27 DIC. 2015 CRÍTICA «La odisea de Alice» La aportación de la mujer a los relatos de marinos Mikel INSAUSTI El cine actual se renueva en buena parte gracias a la aportación de mujeres cineastas que tienen mucho que decir sobre temas tradicionalmente reservados a los hombres, y uno de ellos es el de los relatos de marinos. De ahí lo original y refrescante que resulta “Fidelio, l’odysée d’Alice”, ópera prima de la prometedora guionista y realizadora Lucie Borleteau, que es natural de la ciudad portuaria de Nantes y se inspiró en la figura real de una amiga suya que había estado embarcada en un carguero. Para dar vida a su Alice, nombre que pronunciado en francés suena parecido a Ulysse en el homérico título original, la debutante confió en la actriz Ariane Labed, que se hace con la película. Ganó el premio de Mejor Interpretación Femenina en el Festival de Locarno, además de ser nominada al César. Ella es la segunda oficial de máquinas del Fidelio, trabajo que realiza rodeada de hombres porque es la única de su sexo abordo. La dureza de su cometido no le resta atractivo, si bien no se conforma con ser receptora de los deseos sexuales de ellos, siendo en ese sentido muy activa. La bella y dura trabajadora Alice, que una cosa no quita la otra, ama por encima de todo la libertad como buena marina que es. Y así comparte un romance en tierra con otro en la mar, pues ha dejado a su novio en el puerto de Marsella, y durante la navegación a Senegal se reencuentra con el que fuera su primer gran amor, ahora convertido en capitán mercante. Y hay más, porque establece una conexión más intima con un tercero, que es el viejo lobo de mar al que sustituye por defunción, ocupando su camarote, donde encuentra un cuaderno de bitácora lleno de experimentadas anotaciones sobre viajes y amoríos. La travesía en compañía de Alice emociona y hace pensar, dentro de ese sentido de la aventura interior que acuñaron grandes autores de relatos marinos como Joseph Conrad.