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De cero a cien


Hay que reconocerlo, la atmósfera no produce aburrimiento. Aún teníamos en la retina imágenes de pantanos con bajos niveles por las escasas precipitaciones, cuando el primer temporal del norte ha traído tanta agua que algunos ríos han llegado a desbordarse. Y aún teníamos en la retina imágenes de las estaciones de esquí sin nada de nieve, cuando ese mismo temporal ha dejado un grosor de manto inesperado. ¡De nada a todo, de cero a cien casi en un instante! Tanta ha sido la cantidad de nieve caída que, en muchas zonas del Pirineo se ha pasado directamente a un riesgo de aludes 5 (muy fuerte). Un manto en situación de máximo riesgo es algo que se suele producir de modo muy excepcional. Lo habitual es que una cosa así sólo ocurra durante unos pocos días a lo largo del invierno. Algunas temporadas, incluso, ni siquiera llega a producirse. Un riesgo muy fuerte de avalanchas significa que la capa de nieve caída se encuentra en su mayor grado de inestabilidad. En una situación de este tipo, cualquier ladera es susceptible de ser afectada por una caída de nieve. Incluso las vertientes con pendientes pequeñas son potencialmente peligrosas. Los aludes pueden llegar hasta zonas llanas. Ni siquiera se ven libres los fondos de los valles y tanto las carreteras como las zonas habitadas pueden estar en peligro. En estas circunstancias no resulta nada problemático decidir qué es lo que se puede y lo que no se puede hacer en montaña. Sencillamente porque está totalmente desaconsejado realizar cualquier tipo de actividad. Los aludes se pueden producir con tal facilidad y magnitud que hasta los montañeros más expertos deben optar por no salir. Sin embargo, tras el temporal del norte, la situación ha rolado al este y nos ha traído un intenso frío seco. Todo hace suponer que el manto se irá estabilizando y que el nivel de riesgo irá descendiendo hasta que, por fin, podamos empezar a hacer planes en blanco.