21 MAR. 2016 JO PUNTUA Mirando al cielo Anjel Ordóñez Periodista En Balmaseda se toman muy en serio la celebración de la Semana Santa. Algo muy respetable, aunque la esencia religiosa no se comparta. Aproximadamente ochocientas personas participarán este año en la Pasión Viviente del municipio encartado, lo que significa que el diez por ciento de la población estará implicado desde el jueves en una escenificación con momentos como el Concilio de los Sacerdotes, la Última Cena, la Oración en el Huerto de los Olivos, el Prendimiento de Jesús y el juicio ante los sacerdotes liderados por Caifás. El viernes seguirá el asunto, con más y más cruentos capítulos bíblicos. Les ahorro el detalle. Pues en Balmaseda, como en buena parte de los hogares de Euskal Herria, están estos días pendientes del tiempo. Los avances tecnológicos en materia de meteorología, en combinación con el acceso a la información a través de internet, nos permite saber qué tiempo va a hacer hasta en el último rincón del mundo. Grado arriba, grado abajo. Y, claro, la mayoría espera que haga bueno. Empezando por los hosteleros, cuya economía anual depende de semanas como ésta; y si aparece la lluvia... Ya veremos. Lo cierto es que no hemos tenido mal invierno. O sí. Depende cómo se mire. Para quienes sus ingresos mensuales no les permiten encender la calefacción, la cosa ha ido bastante bien. Sobre todo si se tiene en cuenta que una buena parte de las personas encardinadas en eso que se ha dado en llamar situación de «pobreza energética» son ancianos. Para ellos, cada grado cuenta. Pero el asunto es poliédrico. Hemos tenido uno de los inviernos más cálidos de las últimas décadas. De hecho, y según las estadísticas, quince de los dieciséis años más cálidos de la historia de este planeta pertenecen al siglo XXI. El hielo del Ártico disminuye a un ritmo alarmante: un 13,4% cada diez años. El deshielo provoca que el nivel del mar crezca a un ritmo de 3,4 milímetros anuales. Aquí, también, cada grado cuenta. Lo miremos por donde lo miremos, lo estamos haciendo francamente mal. Hace tiempo que dejé de cuestionarme si el crecimiento es sostenible o insostenible. Creo firmemente que no es crecimiento. Una buena parte de las personas encardinadas en eso que se ha dado en llamar situación de «pobreza energética» son ancianos. Para ellos, cada grado cuenta