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La igualdad europea


Polonia ha rechazado una Unión Europea de dos velocidades con la alegación de que una Unión sin igualdad no es más que un mecanismo de explotación por parte de tres o cuatro miembros poderosos.

No he entendido nunca el alma polaca por pertenecer a un colectivo nacional que aparece y desaparece en la realidad como la isla de San Borondón, pero en este caso hay que respetar la protesta polaca, que pone bajo la luz una Europa que nunca ha existido y nunca existirá sino como cobertura política de una economía abusiva y basada en el servilismo y la producción de plusvalías inicuas para el imperialismo interior.

Repito una vez más que Europa solamente ha sido y es una pretensión ilustrada sostenida por minorías que sobrevuelan el drama vital en que viven muchos de sus connacionales. Europa es un club en que juegan cuatro potentados mientras los demás les sirven copas. Cuando uno de esos miembros del servicio alza la voz sucede lo de Grecia, un ensayo de libertad vendido de saldo por el traidor Alexis Tsipras.

O los pobres recuperamos nuestra dignidad o naufragaremos en ese Titanic del que su capitán dijo que a su barco «no lo hundiría ni Dios». Europa Unida vive de esa blasfemia.