23 MAY. 2016 CRÍTICA «Noche real» Aventura y romance juveniles de la reina Elizabeth II Mikel INSAUSTI No voy a hablar de placer culpable, ni voy a intentar justificar de forma acomplejada lo agradable que me puede llegar a resultar una trasnochada comedia de ambiente palaciego como “Noche real”. Durante poco más de hora y media te relaja y te facilita el trabajo, sin tener que molestarse en pensar en lo que estás viendo, ya que es como asistir a un pase de modelos retro, y encima con el encanto de lo genuinamente british. Además, cómo resistirse a la complicidad nostálgica en clave cinéfila, que supone el que el clásico de William Wyler “Vacaciones en Roma” (1953) sea la principal referencia. La principesca Audrey Hepburn es sustituida por la canadiense Sarah Gadon, mientras que el periodista corriente que encarnaba Gregory Peck se transforma en el soldado Jack Reynor que celebra el fin de la guerra. Y es que el romance interclasista sigue siendo una pura quimera, como siempre lo ha sido y será. “Noche real” es una fantasía en forma de burbujeante comedia, con esa capacidad para hacer creer al público que la vieja reina Elizabeth II también fue joven, y que hasta pudo enamorarse furtivamente. Así expresado parece imposible, pero Gadon es una gran actriz que juega con la doble identidad, pues el truco está en que la entonces princesa sale del palacio de Buckingham de incógnito, bajo la identidad falsa de Lillibeth. La comedia de equívocos está servida, y el resto lo hace el ambiente de locura colectiva del Día de la Victoria, pudiendo perderse la protagonista junto a su hermana Margaret entre la multitud que se ha lanzado a las calles de Londres. Todo el reparto funciona, también los secundarios, que son los más humorísticos, sobre todo los que hacen de escolta y los camareros que les sirven las pintas de cerveza. El aire festivo se contagia gracias al ritmo de los temas bailables de grandes orquestas de swing como la de Glenn Miller.