12 ABR. 2016 Otras dos penas de muerte evidencian el racismo del sistema judicial en EEUU Dos penas de muerte contra presos negros han vuelto a llevar al debate público el problema del racismo en el sistema judicial estadounidense que amenaza a los afroamericanos con más posibilidades de ser ejecutados. La primera de las sentencias está prevista para hoy, a menos que prosperen los recursos de última hora. GARA washington Las demandas para suspender la ejecución de Keneth Fults y Duane Buck, dos negros en el corredor de la muerte, se acumulaban a pocas horas de que fuera cumplida la primera de las sentencias, e ilustran el racismo que impregna el sistema judicial estadounidense. Fults, nacido en 1968, lleva en prisión veinte años por haber matado por disparos a una mujer blanca en enero de 1996 y hoy debía recibir una inyección letal en una prisión del Estado de Georgia. Amnesty International lleva a cabo una campaña para conseguir una anulación de última hora de la ejecución, recordando que, ocho años después del proceso, uno de los miembros del jurado declaró bajo juramento haber votado a favor de aplicar la pena capital «porque este negro lo merecía». Los abogados de Fults han recurrido también a la comisión de indultos y libertades condicionales de Georgia. En caso de que rechace su apelación, el Tribunal Supremo en Washington sería la última oportunidad de salvar la vida del condenado. Pero la suerte de Fults no parece haber levantado las mismas emociones en la opinión pública que la de Duane Buck, que cuenta con un gran equipo de defensores. Fue condenado a muerte en 1997 en Texas, en un proceso en el que un «experto» vinculó su peligrosidad al hecho de que era negro. En este caso, nadie puso en duda la culpabilidad de Buck, de 52 años de edad, que en 1995 mató a su expareja y al hombre que se encontraba con ella. Pero para sus abogados la discutible opinión del «experto» violó la sexta enmienda de la Constitución que dice que un acusado «tendrá el derecho de ser juzgado con rapidez y públicamente por un jurado imparcial», es decir, no influido por ideas racistas. Peligro de reincidir por negro El Tribunal Supremo decidirá el 22 de abril si examina este caso, convertido en emblemático. Según la ley de Texas, una persona no puede ser condenada a morir a menos que el fiscal consiga probar que en un futuro puede poner en riesgo a la sociedad. Durante el proceso, el sicólogo Walter Quijano afirmó en el tribunal que el acusado tenía un alto riesgo de reincidir por ser negro. «No había muchos elementos de prueba sobre la cuestión de la peligrosidad futura de Buck, que no tenía antecedentes de condena por violencia», subraya Christina Swarns, jurista de la NAACP, organización defensora de los derechos de los afroamericanos en EEUU. Por ello, opina que las declaraciones de este «especialista» tuvieron de forma evidente un gran impacto en el jurado. Kate Black, una de las abogadas que le defiende, añadió que los 18 años pasados en prisión por Buck muestran que «que no ha supuesto ningún peligro y que, por el contrario, ha sido un preso modelo». Buck fue condenado en el condado texano de Harris que, entre los 3.000 de EEUU, cuenta con el récord absoluto de ejecuciones, el 9% del todo el país. Un estudio muestra que, entre 1992 y 1999, si el acusado era negro, los fiscales del condado de Harris pedían hasta tres veces más la pena capital y los jurados dictaban la pena de muerte hasta en el doble de ocasiones. EDITORIALESLos dos mayores diarios metropolitanos de EEUU, «The New York Times» y «Los Angeles Times» han publicado sendos editoriales pidiendo un nuevo proceso para Duane Buck.