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Dos mujeres


Recibe la noticia del fallecimiento de su marido en un accidente y rota de dolor ella se encierra en su habitación. Pero la autora de este relato describe cómo poco a poco va abriéndose paso dentro de esa mujer una sensación furtiva y sutil que va tomando cuerpo y que aunque ella lucha por rechazar acaba imponiéndose. «¡Libre, libre, libre!», susurra al fin. Reconoce esa energía naciente como el impulso más poderoso de su ser. Días y años venideros en que tendrá las riendas de su propia vida. «¡Y pensar que tan solo ayer sentía escalofríos al pensar que la vida pudiera durar demasiado!». Pero en esta breve “Historia de una hora”, de la norteamericana Kate Chopin (1851-1905), hay aún otra demoledora vuelta de tuerca final. Algo más largo pero igualmente tremendo es “El papel de pared amarillo”, de Charlotte Perkins Gilman (1860-1935), narrado en primera persona por una mujer que se desahoga escribiendo pero que ha de hacerlo a escondidas porque su marido cree que es perjudicial para ella. Él es médico y «quizá sea esa la razón por la que no mejoro», escribe ella. Todo parece indicar que sufre una depresión postparto y una insatisfacción vital de caballo de las que no es consciente. Su marido ha alquilado una mansión apartada para pasar el verano y que ella “descanse” y “mejore de los nervios”. La autora envuelve esta denuncia de la terrorífica situación de las mujeres en el XIX en un aterrador relato gótico. Poco a poco la mujer se obsesiona con el laberíntico dibujo del papel de su espeluznante habitación hasta que consigue desentrañarlo: una mujer, no, muchas mujeres, luchan tras el entramado del dibujo por salir, por escapar. Las vidas de ambas escritoras son igualmente fascinantes.