acción que se produce en nuestros días. Representante de una generación que dio al cine taiwanés sus mayores momentos de gloria, el director siente que aún le quedan muchas cosas que decir aunque se muestre escéptico respecto al futuro de la cinematografía de su país: «Las cosas han cambiado mucho respecto a cuando yo empecé. China tiene un mercado enorme pero la industria de Taiwán cada vez es más pequeña. Los directores jóvenes se lo juegan todo a una carta y si no tienen éxito con sus primeras películas, es muy difícil que encuentren financiación para sus siguientes proyectos. Por otra parte, el poderío industrial que antes teníamos en Taiwán hoy lo tiene Pekín, que para nosotros no deja de ser un mercado impenetrable. No estoy muy seguro de que los cineastas taiwaneses supiéramos adaptarnos a las exigencias de dicha industria».