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Viejo mundo


Hace poco más de 200 años los franceses guillotinaban la monarquía absolutista, impulsaban la división de poderes y redactaban la primera carta de derechos ciudadanos. Luis XIV había perdido su cabeza entre otras razones por apoyar económicamente en tiempos de crisis a los colonos americanos que proclamaban precisamente la república, la división de poderes y la igualdad de derechos. En el aniversario de su decapitación, el millonario Donald Trump se ha investido presidente con un discurso tan cercano al absolutismo borbónico que podría decirse que ya ha perdido la cabeza. Y sin embargo la sostiene entre sus hombros y amenaza con cortarnos la nuestra. Él y los que al día siguiente se reunieron en Coblenza, Alemania, ciudad que acogió a cientos de nobles franceses que tuvieron que tomar el camino del exilio tras la ejecución de su rey. Con una soberbia aristocrática, Marine Le Pen y el resto de líderes de la ultraderecha europea llamaron a levantar de nuevo las fronteras, a disolver Europa y a reducir la democracia a la mínima expresión. En 2017 seremos testigos del «nacimiento de un nuevo mundo», aseguró la líder del Frente Nacional. Ojalá, porque el que nos proponen ella, Trump, los de Coblenza y el frígido Putin ya lo conocemos, y es muy viejo. Tanto, que hace más de 200 años guillotinaron a uno que, de vivir hoy día, sería de su ala moderada.