25 FEB. 2016 DE REOJO Pedo Raimundo Fitero Flatulencia o borrachera. Un pedo puede ser ambas cosas. Pero nos cuentan que por un pedo, una flatulencia, en una localidad valenciana se ha organizado un tiroteo entre clanes rivales. Y uno si no atiende bien, le hablan de Valencia, de bandas y de clanes, no puede hacer otra cosa que pensar lo políticamente correcto y acordarse del PP y sus tramas. Cómo sería el pedo para provocar ese altercado que ocasionó cutres heridos y cuatro arrestados. O qué sensibilidad la de algunos ante los pedos de los rivales. Esto de los pedos tiene una filosofía oculta, poemarios y explicaciones médicas y antropológicas. Sería lógico que en Gran Hermano, un pedo pudiera ocasionar una reyerta, una discusión, tres debates, seis programas extras del que se lo tirara, un cisma, seis expulsiones y tres rescates. Se trata del programa de la escatología subsidiaria. Los pedos como expresión del cuerpo ante la barbarie no son más que un decorado secreto. Allí las flatulencias son de otra especie más perfumada aunque al final dejen un retrogusto más nocivo. Una jaula de frikis bien pagados que hacen pedorretas a la inteligencia y al sentido común. Aunque pedorreta, pedo, diarrea la que se está viviendo con el famoso pacto de los montes entre Pedro Sánchez y Albert Rivera. No se entiende bien si se trata de un primer acto de un sainete, la puesta en escena de una estafa política o si asistimos en vivo y en directo al suicidio de un político efímero que va dopado creyendo que será presidente caminando hacia la derecha, que es donde está la pared electrocutada que le dejará achicharrado. La imagen de ambos es una portada de revista del corazón. O no saben de aritmética o es el inicio de la nueva campaña electoral. O hay truco. O es un nuevo reality con políticos. Al primer pedo, aunque sea sordo, se arma.