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JO PUNTUA

Del 15M al 26J


Una estudiante de bachiller le pregunta a su profesor de matemáticas: «¿Qué es el infinito?»; y éste le dice: «lo inconmensurable.» Ante esta respuesta tan imprecisa, propia de las autodenominadas «ciencias exactas», la alumna decide hacérsela a su profesora de ciencias sociales y filosofía, a pesar de esperar una respuesta aún más inconcreta. Ésta le contesta: «el infinito es la capacidad de autoengaño del animal humano.» La alumna, más allá de su sorpresa por la inesperada definición, consigue visualizar qué es lo inconmensurable. Tal afirmación, le aporta de un plumazo claves para entender lo que ha sido la historia, la política, el amor, la familia, la comunicación de masas o la economía.

Ante ella aparece la imagen de la involución humana. La construcción de infinitas ideas, clasificaciones, estereotipos y expectativas que hace creerse al humano el único ser autoconsciente de su existencia, condición propia de todos los seres vivos que buscan reproducir un hábitat y la convivencia entre ellos para garantizar su supervivencia y, que no es precisamente una característica de un ser como el humano, que «vive» como si nunca se fuera a morir e incluso, inventa religiones para considerarse inmortal, que mira a la naturaleza, al resto de los animales y a sus semejantes como si fuera superior a ellos y, por lo tanto, se otorga el poder de asesinarlos, explotarlos y destruirlos en una guerra infinita que, además, trae consigo su autoaniquilación.

Esta reflexión de una joven etiquetada como adolescente, aplicada a la espectacularización de la política nos da elementos para entender como la banalización de la política mediante su escenificación mediática nos sumerge en el autoengaño y, está destinada a paralizar la movilización y la acción colectiva. Busca hacernos creer que con opinar en las redes, participar en sus instituciones, competir en su mercado electoral, vamos a lograr una transformación democrática. Repolitizar el creciente malestar social no es limitarse a votar nuevas marcas o atraer audiencias, es entre otras cosas, implosionar los cerebros y explosionar las instituciones para acabar con la infinita trampa del autoengaño que irremediablemente lleva a quien lo practica a la frustración.