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DE REOJO

Cuchillos


De tanto usar el prefijo se nos ha hecho una herida. Gastro-Bar, gastro-bistro, gastro-boutique, gastro-restaurante, y añadamos una tenebrosa: Gastro-Muerte. Todo lo gastro se ha convertido en un simulacro de sabiduría, poder y esnobismo. Los cocineros y algunas cocineras han colocado su función entre la necesidad, el arte y la inversión inmobiliaria. No hay un cocinero sin seudo filosofía que lo ampare y que quiera compartir para adoctrinar. Tampoco sin un capital que lo apoye. La poética de las cartas forma parte de un libro de estilo que se fija más en el cuerpo de la letra que en el interés por explicar un plato sin adjetivos.

Elevados los jefes de cocina a las primeras páginas de los medios, convertido su oficio en un lujo, una vez cambiado de manera integral el gusto general en la restauración de fórmula y menú, resulta que también ha llegado una epidemia de terror. Fallecimientos repentinos en tierras lejanas, desapariciones misteriosas en los montes cercanos a Bilbao y ahora el presunto suicidio del chef Benoit Violier el considerado mejor cocinero del mundo. Puede que sea una consecuencia de la sobreexposición mediática que hace que sepamos mucho más de sus vidas y por lo tanto de sus posibles muertes.

O podemos estar ante algo mucho más tenebroso, donde influyan otras tensiones que no sean las culinarias, sino el estrés de sus inversiones, la asociación con capitales algo oscuros para poder crear estas infraestructuras tan excelentes. ¿Habrá una gastro-mafia? Se puede intuir la existencia de una guerra de cuchillos. Es difícil mantener una clientela de alta capacidad de gasto, fundamentar un circuito de degustadores de gastronomía sideral frente al comedor complaciente. La tele los encumbró como se ha visto con Dabiz Muñoz, un icono de la publicidad y la autopromoción.