01 MAR. 2016 JO PUNTUA Cambio climático Jon Odriozola Periodista Para mí tengo, dentro del género conspiranoico al que me apunto impúdicamente, que fue Margaret Thatcher –fíjense adónde me voy–, la madre putativa de la teoría del Calentamiento Global. La Dama de Hierro conocía bien, al llegar al poder en 1979, cómo las huelgas de los mineros ingleses habían derribado el Gobierno tras la crisis del petróleo del 73. A resultas de esto, decidió potenciar la energía nuclear (aquí nos suena de algo) y el gas escocés frente al carbón y el petróleo a fin de aflojar la dependencia del Reino Unido de estas energías fósiles y, de paso, desactivar los sindicatos mineros y cerrar las minas, si cabe. Tratando de camelar a la opinión pública, la antigua licenciada en Química (como Rubalcaba), Thatcher, impulsó la teoría del Calentamiento Global, pese a que a principios de los años 80 la teoría en boga era precisamente la contraria –el enfriamiento global–. La culpa era del carbón. En 1988, tras haber derrotado a los mineros cuatro años antes (en la huelga de doce meses que dejó las casas sin carbón en invierno), Thatcher, crecida, pronunció un discurso en la Royal Society en el que señalaba al calentamiento global, el agujero de ozono (efecto invernadero) y la lluvia ácida como problemas medioambientales de primera magnitud. Iron Maiden se convertía en la primera jefa de gobierno en apadrinar públicamente la lucha contra el Cambio Climático, antes de los diversos Kyotos. Se estaba apostando por la energía nuclear. En 1990, Thatcher creó el Centro Hadley, uno de los puntales del actual IPCC de la ONU (supuestos expertos en el cambio climático). Uno de sus campeones fue Sir Crispin Tickell, embajador inglés ante la ONU entre 1987 y 1990 (último mandato de Thatcher). Tickell, en un libro escrito en 1977, profetizaba –Al Gore todavía estaba con el chupete– el calentamiento global (se presentó por el Partido Verde en 2001). A Thatcher le sucedió John Major en 1990 y el interés por el Cambio Climático decayó notablemente en Inglaterra. Quizás porque la transformación energética ya estaba realizada. En 1988, Iron Maiden se convertía en la primera jefa de gobierno en apadrinar públicamente la lucha contra el Cambio Climático, antes de los diversos Kyotos. Se estaba apostando por la energía nuclear