14 FEB. 2016 DE REOJO Pingüinos Raimundo Fitero Contagiado por las aritméticas parlamentarias y los bufidos climatológicos, caigo en la cuenta de que nunca me he puesto a pensar en cuántos pingüinos están merodeando por este planeta con su simpático caminar y capacidad para mirar en el horizonte helado de manera meditativa. Una noticia nos alerta: en la Antártida, un iceberg, ha provocado la muerte de ciento cincuenta mil pingüinos. ¿Hay que lanzar una campaña para salvar a los pingüinos? ¿Qué porcentaje sobre la población global de pingüinos significa esta matanza masiva? ¿Es una catástrofe natural o algo tendrá que ver con el efecto invernadero, la capa de ozono, el cambio climático, la supuesta guerra estratégica por hacerse con el control del agua y el auge de Ciudadanos? Dudé siempre sobre esas colonias de pingüinos que reciben visitas turísticas masivas en el sur del sur. Pese a estar en el estrecho de Magallanes, nunca me acerqué, como a tantas cosas mi prefabricado conocimiento llega a través de las cámaras y las narraciones de los canales especializados y el relato de quienes sí van y se traen cientos de fotos clónicas. Me parece que son parques zoológicos acotados, colonias alimentadas y protegidas por las autoridades para el negocio, una explotación sofisticada de estos animales. Pero de repente, mueren esa cantidad de individuos y crecen mis dudas. ¿Son comestibles? El martilleo de la irrealidad noticiable cercana nos muestra a dos pingüinos varados en el despropósito y la impostura que no se saludan, no se dan la mano, no caminan como Chaplin, buscan una investidura con retardo o por la gracia de los dioses sin darse cuenta que anda por ahí un iceberg de la corrupción que debería acabar con la banda. Esta campaña electoral es muy rara. Nadie defiende a los pingüinos, ni el Partido Animalista.