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CRÍTICA «De padres a hijas»

Se hace psicóloga para superar los traumas de infancia


Los maestros del cine italiano nunca intentaron la aventura americana, porque no encajaban en Hollywood, ni siquiera Vittorio De Sica. El único que se erradicó allí sin problemas fue Franco Zeffirelli, pero cuando todavía gustaban las puestas en escena suntuosas o lujosas. Hoy en día pasa algo parecido con Gabriele Muccino, que se ha prestado a hacer las Américas mientras el resto de sus colegas prefieren rodar en inglés sin salir del viejo continente. Su viaje en solitario encontró el apoyo de Will Smith, que le produjo “En busca de la felicidad” (2006) y “Siete almas” (2008), yendo de más a menos, como la propia carrera del cineasta transalpino, que no ha conseguido remontar el vuelo transoceánico ni con “Un buen partido” (2012), protagonizada por Gerard Butler, ni tampoco con “Padres e hijas”, que protagoniza un Russell Crowe cuya estrella se va apagando por una serie de malas elecciones profesionales.

Aunque hay que reconocer que el actor australiano es un poco el referente, cediendo la conducción del relato a la actriz Amanda Seyfried, ya que en el punto de vista narrativo prevalece la perspectiva temporal de la hija sobre la del padre. Es ella, la que ya adulta (30 años) recuerda su infancia (5 años), mediante flash-backs que van del presente al pasado. Fue la complicada relación paternofilial la que le dejo un trauma familiar, que intenta superar haciéndose psicóloga para poder ayudar a otras niñas que se encuentren en su situación. En su caso el problema no es la falta de amor paterna, sino todo lo contrario, ya que su progenitor enloquece con la perdida en accidente de tráfico de la esposa y madre, y acepta ser internado en un psiquiátrico, precisamente para recuperar la custodia de la pequeña, en pleito con su hermana y tía de la niña.

Muccino se acomoda una vez más en el melodrama sentimenta, planteando la historia como un romance al uso, por más que hable de una pasión paternal.