17 FEB. 2016 Subjetivo Carlos GIL Analista cultural En mi marco incomparable se refleja la famosa silla de Tadeusz Kantor en la que está sentado Bertolt Brecht. Al lado Bob Wilson sube una montaña pelada donde le espera Peter Brook, que sigue iluminando el desierto atravesado por dos cuerpos a los que Eugenio Barba quiere convertir en paradoja de la existencia. Escribo una biografía con retazos subjetivos porque una vez los leí, otras asistí a sus espectáculos y en ocasiones hasta participé en proyectos comunes. Nadie puede dibujar un sueño en un grano de arena, pero se puede construir una epopeya desde un impulso subjetivo que haga desvanecerse esa torre ególatra que quiere llegar a hacer cosquillas a los grandes soñadores de realidades artísticas que inundan nuestros imaginarios cielos o parnasos. Se necesita una voz, un gesto, un recuerdo malinterpretado para armar un código funcional que sirva igual para componer sinfonías que para transmitir en un taller de escritura de cuarenta escasas horas la inmensidad de la Rayuela de Julio Cortázar. Dosis y veneno. Lo objetivo como bien de cambio, lo subjetivo como valor de uso. Interpretar el vuelo de una paloma urbana es un reglamento pero describir el silbido de una hoja enamorada en su travesía hasta el humus regenerador no puede ser más que una poesía cuántica. Agazapado el subconsciente espera el cese del ruido sordo de estas fiestas tardías. Digo amor y tartamudeo.