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IMPULSO AL PROCESO

Importantes cesiones de JxSí y CUP permiten el acuerdo «in extremis»

Tras más de tres meses de negociaciones y con la campana a punto de sonar, Artur Mas decidió ayer dar un paso a un lado y ceder la presidencia al alcalde de Girona, Carles Puigdemont. A cambio, la CUP presentará la dimisión de dos diputados, mientras que otros dos diputados trabajarán con JxSí para garantizar la estabilidad parlamentaria.


Días para la historia, quizás, y para la histeria, seguro. Proceso no apto para cardiacos. Tras el efectivo teatro del viernes, en el que pareció extinguirse toda posibilidad de acuerdo (servidor, que así lo creyó, asume su culpa), ayer los negociadores de Junts pel Sí y la CUP siguieron trabajando en un acuerdo más avanzado de lo que parecía y que cristalizó con el compromiso de investir hoy como president al alcalde de Girona, Carles Puigdemont, en el pleno probablemente más extraordinario que haya celebrado nunca el Parlament de Catalunya.

Bueno o malo, lo dirá el tiempo. Todos los acuerdos que han permitido que el proceso avance a trancas y barrancas han sido acuerdos imperfectos, extraños y a veces incomprensibles a primera vista. Simplemente han sido los acuerdos posibles en cada momento. Lo fue la doble pregunta del 9N, lo fue el «proceso de participación ciudadana» en que acabó dicha consulta, lo fue la candidatura de Junts pel Sí que posibilitó el 27S y lo es el acuerdo alcanzado ayer por JxSí y la CUP. Mal que bien, hasta ahora todos los acuerdos han permitido avanzar en ese artefacto extraño llamado proceso soberanista. Y el de ahora va en camino, a juzgar por las airadas y desesperadas reacciones suscitadas ayer mismo en el seno del unionismo. No se lo esperaban.

Sobra decir que no ha sido fácil. Después de resistirse con uñas y dientes, y con las encuestas augurando un descalabro descomunal para Convergència en las elecciones de marzo, Mas cedió finalmente ayer el trono y aceptó abandonar la presidencia de la Generalitat. Lo cual no indica, ni mucho menos, que se retire a jugar a la petanca, como dejó claro ayer mismo. «En el pasado dije que pasados 18 meses no me volvería a presentar. Con la decisión de hoy quedo libre del compromiso», advirtió un Mas que calificó de «doloroso» el paso y que apuntó que su prioridad será ahora «reconstruir» el espacio de Convergència. «Hago este servicio porque tengo presente el interés del país por encima de cualquier otro», añadió, recuperando el tono épico perdido durante la última semana.

Pero un animal político no deja el trono a cambio de nada. Con él se lleva dos diputados de la CUP, que dimitirán como contraparte. El recambio se formalizará hoy mismo, aunque al cierre de este diario no se conocía todavía el nombre de los diputados que darán el paso a un lado.

Además, JxSí incorporará a su dinámica parlamentaria (que no a su grupo parlamentario) a dos diputados de la Esquerra Independentista, que servirán para dar estabilidad parlamentaria al Govern encabezado por Puigdemont, que además de alcalde y diputado, también es presidente de la Associació de Municipis per l’Independència (AMI).

El acuerdo también implica una autocrítica pública y escrita de la CUP, que ayer Mas, lejos de emular, lució en su comparecencia como un trofeo de caza. Un ‘mea culpa’ que, sin embargo, la Esquerra Independentista aseguró que Mas también entona de forma implícita al aceptar dar un paso a un lado. Es la viva prueba de que sí, que el acuerdo está cerrado, pero que la lucha por el relato en el seno del soberanismo sigue vigente. Hay quien se aferrará a la renuncia evidente de Mas y hay quien tratará de apoyarse en las innegables cesiones de la CUP. La mejor noticia para el acuerdo es probablemente que a ambas partes les costará venderlo como una victoria en sus respectivas parroquias.

Acuerdo de cinco de puntos

Más allá de las interpretaciones, el acuerdo escrito. Mientras Mas anunciaba su renuncia, la CUP envió a la prensa una copia del acuerdo en la que se recogen los cinco puntos del pacto. Los tres primeros son los tres principales compromisos, empezando por el de «no votar en ningún caso en el mismo sentido que los grupos parlamentarios contrarios al proceso y/o el derecho a decidir cuando esté en riesgo la citada estabilidad». La CUP se compromete, por lo tanto, a ofrecer al Govern una estabilidad parlamentaria que se garantizará a través del segundo punto del acuerdo: «Garantizar que dos diputados/as de la CUP-CC se incorporarán a la dinámica del grupo parlamentario de Junts pel Sí». La propia CUP aclaró ayer que su grupo seguirá teniendo 10 diputados y que los dos parlamentarios señalados «participarán en todas las deliberaciones y actuarán conjuntamente en las tomas de posición del grupo para dar cumplimiento a aquello que estaba establecido en el punto 1». Es decir, a la estabilidad parlamentaria.

El tercer compromiso es el de «investir en la primera votación la persona candidata a la presidencia de la Generalitat a la investidura que el actual president proponga de entre los miembros del Grupo Parlamentario de Junts pel Sí». Es decir, la decisión última de elegir a su sucesor recayó en exclusiva sobre el propio Mas.

En el cuarto punto se deja ver el rencor de Convergència hacia la CUP, a la que obliga a reconocer «errores en la beligerancia expresada contra Junts pel Sí, sobretodo en todo aquello relativo a la voluntad inequívoca de avanzar en el proceso de independencia». «Por todo ello, la CUP-CC se compromete a reconstruir, a todos los efectos, la potencia discursiva y movilizadora de la etapa política que se inicia con este acuerdo, incluyendo la defensa activa de todos los agentes que lo hacen posible», se lee.

Este ‘mea culpa’ se traduce en la práctica en el quinto y último punto del acuerdo, en el que la CUP «pone a disposición del acuerdo el compromiso de renovar, tanto como sea necesario, el propio grupo parlamentario con el objetivo de visualizar un cambio de etapa y asumir implícitamente la parte de autocrítica que le corresponde en la gestión del proceso negociador». En la nota con la que acompañó el acuerdo, la CUP amplió la explicación: «como el president en funciones, Artur Mas, ha hecho un paso a un lado y ha aceptado su parte de responsabilidad en las dificultades de los últimos meses, nosotros también lo hacemos en los mismos términos».

La diputada de la CUP Eulàlia Reguant fue la encargada de comparecer brevemente ante los medios de comunicación para echar mano de la perspectiva: «Nos presentamos con unos compromisos muy claros: avanzar por la ruptura democrática, un plan de choque y una presidencia de consenso».

El unionismo reacciona con el aviso de la Moncloa a la cabeza

Fue cuestión de minutos. Poco después de que Junts pel Sí y la CUP confirmasen el acuerdo, el Gobierno español emitió una nota apresurándose a recordar que «todos estamos sometidos al imperio de la Ley y más aún aquellos a quienes se les encomienda la representación de las instituciones». Toda una bienvenida al que hoy será investido como nuevo president, Carles Puigdemont. «No hay mayoría parlamentaria que pueda amparar o justificar actos ilegales o, menos aún, la pretensión de romper la soberanía nacional expresada en la Constitución», añadió un Gobierno en funciones del PP que de buen seguro ve en el acuerdo catalán una oportunidad de oro para presionar al resto de partidos a favor de un gobierno de unidad. De hecho, en el mismo comunicado, que recuerda la suspensión de la Declaración de ruptura por parte del TC, la Moncloa aprovechó para «trasladar a las distintas fuerzas políticas la necesidad de que el próximo Gobierno de España cuente con una amplia base parlamentaria que garantice la estabilidad y la capacidad para defender con solvencia y eficacia el derecho de todos los españoles a decidir sobre su país, y hacer frente al desafió independentista».

Tampoco tardó en tratar de sacar tajada Podemos, que a través de un comunicado consideró que el acuerdo es una «victoria política de Mas y CDC, que retiene la presidencia». «Mas y CDC consiguen atrincherarse. El inmovilismo intentará hacer lo mismo en la Moncloa. La solución: plurinacionalidad y nuevo acuerdo», apuntó a través de las redes sociales su líder Pablo Iglesias. También el cabeza de lista de En Comú Podem (la candidatura catalana que el 20D sumó Podemos, ICV-EUiA y el entorno de Ada Colau), Xavier Domènech aprovechó para traer el agua a su molino: «Cuanto más tiempo pase menos se entenderán estos tres meses de la política catalana y es probable que todo un proyecto se haya agotado forzándose. Desde este mismo momento es necesario empezar a construir una alternativa real de país para su gente y desde nuevas mayorías». Más dura y grandilocuente fue la diputada de Catalunya Sí que es Pot Gemma Lienas: «RIP a la CUP. La izquierda es nuestra».

El acuerdo generó todo tipo de reacciones críticas y desesperadas en el seno del unionismo. Es el caso del líder de Ciudadanos, Albert Rivera: «Mas sigue, pone a Puigdemont de presidente, tendrá investidura con dos tránsfugas de la CUP para seguir dividiendo a los catalanes. Patético». Del entorno socialista solo el PSC habló para asegurar que «políticamente, Catalunya está a la deriva».B.Z.